Cuando se habla de los efectos de El Niño sobre la salud, el dengue suele ocupar el primer lugar. Sin embargo, para Lima Metropolitana existe otro riesgo que podría pasar más desapercibido: una interrupción prolongada del servicio de agua potable.
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Otro de los mecanismos está relacionado con los animales. Las inundaciones pueden desplazar a los roedores de sus madrigueras y llevar su orina hacia el agua superficial. Esta contaminación puede favorecer la transmisión de leptospirosis, una enfermedad febril que puede presentar cuadros graves.
El cuarto factor es social. “El hacinamiento en albergues producto de los daños estructurales causados por El Niño puede incrementar enfermedades respiratorias y diarreicas”, explica López Revilla.
Pero no todos estos riesgos se presentan de la misma manera. Una inundación o un huaico genera un escenario diferente al de una interrupción prolongada del agua potable.
“Hay que dejar clara la diferencia: inundarse no es lo mismo que quedarse sin agua. En una inundación o huaico, muchas personas pueden quedar expuestas simultáneamente y durante un periodo corto a agua potencialmente contaminada. Por ello, lo que domina son la leptospirosis, las lesiones y las diarreas”, precisa.
En cambio, un corte prolongado de agua funciona de manera distinta. “No hay un agua sucia que enferme a la gente, hay una ausencia de agua limpia que impide lavarse las manos”, explica López Revilla. La transmisión puede mantenerse durante más tiempo a través del contacto entre personas y superficies.
Y aparece una segunda consecuencia: el almacenamiento de agua.
“Entonces, aparece el zancudo Aedes, porque las personas necesitan almacenar agua, y funciona como criadero”, advierte.
Esta diferencia es especialmente importante para Lima. El investigador sostiene que el escenario que debería recibir mayor atención no es necesariamente una inundación masiva en la ciudad, sino una eventual interrupción del suministro.
El problema puede originarse fuera de la capital. “Para que eso ocurra no hace falta que llueva en Lima: basta con que llueva fuerte en la cuenca alta del Rímac”, explica, “El barro que desciende por el río podría obligar a detener la operación de La Atarjea y dejar a la ciudad sin agua”.
Para Walter Mendoza de Souza, investigador titular de la misma casa de estudios y especialista en estadística y salud pública, este escenario debe analizarse considerando cuánto dura la emergencia y qué zonas de Lima resultan afectadas.
La vulnerabilidad no es la misma para toda la ciudad. Cerca de una cuarta parte de la población limeña vive en laderas de cerros, donde el acceso al agua ya presenta restricciones de cobertura, calidad y oportunidad, advierte Walter Mendoza
“Si ‘en condiciones normales’ su acceso al agua ya es restringido en cobertura, calidad y oportunidad, en los meses que vienen la situación puede ser aún peor”.
El investigador señala que las interrupciones de los servicios básicos pueden favorecer el incremento de enfermedades digestivas, respiratorias y de la piel, especialmente cuando se limita el acceso a servicios de prevención, diagnóstico y tratamiento.
El problema, sin embargo, no termina en los hogares. Una interrupción prolongada puede comprometer directamente la capacidad de respuesta del sistema sanitario.
“Sin agua no hay lavado de manos, ni esterilización de instrumental, ni hemodiálisis, ni limpieza de ambientes”, advierte López Revilla. “Un corte prolongado no solo enferma a la población: compromete la capacidad del sistema de salud para atenderla”.
Mendoza añade otra dimensión: durante un evento de El Niño, los daños en infraestructura, transporte y comunicaciones pueden dificultar que los pacientes lleguen a los establecimientos y que el personal sanitario pueda desplazarse.
En emergencias de este tipo también pueden verse afectados otros servicios esenciales. El acceso a medicamentos y vacunas, la conservación de insumos y la atención de pacientes con enfermedades crónicas requieren planes de contingencia específicos.
Ante este escenario, ambos especialistas coinciden en que la vigilancia sanitaria no debería concentrarse únicamente en contar casos de dengue, leptospirosis u otras enfermedades.
López Revilla plantea priorizar medidas como garantizar un mínimo de agua por persona y por día en las zonas afectadas, mantener los recipientes de almacenamiento tapados y asegurar planes de contingencia hídrica para hospitales y centros de salud.
También propone vigilar el cloro residual en el punto donde las personas realmente consumen el agua y no únicamente a la salida de la planta de tratamiento.
Mendoza, por su parte, plantea que el monitoreo debe integrar información epidemiológica y climática y considerar no solo las enfermedades infecciosas, sino también la salud mental, la disponibilidad de medicamentos y vacunas y el acceso efectivo a los servicios sanitarios.

