Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

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Matthew tenía entre las manos una casaca que había pintado para Teófilo Cubillas. La había diseñado especialmente para él. Frente suyo, a unos metros, estaba el Nene, la leyenda que su madre había aprendido a admirar primero por sus goles y después por una razón mucho más personal. Cubillas recibió la prenda, la miró con admiración y se la puso. Luego caminó por Matute con ella. Jessica Gamarra -la madre de Matthew contemplaba la escena con la emoción de quien todavía no termina de entender cómo una idea que empezó lejos, en Miami, había terminado allí, frente a una de las figuras más grandes del fútbol peruano.
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La historia de aquella canción había empezado mucho antes, cuando Jessica conoció a Cubillas en unos eventos del consulado. Con el tiempo se hicieron amigos. Pero hubo un episodio que terminó de cambiar la forma en que ella lo veía.
Una familia muy pobre había perdido su casa en un incendio y Jessica publicó el caso en Facebook buscando ayuda. El mensaje que recibió fue del Nene. “A ver, amiga, ¿qué pasa? ¿Cómo te puedo ayudar?”. Con su apoyo lograron reconstruir la vivienda. Para Jessica, aquel gesto reveló al hombre que existía detrás de la leyenda. El futbolista que había llenado estadios también era capaz de detenerse por una familia que necesitaba una casa.
Cuando se acercaba el Mundial, Jessica le dijo a su productor que quería hacerle una canción. Tenía otra preparada para el torneo, pero prefirió cambiar de rumbo. Le mandó un fragmento a Cubillas y le gustó. Hoy esa canción se llama “El Nene del Perú”. Después llegó una propuesta vinculada con Alianza Lima: querían que la canción sonara en el Caminito Íntimo y en Matute. Jessica, que es cusqueña y cuyo corazón futbolero había estado siempre cerca de Cienciano, estaba a punto de descubrir otra camiseta. Y no sabía todavía que aquel viaje también iba a convertir a su hijo en parte de la historia.

Jessica Gamarra junto a Teófilo Cubillas.
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Matthew tenía una misión. Su madre le pidió que preparara una casaca para Cubillas. Él pinta corazones en los que aparecen celebridades, diseña ropa y no repite sus modelos. Entre sus trabajos hay retratos de figuras como Paris Hilton y los Estefan. Esta vez el destinatario era distinto. Era el Nene del Perú. Jessica quería que la canción tuviera una imagen y que esa imagen saliera de las manos de su hijo. Así nació aquella casaca que terminó en Matute. Matthew la llevó consigo desde Miami sin saber exactamente cómo reaccionaría Cubillas al verla.
La sorpresa se armó como un pequeño operativo familiar. Jessica entró por otra puerta mientras Cubillas se encontraba al otro lado del estadio. Ella y Matthew tuvieron que agacharse y esconderse hasta que llegó el momento. Entonces empezó a sonar la canción. Jessica apareció detrás del Nene y comenzó a cantar. Cubillas volteó. La vio. Y la sorpresa se convirtió en alegría.

Cubillas posa junto a Matthew, feliz por la casaca con un diseño especial para la leyenda del fútbol peruano.
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Después llegó Matthew con la casaca. Se la entregó a Cubillas. El Nene la recibió, se la puso y recorrió el estadio con ella. No quería quitársela. Jessica miraba todo desde cerca. “Hasta ahora se me pone la piel chinita de la emoción”, cuenta.
Pero lo que hacía especial aquella escena no era solamente que Cubillas llevara una prenda diseñada para él. Era quién la había hecho. Matthew había sido diagnosticado cuando tenía 18 meses. A los dos años, recuerda Jessica, le dijeron que nunca iba a hablar y que tenía retraso.
Hoy está cerca de cumplir 19 años. Pinta, diseña ropa, ha expuesto en Europa y el Perú y, según su madre, habla cinco idiomas “cuando quiere”. También la ayuda con sus diseños para los Grammys. Por eso aquella casaca tenía un significado que iba más allá del fútbol.
“Ver a Teófilo firmándole el polo a mi hijo y usando su casaca me demostró que nada es imposible cuando las cosas se hacen con amor, trabajo y perseverancia”. Jessica no habla de Matthew desde la lástima. Habla desde el orgullo de una madre que ha visto cómo aquel niño al que alguna vez le dijeron que no hablaría hoy es también un artista.

