Luchar contra una dictadura es un motivo de orgullo. Para un demócrata, haber estado en prisión por combatir a un gobierno tiránico es una condecoración. De ello pueden dar fe los cientos de presos políticos opositores al régimen de Nicolás Maduro, algunos de los cuales han empezado a ser liberados esta semana.
Por ello, resulta inexplicable el velo de secretismo con el que Alfonso López Chau ha envuelto su período de reclusión en el penal de Lurigancho durante los años 70. No fue el propio candidato presidencial de Ahora Nación quien sacó a la luz este episodio, sino el excongresista Edgar Villanueva, antiguo aliado suyo.
Recién después de estas revelaciones comenzaron a conocerse más detalles del caso, no de boca del candidato, sino a través de un comunicado del área de prensa de su partido. Según esta versión, López Chau “enfrentó al régimen militar de Juan Velasco Alvarado” y “como consecuencia de esa oposición democrática, fue privado de su libertad”. También señalaron que, a los 20 años (1970), fue amnistiado.
Aquí persisten numerosas interrogantes. ¿Por qué alguien que sufrió prisión por supuestamente enfrentarse a una dictadura opta por ocultar este antecedente? ¿No es algo de lo que cualquier demócrata presumiría? ¿Cuál es el decreto que lo amnistió y quiénes más se beneficiaron de él? ¿Cuál era el delito que se le imputó exactamente? ¿Fue solamente por protestar?
Sus partidarios seguramente dirán que no tenía la obligación legal de declararlo porque su detención fue política. Querrán convertirlo en un héroe de la lucha contra la dictadura velasquista. Pero una persona que pretende gobernar un país debe ser transparente con su pasado. No esperar a que un exaliado distanciado revele sus secretos guardados para, solo entonces, responder sobre ellos. Ya conocimos su posición sobre el cabecilla del MRTA, Víctor Polay, gracias a un viejo artículo descubierto por terceros. ¿Qué otras sorpresas oculta el pasado de López Chau?













