viernes, julio 17

Una enorme plataforma se aproxima al puerto. A bordo, un estadio de fútbol. 50.000 espectadores embarcan hacia sus asientos. La infraestructura ideal para usar en cada Mundial, cada cuatro años. Es la última idea de Mark Fenwick, arquitecto detrás del estadio de contenedores de Catar o del RCDE Stadium.

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“Un estadio flotante de 50.000 espectadores podría cambiar para siempre la forma de organizar una Copa del Mundo. Un recinto capaz de cruzar océanos para convertirse, cada cuatro años, en el gran escenario del fútbol mundial. La innovación siempre comienza con una pregunta que parece demasiado ambiciosa”, explica Fenwick.

Su propuesta es crear el buque insignia, nunca mejor dicho, de los Mundiales de fútbol. “Se convertiría en el gran icono del torneo, desplazándose de un Mundial al siguiente como una infraestructura única al servicio del fútbol internacional. Sería, probablemente, el primer estadio verdaderamente global”, añade el arquitecto.

Fenwick fundó en 1990 la firma Fenwick Iribarren Architects junto a Javier Iribarren. Juntos, han colaborado en proyectos como el estadio del Espanyol, la reforma del José Alvalade de Lisboa, el Benito Villamarín de Sevilla o el Nou Mestalla, en Valencia.

Además, suyos son los diseños de tres de los estadios del Mundial de Catar 2022. Destaca el famoso Estadio 974, cuya estructura exterior está formada por contenedores de transporte en barco. Ya en ese proyecto tuvieron en cuenta el problema de los ‘elefantes blancos’, megaconstrucciones que los grandes eventos dejan tras de sí y que después no reciben uso suficiente para justificar la inversión.

El 974 estaba concebido para ser completamente desmontable, de modo que pudiera desaparecer si era necesario. Ahora, con el estadio flotante, esta premisa iría más allá. “¿Tiene sentido construir grandes estadios para utilizarlos apenas unas semanas? ¿Existe una alternativa? La respuesta podría estar sobre el mar”, plantea Fenwick.

Aunque suena a idea de ciencia ficción, el arquitecto considera que está más cerca de lo que parece: “La tecnología necesaria para hacerlo realidad ya existe en gran parte. La ingeniería naval construye desde hace años plataformas marinas gigantescas. La cuestión ya no es únicamente si podría construirse un estadio flotante, sino si ha llegado el momento”.

No sería el primer estadio flotante, aunque sí el primero de esta magnitud. The Float @ Marina Bay, en Singapur, estaba suspendido en el agua, sobre una placa de acero de 120 por 83 metros, si bien la grada era fija en tierra. Esta estructura está siendo sustituida por el recinto NS Square, que ya no será una plataforma flotante.

Además, el proyecto de Fenwick promete ser sostenible. “Una gran cubierta retráctil revestida de paneles solares convertiría al estadio en una pequeña central eléctrica flotante. Junto a sistemas de almacenamiento energético, producción de agua mediante desalación y recuperación de aguas pluviales, el recinto podría funcionar con un elevado grado de autonomía”, resume.

De momento, el estadio flotante es sólo un proyecto. Las dificultades planteadas no son pocas. “La estabilidad frente al oleaje, la seguridad durante temporales, las operaciones de remolque entre continentes, la integración con puertos muy diferentes o la evacuación de decenas de miles de personas exigirían soluciones de ingeniería inéditas. Pero la historia de la ingeniería está llena de ideas que parecían imposibles hasta que alguien decidió construirlas”, sentencia el arquitecto.

Aunque no se ha materializado nunca, no es la primera vez que un estudio de arquitectura plantea la posibilidad de crear un estadio flotante. La firma alemana stadiumconcept consideró la posibilidad para el Mundial de 2022, con idea de mover la estructura a las sedes mundialistas futuras, con base en un diseño que empezaron a concebir en 2010. También lo propuso Florian Busch Architects en 2016 de cara al Estadio Olímpico de Tokio 2020.

“El estadio isla representa una invitación a pensar cómo podrían ser las grandes infraestructuras deportivas del siglo XXI. Quizá nunca llegue a construirse exactamente como hoy lo imaginamos. Pero la idea abre un debate que va mucho más allá del fútbol: cómo organizar grandes acontecimientos internacionales de una forma más eficiente, más sostenible y con un legado más útil para las generaciones futuras”, concluye Fenwick.

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