martes, junio 23

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Abelardo de la Espriella fue el ganador de las elecciones presidenciales de Colombia por un estrecho margen de aproximadamente un punto porcentual. Su futuro mandato genera expectativa e interrogantes al tratarse de una figura sin experiencia política previa y con un viraje ideológico notable al reemplazar en el gobierno al izquierdista Gustavo Petro.

Abelardo de la Espriella fue el ganador de las elecciones presidenciales de Colombia por un estrecho margen de aproximadamente un punto porcentual. Su futuro mandato genera expectativa e interrogantes al tratarse de una figura sin experiencia política previa y con un viraje ideológico notable al reemplazar en el gobierno al izquierdista Gustavo Petro.

El candidato de Defensores de la Patria se opuso al representante de la continuidad del petrismo, Iván Cepeda, y llegará a la presidencia en agosto con un discurso centrado en la política de mano dura en seguridad y una agenda económica que promueve la reducción del Estado y la austeridad fiscal.

Al 99,8% de las mesas informadas en el preconteo de la Registraduría Nacional de Colombia, De la Espriella registraba un 49,66% en la votación frente al 48,70% alcanzado por Cepeda.

Abelardo de la Espriella llegando para emitir su voto en un colegio electoral durante la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Barranquilla, Colombia, el domingo 21 de junio de 2026.

/ Carlos Parra Rios

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Rafael Piñeros, analista político e investigador de la Universidad Externado de Colombia, señaló en el programa en vivo de El Comercio “Tenemos que Hablar”, que desde la estadística es extremadamente difícil que las cifras del preconteo y el escrutinio terminen en la reversión de los resultados preliminares, por lo que es casi un hecho que el político de derecha será el sucesor de Petro.

El especialista indicó que “el sistema de encuestas en Colombia necesita una evaluación profunda” por haber fallado en su muestreo tanto en la primera como en la segunda vuelta, pero consideró que la alta correspondencia entre el preconteo y la revisión final son una muestra del buen desempeño del sistema electoral del vecino país a pesar de la diferencia tan corta entre los dos candidatos.

“En términos porcentuales sí es la victoria más ajustada, pero en términos absolutos no, ya que Ernesto Samper le ganó a Andrés Pastrana por 67.000 votos en 1994. Desde la década de los 90 no estábamos con un resultado tan estrecho, pero el sistema electoral colombiano demostró haber funcionado bastante bien: en una hora y 35 minutos estaban contabilizados el 98,5% de las mesas y no había dudas de que ese iba a ser el resultado”, mencionó Piñeros en entrevista con el programa de este Diario.

El docente e investigador explicó que el pequeño margen de distancia en la segunda vuelta puede explicarse en parte por un desempeño competente del oficialista Cepeda, que logró recortar los 700.000 votos de diferencia que tuvo con respecto a De la Espriella en la primera vuelta a los 200.000 que los separaron en la segunda.

Simpatizantes del candidato a la presidencia de Colombia Abelardo de la Espriella celebran en Barranquilla. (EFE/ Ernesto Guzmán).

Simpatizantes del candidato a la presidencia de Colombia Abelardo de la Espriella celebran en Barranquilla. (EFE/ Ernesto Guzmán).

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En opinión de Angie González, experta en comunicación política y docente de la Universidad Externado, los pasivos del gobierno de Gustavo Petro terminaron condicionando de forma inevitable la campaña de su correligionario del Pacto Histórico y explican parcialmente la inclinación final por el derechista De la Espriella.

La académica colombiana sostiene que el éxito de Petro en otros frentes llevó a que en los últimos comicios se aborden prioritariamente temas como la gratuidad de la educación, la salud o la redistribución económica después de mucho tiempo. Sin embargo, la estrategia de “paz total” con la que Petro esperaba negociar pacíficamente con grupos armados y criminales nunca logró sus cometidos, lo que llevó a que la seguridad se convierta nuevamente en parte clave de la agenda electoral.

“Uno de los puntos más débiles que tuvo el actual gobierno y que castigó mucho al candidato Cepeda fue justamente la ‘paz total’, uno de los fracasos más grandes de la gestión de Gustavo Petro. No sé si fue por incapacidad o ingenuidad, pero lo que sí es cierto es que grupos que estaban más arrinconados en distintos territorios del país ahora están otra vez empoderados”, comentó González.

Ambos analistas políticos coinciden en que las recientes elecciones ponen de manifiesto las diferencias entre los dos grandes focos regionales de Colombia: el centro andino más desarrollado con ciudades industrializadas como Bogotá, Medellín y Bucaramanga, frente a los departamentos periféricos con menos progreso económico y más desafíos sociales por delante.

La esposa del candidato a la Presidencia de Colombia Abelardo de la Espriella, Ana Lucía Pineda (der), posa con una seguidora antes de votar en la segunda vuelta en Barranquilla. (EFE/ Mauricio Dueñas Castañeda).

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Rafael Piñeros comenta que en sistemas presidenciales como el colombiano o el peruano es normal la tendencia a la polarización, por contemplar una segunda vuelta que reduce las alternativas electorales a solo dos; sin embargo, precisa que lo que se ve en Colombia es una fragmentación de las posturas que podría tener como una muestra clara el mapa de votación del referéndum del 2016 sobre si se aprobaba o no el acuerdo de paz con los grupos insurgentes.

