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El Vaticano ha conminado a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) a suspender las ordenaciones de obispos sin el permiso del papa León XIV. Este grupo tradicionalista católico, cuyos miembros son conocidos como lefebvrianos, había anunciado a inicios de febrero su intención de llevar a cabo consagraciones episcopales en julio, argumentando que habían recibido lo que se interpretaba como el visto bueno del papa León XIV tras una audiencia en agosto del año pasado.
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“Se reiteró que la ordenación de obispos sin mandato del Santo Padre —quien ostenta una potestad ordinaria suprema, plena, universal, inmediata y directa— implicaría una ruptura decisiva de la comunión eclesial (cisma), con graves consecuencias para la Fraternidad en su conjunto. Por lo tanto, la posibilidad de llevar a cabo este diálogo presupone que la Fraternidad suspenda la decisión de las ordenaciones episcopales anunciadas”, indicó el organismo.
Desde la FSSPX, Pagliarini ha señalado que se presentará una propuesta al Vaticano para abordar esta situación y otras temáticas tocadas durante la reunión, entre las que se encontraba la cuestión de la voluntad divina respecto a la pluralidad de las religiones.
La Fraternidad Sacerdotal San Pío X fue fundada en 1970 por el arzobispo francés Marcel Lefebvre —de quien se desprende el nombre de “lefebvrianos”— y es una congregación católica de corte tradicionalista que rechaza las reformas que el Concilio Vaticano II introdujo durante la década previa.
Lefebvre nació en 1905 como parte de una familia sumamente devota, de la que surgieron una gran cantidad de religiosos católicos desde el siglo XVIII. Su padre, René Lefebvre, fue un empresario textil y dirigente de la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial que murió en 1944 en un campo de concentración tras ser detenido por las fuerzas alemanas.
La familia Lefebvre era tan religiosa que cinco de sus ocho hijos terminaron uniéndose a congregaciones religiosas. Marie-Gabriel, una de las hermanas de Marcel Lefebvre, fue una pieza muy importante del futuro proyecto tradicionalista al ser cofundadora de las Hermanas de la Fraternidad San Pío X, parte de la estructura de la FSSPX.

El sacerdote francés Marcel Lefebvre. (Foto: Archivo El Comercio)
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Durante su niñez presenció cómo la Primera Guerra Mundial afectaba a Tourcoing, su ciudad natal, y su familia padeció la ausencia temporal de su padre, que tuvo que huir a causa de sus labores de inteligencia para la milicia. Tras el fin del conflicto, su aproximación directa a la religión se hizo cada vez mayor, uniéndose a la Congregación del Espíritu Santo -los espiritanos- y del Inmaculado Corazón de María y ordenándose sacerdote en 1932.
Tras la investidura, Lefebvre pasó siete años como misionero en Gabón y al estallar la Segunda Guerra Mundial fue nombrado capellán de un batallón colonial francés. Durante este periodo se enteró a la distancia de la detención y posterior muerte de su padre a manos del Tercer Reich.
El religioso retornó a Europa en 1945 y posteriormente fue designado vicario apostólico en Senegal, delegado apostólico para el África Francesa. Su amplia experiencia en el continente africano llevó a que la Santa Sede nombrara a Lefebvre arzobispo de Dakar (Senegal) en 1955, manteniéndose en el cargo por siete años.
Marcel Lefebvre volvió a Francia en 1962 al ser nombrado obispo de Tulle y se le otorgó la dignidad arzobispal titular, pero solo permaneció al mando de dicha diócesis por medio año, dejando el cargo al ser elegido superior general de la Congregación del Espíritu Santo. Al mando de los espiritanos gozó de gran prestigio por su amplia experiencia misionera y por mostrar gran habilidad al tratar con la Santa Sede, encabezando la orden hasta 1968.

