La noticia del fallecimiento fue confirmada por la hija del escritor, Paloma Yerovi. Se mantuvo activo hasta lo último; en 2024 publicó una edición conmemorativa de “Monos y monadas”, donde repasa las tres generaciones detrás de la revista que vio al Perú con ironía, pero también con un poquito de esperanza.
“El gusto por cultivar la ironía, el humor y la gracia en un país como el nuestro es necesario. Sin ello, nuestra vida sería aún más difícil. El culto por la risa es incluso terapéutico, lo que hace imprescindible esta inventiva. De lo contrario, estaríamos completamente perdidos”, contó el escritor el año pasado en entrevista con El Comercio.
Para hablar de Yerovi se necesitan tomos. Páginas y páginas para analizar, difundir y valorar su contribución a las letras de un país donde la cultura ha sido históricamente maltratada. Y al hablar con él, además de aprender algo nuevo, siempre uno se llevaba una sonrisa. Lo mismo iba para el lector, como podrán comprobar al leer la siguiente conversación que Yerovi tuvo con Jorge Chiarella Krüger en mayo de 1987, texto publicado en su momento por El Comercio y que se ha mantenido guardado en nuestro archivo por casi 38 años.
Yerovi: para mí la risa es la vida
“Suave, loco, suave” es el título de la última y divertida comedia de Nicolás Yerovi, que el Grupo “Monos y Monadas” está ofreciendo de jueves a lunes en La Estación de Barranco, bajo la dirección de Susana Roca. En esta oportunidad, la producción ha incluido a 24 personas en el trabajo, entre técnicos, músicos, ejecutantes y actores y ha contado con la participación del grupo de rock “Paradero” quien ha grabado el tema de la obra. La última vez que entrevistamos a Yerovi, declaró que estaba en pos del título de “Mejor autor nacional”. Conversamos nuevamente con él, aunque advertimos al lector que tratándose de “Nico”, cualquier semejanza con la seriedad es pura coincidencia.
—Estás mejorando notablemente, eso del título te lo has tomado en serio; ¿dónde quedó tu humor?
Debo reconocer que siendo el único autor de comedias no hay mucha competencia. Además, si estoy mejorando, no es mi culpa.
—O sea que además de no responder a mi pregunta, le echas la culpa a otro…
¡Suave, loco, suave! ¡Cómo que no he respondido a tu pregunta! ¿Y mi respuesta?
—¿Has hecho una revisión de tus trabajos anteriores?
¿Revisión? No sé revisar bien. Me enredo. Yo lo único que hago, y según mi mamá con mucho talento, son comedias.
—¿Y las poesías quién te las hace?
Pero estamos hablando de las cosas que hago bien, pues. No me cambies el tema.
—Tienes razón. ¿Qué loco te inspiró esta comedia?
El que habla.
—¿Y por qué te volviste loco?
Por osmosis. El Perú no es un país, es una locura.
—Ergo, según tú, el candidato del 90 debería ser un siquiatra. ¿Tienes ya un nombre?
¿Por qué será que en este país quieren ponerle nombre a todo? No; y, además, un siquiatra, nunca. De repente nos curaría. Y la locura es lo único realmente valioso que tenemos.

—Ah, veo que reconoces que tenemos un país valioso. Te estás poniendo cuerdo.
¡Por favor, ni que fuera extranjero!
—¿Cómo ves este trabajo en relación a los anteriores?
Nunca me ha gustado más escribir una obra como en este caso. Ninguno de mis seis trabajos anteriores me ha divertido como ahora, ni me ha dejado tan satisfecho…
—¿Por qué?
Porque nunca me había demorado tanto en escribir una obra. Mis propias carcajadas me atrasaban el trabajo.
—Me consta. Siempre nos demoramos en las entrevistas. ¿Qué es la risa para ti?
La vida.
—¿Y el llanto?
La aventura impredecible de vivir en el Perú.
—¿ Y la poesía?
Es la falta de pudor.
—Eres, entonces, un impúdico que ríe, en medio de una aventura impredecible.
Soy más bien un hombre tierno y tímido que se disfraza… por pudor. Mi sueño sería ser el John Wayne de Barranco. Pero creo que a estas alturas muy pocos estarían dispuestos a creerme. En fin, nadie puede ser perfecto. Ni yo.
—¿A qué le temes?
A la perfección; y, bueno, también a las maledicencias. Por ejemplo, eso de que soy un genio es una calumnia de gente ociosa que trata de desprestigiarlo a uno. A ver, pues, ¿por qué no se fijan en mis méritos?
—¿Puedes ayudar?
¿A qué?
—A que vean tus méritos.
Para eso tendría que ser un genio y ya te he dicho que no lo soy.¡¿No me vas a decir que tú también crees que yo…?!
—No, no; yo no.
Ah, felizmente. Disculpa la sospecha.
«Soy más bien un hombre tierno y tímido que se disfraza… por pudor. Mi sueño sería ser el John Wayne de Barranco. Pero creo que a estas alturas muy pocos estarían dispuestos a creerme. En fin, nadie puede ser perfecto. Ni yo.»
—Te disculpo. Pero, ¿cómo vas a hacer para disculpar a la cantidad de espectadores que van a ver tu obra porque sí lo creen?
Haciéndoles ver que ellos son los genios porque saben apreciar mis méritos. No es tan fácil, ¿ah? Pero eso sí, que no lo comenten, sino La Estación de Barranco va a reventar.
—¿Cuál es el quid de tu éxito?
Convertir la paranoia colectiva en una comedia.
—¿Y tu paranoia individual?
¿Cuál paranoia, cuál paranoia? ¿Paranoico yo? ¿Por qué me preguntas eso? ¡Paranoia será tu abuela!
—Calma, Nico, calma, que te estoy entrevistando.
Ah, sí. Disculpa la paranoia… Y también lo de tu abuela.
—Te disculpo otra vez. Pero creo que es el momento de terminar la entrevista. ¿Algo más que agregar?
Sí. ¡Tengo el orgullo de ser peruano y soy feliz!