El soñado momento en el que Teófilo Cubillas estampa su firma.
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Llegó a Matute para cantarle a Cubillas y se encontró con una tribuna que la desbordó. “Ver a esa barra cantar sin parar me impresionó muchísimo; me preguntaba a qué hora se cansaban”. Ella es cusqueña, su padre estudió en el Colegio Ciencias y durante años su corazón estuvo con Cienciano. Pero aquella mañana algo cambió. “Me volví hincha de Alianza Lima a través del Nene Cubillas”. La canción que había compuesto para un ídolo terminó acercándola a un club que ahora también siente suyo.
Desde entonces, Jessica ha seguido mezclando sus dos mundos. Ya grabó una canción para la barra de Alianza y prepara otra para el club. También piensa en Paolo Guerrero. “Anoche estaba escribiendo algo para Paolo”, cuenta. Todavía no lo conoce, pero quiere presentarle a Matthew y hablarle de su causa.
Su relación con el fútbol no pasa solamente por los ídolos. En Alianza también encontró chicos con síndrome de Down y autismo y un espacio donde siente que puede hablar de inclusión. Para ella, el deporte puede hacer algo que a veces las palabras no consiguen: juntar a personas que difícilmente se encontrarían en otro lugar.

Jessica Gamarra ha sido nominada al Grammy por su disco sobre el autismo.
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Jessica quiere volver a Matute. Si la invitan al aniversario del Comando Sur, dice que irá encantada. Probablemente volverá a mirar hacia el lugar donde Matthew entregó aquella casaca. Porque esa imagen resume buena parte de su vida: una madre que convirtió sus experiencias en canciones, un hijo que convirtió sus emociones en arte y un futbolista como Cubillas que, sin proponérselo, terminó conectando ambas cosas.
Hay algo que Jessica repite cuando habla de su hijo, de su música y de Cubillas: el amor hace la fuerza. Tal vez por eso la historia empezó con un hombre que decidió ayudar a una familia que no conocía y terminó, años después, recibiendo una canción y una casaca en Matute. Jessica cruzó desde Miami para que ocurriera. Matthew llevó hasta Lima una pieza que solo podía existir una vez. Cubillas se la puso. Y durante unos minutos, en ese estadio que Jessica nunca había pisado, una canción dejó de ser solamente una canción y una casaca dejó de ser solamente una casaca. Se convirtieron en la manera que una madre y su hijo encontraron para decirle gracias a una leyenda que, mucho antes de recibir ese homenaje, les había mostrado que detrás de la camiseta también hay un corazón.
¿Y qué dice Cubillas? Horas antes de la publicación de esta nota -a través de Jessica- logramos hablar con el Nene brevemente. “Estuvo muy bonito, me agarraron de sorpresa, es realmente increíble, yo nunca me imaginé estas muestras de cariño hacia mi persona. Es lindo sentirse como me he sentido con estos gestos”, nos cuenta vía telefónica.
Mientras hablamos, el máximo goleador peruano en los Mundiales -con 10 anotaciones- aún no sabe si podrá llegar al clásico de este sábado. Aún estaba buscando vuelos. “Ojalá la canción la pongan en Matute, está muy bonita y muy bien interpretada”, nos advierte, para luego recalcar su deseo de que Alianza Lima le gane a Universitario.
“Su hijo Matthew es tremenda persona, me regaló una casaca muy bonita, con un diseño hermoso”, añade Teófilo. El ídolo es feliz.
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