Juan XXIII fue artífice del histórico Concilio Vaticano II. (Foto: AP)
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Al ser arzobispo titular y cabeza de una congregación, Lefebvre formó parte del Concilio Vaticano II, que se produjo entre 1962 y 1965, como parte de la comisión preparatoria. Desde el inicio, el religioso galo se mostró crítico con las modificaciones que planteaba el encuentro.
Junto a otros curas fundó el Grupo Internacional de Padres, que sumaba a 250 obispos tradicionalistas que buscaban no alterar los principios tradicionales del catolicismo.
La inconformidad de Marcel Lefebvre respecto a la línea modernista que defendían varios obispos alemanes, franceses y de otras regiones de Europa Central se hizo evidente a lo largo del Concilio Vaticano II. La oficialización de las reformas luego del final del evento en 1965 no hizo que sus posturas cambiaran.
La respuesta del prelado fue la creación de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, bautizada en honor del papa del mismo nombre, conocido por su antimodernismo. La congregación se fundó en 1970 en Écone (Suiza) con el permiso del obispo de Friburgo y reunió a otros religiosos disconformes con los nuevos parámetros de la Iglesia.
Desde esta parcela, el fundador de la FSSPX se mostró frontalmente contrario a la declaración del concilio en torno al derecho de los seres humanos a la libertad religiosa, que fue el punto sobre el que mantuvo más duros debates en el Concilio Vaticano II.
El arzobispo conservador sostenía que la fe católica era la “única verdadera” y que no se podía permitir que “el error tenga derechos”, defendiendo que esta sea adoptada oficialmente y defendida por los estados.

Los lefebvrianos rechazan el rito católico moderno y defienden la misa tridentina. (Foto: EFE/EPA/VATICAN MEDIA)
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El religioso francés también se oponía al ecumenismo, señalando que el diálogo interreligioso y la búsqueda de puntos comunes con otras confesiones terminarían por “protestanizar” a la Iglesia Católica, generando un relativismo que sugería que no era necesario pertenecer a esta para alcanzar la salvación.
Asimismo, al provenir Lefebvre de una familia de marcado carácter conservador y con un padre abiertamente monárquico en tiempos republicanos, el arzobispo mantenía la idea de que la colegialidad episcopal que proponía el Concilio Vaticano II era una equivocación.
El arzobispo argumentaba que admitir que los obispos compartieran la responsabilidad de liderar la Iglesia terminaría debilitando la autoridad del papa. Para Marcel Lefebvre era vital mantener la estructura monárquica católica a fin de no generar una “democracia” con “federaciones de conferencias episcopales” que llevaran a cuestionamientos que pusieran en peligro la unidad religiosa.
Finalmente, Lefebvre también rechazó el misal que introdujo el papa Pablo VI que, entre otras cosas, introducía el rito en lengua local y una estructura simplificada. El obispo tradicionalista defendió conservar la misa tridentina, anterior al concilio convocado por Juan XXIII, porque señalaba que las nuevas formas no reflejaban la naturaleza real del sacramento eucarístico y lo convertían en una simple “cena”.
En 1974 Lefebvre publicó un manifiesto en el que rechazaba las reformas conciliares y un año más tarde Pablo VI retira el permiso oficial a la Fraternidad y ordena su disolución, lo que es ignorado por el religioso galo, quien continúa realizando misas con el rito tridentino.
Posteriormente, el papa prohíbe de forma explícita al líder de la FSSPX realizar ordenaciones sacerdotales sin permiso.
Pese a las tensiones, la ruptura más importante se produciría recién en junio de 1988 cuando Marcel Lefebvre consagra a cuatro obispos en Écone en contra de las advertencias de Juan Pablo II, tras lo cual el francés es excomulgado junto a otros obispos.
Lefebvre fallecería en 1991 y a lo largo de esa década hubo varios intentos de diálogo entre la Santa Sede y la Fraternidad, aunque esta siguió manteniendo el estatus de irregularidad canónica.

Lefebvre se oponía al ecumenismo y diálogo interreligioso.
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No sería hasta el pontificado de Benedicto XVI que se produciría un acercamiento pronunciado, cuando el nuevo papa promulgó en el 2007 el motu proprio “Summorum Pontificum” que permitía que los sacerdotes realicen misas con el rito tridentino sin permisos especiales.
Luego de esto, Benedicto XVI tuvo más gestos de cara a la reconciliación con el levantamiento en el 2009 de las excomuniones vigentes a los cuatro obispos lefebvrianos que seguían con vida. Pese a ello, el estado de la FSSPX continuó siendo irregular.
El papa Francisco también se involucró en el proceso al permitir que los lefebvrianos pudieran realizar sacramentos como la confesión y el matrimonio. Fue durante este periodo que se inició un proceso de intercambio epistolar entre el Vaticano y la Fraternidad sobre temas doctrinarios, lo que se mantiene hasta la actualidad.
Sin embargo, las conversaciones entre los años 2017 y 2019 terminaron por generar las diferencias de interpretación que motivaron la reciente reunión entre el cardenal Fernández y el actual líder de la FSSPX.
La Iglesia Católica advierte que las ordenaciones episcopales anunciadas por el grupo tradicionalista suponen un escenario de cisma, condicionando el diálogo a que no se realicen dichos ritos sin permiso del papa León XIV.