“Esa fragmentación se puede entender a partir de unas condiciones socioeconómicas más precarias, especialmente en el Pacífico y el sur, que son distintas a las de los centros urbanos, lo que genera que haya una mayor presión en la votación. En algunos departamentos fronterizos la preferencia por Cepeda llega casi al 80%, mientras que departamentos como Norte de Santander —en la frontera con Venezuela especialmente— se votó en un 78% por De la Espriella”, apunta Piñeros.

Angie González, por su parte, considera que el mapa político colombiano no puede reducirse a la inclinación por De la Espriella o Cepeda, sino que tiene un fuerte componente de castigo o rechazo hacia alguno de los candidatos.

“No tenemos un sistema político bipartidista como el de Estados Unidos y un mapa político con dos colores sería engañoso porque muchas personas votaron a favor de un candidato, sino en contra del actual gobierno. Hay alto voto de castigo contra Gustavo Petro y muchas personas que votaron a favor de De la Espriella no votaron por él, lo hicieron en contra el gobierno vigente”, comentó la investigadora.

“En mayor medida hubo un voto que, sin ninguna preferencia clara, en la segunda vuelta optó por el candidato que se percibía como ‘menos peor’, un poco como ha sucedido con Perú en sus últimas elecciones”, agregó González.

Abelardo de la Espriella llegó como a los comicios con un mensaje orientado al orden público y la promesa de recuperar el control territorial del Estado en regiones remotas del país donde operan los grupos delictivos. Asimismo, prometió el aumento de penas a los criminales y el incremento de la infraestructura penitenciaria a través de la construcción de una decena de megacárceles, de forma similar a lo hecho por Nayib Bukele en El Salvador.

Personas en las honras fúnebres de las víctimas de la explosión de un cilindro bomba, en el Corregimiento de La Pedregosa en Cajibío (Colombia). Foto: EFE/ Ernesto Guzmán Jr.

/ Ernesto Guzmán Jr.

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Sin embargo, planteamientos de este tipo suponen otro tipo de dificultades en el contexto colombiano, debido a diversos factores que van desde lo político hasta la negociación parlamentaria.

“El modelo de Bukele puede ser atractivo a la distancia para muchos, no solo en Colombia. Cuando se miran las cifras de muertos por cada 100.000 habitantes, violencia al interior de las ciudades se ve como algo efectivo y para cualquier alcalde de Lima, Bogotá o Santiago puede sonar impactante. Sin embargo, no es fácil de hacer porque necesita unos recursos de financiación que el Estado hoy no tiene y que tal vez no haya la vocación política para autorizar eso al interior del Congreso”, explica Rafael Piñeros.

Desde la perspectiva de González, el nuevo presidente colombiano deberá tener una política de seguridad muy clara y “la creación de megacárceles no será suficiente”, debido a los compromisos asumidos por el Estado y a que las necesidades de Colombia en la materia van más allá.

“Va a tener que pensar en una política integral que no solamente pase por la seguridad, sino también por la justicia y la reparación. A partir del acuerdo de paz se crearon los tribunales especiales que tienen vigencia, están funcionando y están pensados como un modelo no solamente de castigo, sino de reparación. Seguramente habrá propuestas para volver a poner contra las bandas a estos grupos delincuenciales, pero habrá que tener un aspecto un poco más creativo para andar en los temas de justicia”, afirma González.

De cara a esos objetivos, la variable legislativa debería ser una parte importante para el establecimiento de la gestión de De la Espriella, debido a que, de forma directa, cuenta con cuatro curules en el Senado colombiano y un asiento en la Cámara de Representantes. Se especula que estos números se verían incrementados mediante coaliciones y alianzas, con las que el líder de Defensores de la Patria podría superar los 30 senadores y 40 representantes.

Una vista general muestra el Senado colombiano, en la sala plenaria del congreso de la república en Bogotá, el 20 de junio de 2023. (Foto de Juan Pablo Pino / AFP)

/ JUAN PABLO PINO

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Aunque durante la campaña electoral De la Espriella se presentó como un candidato independiente y ajeno a la política tradicional colombiana, esta aparente falta de cuadros parlamentarios propios no sería un problema severo, pues ha tenido importantes apoyos desde la agrupación uribista Centro Democrático y desde Cambio Radical, que ya han adelantado su apoyo en el Congreso.

“Durante la elección parte de la comunicación del candidato De la Espriella estuvo basada en ser un ‘outsider’ político, representar el habla de los que nunca han estado en el gobierno contra los que siempre han estado. Sin embargo, hay que tener en cuenta que a Abelardo de la Espriella lo rodearon partidos y estructuras políticas regionales y tradicionales”, explica Angie González.

“Es un poco ingenuo pensar que no tiene experiencia política. A pesar de que no ha ocupado un cargo de elección popular antes, toda su vida ha trabajado con políticos y ha estado alrededor de lo público. De la Espriella entiende muy bien esas lógicas y tiene gente de la política tradicional acompañando esta campaña”, añade la docente universitaria.

Más allá de este detalle, los analistas entrevistados en el programa de El Comercio coinciden en que incluso con las alianzas políticas, el futuro presidente colombiano tendrá una oposición sólida en el Congreso.

Rafael Piñeros considera esto como un punto particularmente positivo del sistema político colombiano, que ha permitido al país sudamericano contar con lo que califica como una saludable alternancia política. En ese escenario, parte importante de los proyectos del próximo mandatario no podrán emprenderse sin lograr acuerdos antes.

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