viernes, julio 3

  • Pobreza Monetaria en el Perú se reduce a 27,6% en 2024, pero persiste vulnerabilidad estructural y urbana
  • IPE: pobreza afectó a 9.4 millones de peruanos en 2024

El Papa León XIV es un peruano por elección que conoce de cerca la vulnerabilidad y la pobreza. Durante su estadía en el Perú vivió la ajetreada coyuntura local, que incluyó celebraciones navideñas, crisis presidenciales y hasta desastres naturales.

En cada ocasión puso manos a la obra: cantó como un roquero, opinó sobre la situación política y enfrentó los desastres naturales en el lugar de los hechos. Como su cercanía con el Perú es innegable, no es descabellado aseverar que desde su vivencia y fe tiene una sensibilidad y empatía especial por las personas más vulnerables.

¿Qué le podríamos contar a “nuestro” Papa sobre la pobreza? Que el año pasado Lambayeque concentró el 14% de la pobreza a nivel nacional, y que en el país se registraron más de 9 millones de peruanos en esta situación. Aunque la cifra es alta, es positivo que represente una disminución de 1,4 puntos porcentuales versus el 2023, y que las proyecciones auguren una reducción de la pobreza también en el 2025. Sin embargo, en el informe del INEI publicado la semana pasada, no pasa desapercibido el hecho de que la pobreza en el Perú se concentra hoy en las zonas urbanas. Esta no es una novedad, sino una realidad consolidada. El año pasado el 72,7% de las personas en situación de pobreza vivía en zonas urbanas, frente al 56,7% del 2019, lo que destaca la ausencia de servicios de salud y educación de calidad, y de programas sociales enfocados en esta problemática.

Como la inacción del Estado no es una novedad, ¿qué se puede hacer para contrarrestar la pobreza en nuestro país? Salvaguardar las (pocas) buenas decisiones del pasado. La generación de empleo es fundamental, y para eso, al menos debemos aspirar a cierta estabilidad económica. En este aspecto, la autonomía del BCR ha jugado y debe seguir jugando un rol clave. Y si bien no podemos controlar los riesgos vinculados a la guerra comercial ni a la incertidumbre electoral, sí podemos estar atentos y dispuestos a enfrentar cualquier intento por reducir o mitigar el crecimiento, o disparar la inflación.

Que la reducción de la pobreza continúe no debe ser resultado de la inercia, sino de una conciencia colectiva con menos buenos deseos y más manos a la obra.

Share.
Exit mobile version