sábado, septiembre 26

A juzgar por las encuestas y el simulacro de votación que conocimos la semana pasada, lo más probable es que Renovación Popular gane en Lima las elecciones municipales del próximo 4 de octubre. Y, a juzgar por el comportamiento medroso que exhibe cada vez que le preguntan al respecto, lo más probable es también que el presidente del Jurado Nacional de Elecciones, Roberto Burneo, termine entregándole las credenciales de alcalde a quien, según manda la Constitución, no podía postular en esta oportunidad al cargo. Es decir, a Rafael López Aliaga. No hablamos, desde luego, de un destino inexorable. Casos hemos visto los vecinos de la capital de aspirantes a ese mismo puesto que se sentían triunfadores unos cuantos días antes de que acudiéramos a las urnas y acabaron terceros… Pero, repetimos, es lo más probable y tiene sentido, por lo tanto, reflexionar acerca de la situación en la que Porky llegaría a sentarse nuevamente en el sillón de Nicolás de Ribera el Viejo.

A juzgar por las encuestas y el simulacro de votación que conocimos la semana pasada, lo más probable es que Renovación Popular gane en Lima las elecciones municipales del próximo 4 de octubre. Y, a juzgar por el comportamiento medroso que exhibe cada vez que le preguntan al respecto, lo más probable es también que el presidente del Jurado Nacional de Elecciones, Roberto Burneo, termine entregándole las credenciales de alcalde a quien, según manda la Constitución, no podía postular en esta oportunidad al cargo. Es decir, a Rafael López Aliaga. No hablamos, desde luego, de un destino inexorable. Casos hemos visto los vecinos de la capital de aspirantes a ese mismo puesto que se sentían triunfadores unos cuantos días antes de que acudiéramos a las urnas y acabaron terceros… Pero, repetimos, es lo más probable y tiene sentido, por lo tanto, reflexionar acerca de la situación en la que Porky llegaría a sentarse nuevamente en el sillón de Nicolás de Ribera el Viejo.

Ilustración: El Comercio

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El eventual triunfo, para empezar, tendría un inocultable sabor a premio consuelo, pues todos sabemos que el verdadero sueño del personaje que nos ocupa era otro. Le tocaría, además, iniciar una gestión en la que no podría recurrir al viejo truco de culpar a la administración anterior para justificar la falta de resultados en breve plazo (por la sencilla razón de que esa administración fue la suya y la de su ‘side kick’ Renzo Reggiardo). Y, por último, estaría permanentemente intentando desvirtuar las imputaciones que sus contendores electorales le han vertido encima a lo largo de la campaña y, sobre todo, en los debates de principios de esta semana. A saber, que, como alcalde y político, ha sido esencialmente mentiroso, camorrista e ineficaz: sambenitos de los que, nos tememos, no podrá sacudirse con facilidad.

—Fardo de deudas—

Ir de puntero en las encuestas tiene siempre un costo: el de convertirse en la piñata de la fiesta. Mientras más lejos se sientan de alcanzar la victoria, mayor será la tentación de los candidatos pequeños de hacer cola para golpear al postulante que ostenta los puntos que ellos necesitan. En esta ocasión, sin embargo, los pitufos se han encontrado de pronto con unos garrotes que los doblan en tamaño entre las manos. Por citar solo algunos ejemplos, recordemos que López Aliaga dijo que no renunciaría a la alcaldía para tentar la presidencia y que su palabra valía oro, y no obstante, terminó haciéndolo. Que en tiempos recientes ha repartido denuestos entre periodistas y autoridades electorales con munificencia navideña. Y que aquello de que transformaría Lima en una “potencia mundial” daría hoy la impresión de haber sido un chiste cruel improvisado hace cuatro años. Si algo nos dejó su paso por la Municipalidad Metropolitana es un fardo de deudas tan majaderas como abultadas… Y toda esa grasa es la que se encargaron de untarle en la pechera sus minúsculos adversarios en los debates de hace unos días, estuviera él o no presente en la sala.

De cualquier forma, en opinión de esta pequeña columna, el motín lo apretó. Como tratando de espantar mosquitos, Porky se agotó en el esfuerzo por repeler el ataque combinado y fracasó. En parte porque no lo asistía el talento para hacerlo y en parte porque lo que es cierto simplemente no puede ser desmentido. Tarde o temprano, creemos, las dudosas virtudes que adornan al animal político que habita en él le darán caza y le harán pagar un precio elevado. Por eso, como hombre de fe que es, debería quizás ensayar algunas oraciones para que ello no ocurra antes del próximo domingo. Porque lo improbable tiene a veces el buen gusto de hacerse realidad.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

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