La data: en el contexto del próximo proceso electoral, debemos situar en el debate los datos que permitan comprender la posición real del Perú globalmente, para valorar nuestro potencial y la necesidad de analizar objetivamente nuestras capacidades y desafíos.
El Perú tiene 1’285.215 km2, con una población de 33,8 millones, un PBI de US$318.000 millones en el 2025, equivalente al 0,27% del PBI mundial. Comparativamente, esta magnitud económica es similar a Utah, puesto 28 entre los 50 estados de EE.UU. Globalmente, la economía estadounidense representa cerca del 25% del PBI mundial, siendo casi cien veces mayor que la del Perú. El PBI per cápita del Perú es de US$9.255 frente a US$92.883 de EE.UU. o $246.738 de Liechtenstein (mayor PBI per cápita del mundo). El ingreso promedio en EE.UU. es 10 veces mayor que el del Perú, el de Liechtenstein supera al peruano 26 veces. En Sudamérica, somos el tercer país en extensión territorial y el cuarto de América Latina. Somos el 5% de la población de América Latina y el Caribe, y el 0,42% a escala mundial.
Si bien nuestra economía es relativamente pequeña en el contexto global, esta cifra no refleja otros factores: la magnitud y diversidad de nuestros recursos minerales y naturales, una ubicación geográfica estratégica frente al Pacífico en el centro del continente, y una trayectoria de crecimiento con una sostenida estabilidad macroeconómica.
En un escenario internacional incierto, el Perú ha demostrado capacidad para mantener la estabilidad y disciplina fiscal, pese a la inestabilidad política. Este sólido marco macroeconómico se refleja en una deuda pública de 32% del PBI (América Latina: 70%), un déficit fiscal de 2,2% (América Latina: 5%), reservas internacionales del 30% del PBI (América Latina: 15%) y una inflación anual de 1,5% (América Latina: 4,4%).
Estos fundamentos han permitido superar las coyunturas agrestes sin perder el rumbo, proyectando una economía responsable. Como lo demuestra el bajo nivel de riesgo país, 127 puntos básicos (América Latina: 386).
La apertura comercial: dada la apertura comercial de fines de los años 90 y 2000, el Perú cuenta con 23 TLC que abarcan 58 mercados y representan el 91% de su comercio exterior. El TLC con EE.UU. consolidó un acceso preferencial al mercado más grande del mundo, impulsando nuestro comercio exterior y sentando bases para convertirlo en un ‘hub’ logístico continental. Este TLC fue la plataforma para los tratados que se negociaron después; así, en el 2025, el Perú exportó la cifra récord de US$90.082 millones, un crecimiento del 21%, reflejando su solidez exportadora y creciente expansión en los sectores productivos. Las exportaciones hacia EE.UU. crecieron 6,4%. Estos números reflejan una transformación silenciosa: una economía que, además de la minería y pesca, se ha convertido en uno de los principales proveedores agrícolas del mundo gracias a su desarrollo y a partir de los TLC.
Hemos logrado duplicar el comercio y atraer inversiones estadounidenses por casi US$10.000 millones que esperamos se incrementen dada la importancia de nuestros recursos mineros, la geopolítica continental y el déficit en infraestructura.
El potencial del Perú se fortalece con su ubicación geográfica, en el corazón del Pacífico suramericano, que lo convierte en el centro de las rutas comerciales entre Asia y América, como ‘hub’ logístico continental. Podríamos conectar a Brasil con Asia a través del Perú. Recordemos el extraordinario potencial turístico, respaldado por una diversidad cultural, gastronómica y natural reconocida internacionalmente, cuyas cifras de visitantes anuales no hacen honor al potencial que tenemos.
Los cuatro fantásticos: nuestra proyección internacional se apalanca en lo que denomino los cuatro fantásticos: minería, agroindustria, turismo y pesquería.
La minería es la columna vertebral del aparato exportador peruano, contamos con 10 minerales críticos de la lista de EE.UU., esenciales para las tecnologías emergentes. Los proyectos de inversión minera superan los US$63.000 millones y de exploración minera alcanzan los US$727 millones. El Perú es el segundo proveedor de zinc y molibdeno, tercero en cobre y plata, y el principal proveedor a EE.UU. de estaño, roca fosfórica y zinc en bruto. En la actualidad, los minerales tienen una relevancia estratégica, hay que aprovechar el ciclo alcista para explorar y desarrollar nuevos yacimientos y/o ‘desempolvar’ proyectos mineros en pausa.
La agroindustria y la pesca posicionan al Perú como un actor global clave en la seguridad alimentaria y las cadenas de suministro. Hoy nuestras agroexportaciones al mundo superan los US$15.000 millones, somos el segundo proveedor de frutas para EE.UU. y se ha ampliado nuestra presencia en los exigentes mercados de Asia y la Unión Europea. Antes de los TLC, el Perú exportó US$786 millones en el 2000. En pesca, el Perú captura más de 5 millones de toneladas de recursos hidrobiológicos al año, el 6,6% de la pesca mundial, somos tercera potencia pesquera del mundo, según la FAO.
En turismo, el Perú es un destino privilegiado con 13 sitios declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Además, con 84 de las 117 zonas de vida del planeta; una riqueza cultural y natural con Machu Picchu y atractivos en nuestras costa, sierra y selva. Asimismo, el Perú se viene posicionando internacionalmente como un destino gastronómico, gracias al prestigio de nuestra cocina que también impulsa el turismo. Esto ha permitido que contemos con más de 4.000 emprendimientos culinarios internacionalmente, la gastronomía es el ‘soft power’ y nuevo embajador del Perú en el mundo.
Potencial peruano: la estabilidad macroeconómica, apertura al mundo y abundancia de recursos otorgan al Perú una relevancia estratégica que supera el peso económico que reflejan las cifras. En este orden global fragmentado, las economías medianas pueden desempeñar un papel decisivo como socios confiables, plataformas logísticas y proveedores de materias primas. Aunque representamos solo el 0,27% del PBI mundial, su ubicación geográfica y oportunidades nos proyectan como un actor con tremendo potencial.
A pesar de que vamos a tener 10 presidentes en 10 años, el Perú crece entre 3,3% y 3,5% anual, por encima de nuestros vecinos; esto no es motivo de orgullo porque, con estabilidad política y continuidad de las políticas macroeconómicas, podríamos retomar tasas de crecimiento de 6% a 7% anual, indispensables para la reducción de la pobreza, generar riqueza y con buenos gobiernos proveer mejores servicios públicos.
El Perú debe proyectarse como un país de oportunidades, especialmente en el contexto de la competencia entre grandes potencias que buscan asegurar recursos, alimentos y minerales para su desarrollo tecnológico y para la transición energética. La verdadera dimensión del Perú en el siglo XXI aún está por definirse, pero, si los asuntos políticos y escenario interno lo permiten, deberíamos perfilarnos como una economía mediana que piensa en grande, actúa con visión y apuesta por un desarrollo estratégico de largo plazo.




