Aunque en los 70 tuvimos a Cubillas y más cerca a Paolo, los mundiales de fútbol significan también hacernos hinchas de otras selecciones. Nacionalizarse, si cabe, a partir de la genialidad de un futbolista dios. En estas horas, en el Perú el único apellido que arrasa en popularidad es el de Lionel Messi, el nuevo máximo goleador de los mundiales. Dieciséis, con el alemán Klose. El zurdo que arrancó derecho el mundial.
Aunque en los 70 tuvimos a Cubillas y más cerca a Paolo, los mundiales de fútbol significan también hacernos hinchas de otras selecciones. Nacionalizarse, si cabe, a partir de la genialidad de un futbolista dios. En estas horas, en el Perú el único apellido que arrasa en popularidad es el de Lionel Messi, el nuevo máximo goleador de los mundiales. Dieciséis, con el alemán Klose. El zurdo que arrancó derecho el mundial.
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Su influencia tiene, me parece, tres piedras inamovibles: 1) Su estadística en mundiales, que ha completado récords que tienen más lógica en dos o tres vidas: más goles, más partidos, más veces MVP, más veces capitán. 2) Su vigencia, que se puede contar en años, sin duda, pero también generaciones: lo vieron los abuelos sin Panini, los padres de los 80 y los niños que hoy coleccionan sus figuritas. Esa comunidad no se pudo vivir con Maradona y mucho menos con Pelé. 3) Su eternidad, traducida en cientos de post, miles de reacciones y cataratas de reels intervenidos con IA: los videos para móvil se reproducen 200.000 millones de veces al día en el ecosistema de Instagram y Facebook, según Meta. Es la redefinición de la locura. Los tres goles de Messi contra Argelia se repiten más que un mantra, se citan más que la Constitución y están memorizados más que un Padre Nuestro.
Su estadística en mundiales, que ha completado récords que tienen más lógica en dos o tres vidas: más goles, más partidos, más veces MVP, más veces capitán. (Photo by AFP)
/ PATRIK STOLLARZ DANIEL GARCIA PEDRO UGARTE GABRIEL BOUYS ADRIAN DENNIS ROBERTO SCHMIDT
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Antes se le llamaba globalización, y se estudiaba en las facultades. Hoy se explica haciendo un pantallazo cualquiera en un estadio de fútbol donde juegue el mejor jugador del mundo de los últimos 50 años. No somos ajenos desde nuestras casas, ambientadas tipo palco suite, y si para algo sirven las redes sociales, que sea para esto: ser testigos de una época en la que coincidieron Messi, Jordan, Nadal, Phelps y Bolt. Como haber visto a los Reyes Magos de la Biblia.
En la edad de la madurez, Lionel Messi resetea una vez más su candidatura. Revitaliza nuestro cariño por el fútbol, desde Bangladesh o Lima. Hoy, además, que es un poco el padre de su padre, entrega una lección de resistencia, de honor, de lealtad con su oficio. Sin más armas en la mano que un diez en la camiseta. Persiguiendo una inofensiva pelota, como cuando era solo hijo.

Su estadística en mundiales, que ha completado récords que tienen más lógica en dos o tres vidas: más goles, más partidos, más veces MVP, más veces capitán. (Photo by Roberto SCHMIDT / AFP)
/ ROBERTO SCHMIDT
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