Los políticos suelen sonreír a las cámaras en esas circunstancias sombrías, pero creen que su desgracia será pasajera, que la misma judicialización de sus trapacerías que los llevó a ese punto, se revertirá pronto y quedarán libres para victimizarse y reciclarse.
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LEE TAMBIÉN: ‘El Monstruo’ en la Base Naval del Callao: ¿Por qué fue enviado a ese penal, cuál será su régimen carcelario y qué restricciones tendrá?
Pero Erick Moreno Hernández (34 años) sabe que no hay forma de que nos dé pena y se libre de la desgracia. Quizá pueda atenuar el rigor de su carcelería delatando a los policías que tenía en su nómina, pero el peso de sus delitos es demasiado grande como para ser perdonado por una colaboración eficaz.
Mandó secuestrar, dinamitar y matar. Por su culpa murió Pedro Flores ‘El Ruso’. Por cierto, no se nos ha notificado -¡como cabría esperar!- ni por la PNP ni por el Ministerio Público, que pondrán celo en conseguir esas delaciones.
Al día siguiente, lo vimos con uniforme blanco y la cabeza rapada -un símbolo que se acerca a una castración- entregado por la PNP al INPE para que a su vez este lo traslade a la Base Naval. Miraba hacia abajo, abatido… hasta que levantó la cabeza y no logró esbozar una sonrisa, pues ya no podía engañar a nadie, ni a sí mismo. Pero sí pudo mirar hacia adelante con una serenidad que ni tu ni yo posaríamos en semejantes circunstancias.
Hasta el final
El Monstruo tiene, en el fondo de su laberinto moral y de sus sinuosidades existenciales, sentimientos. No lo digo yo, está en los chats que le pilló la PNP con su madre Martina Hernández y su pareja Liseth Cruz. El experto en seguridad Julio Corcuera, acaba de publicar “Extorsión. El negocio del Miedo” (Aguilar, 2026) y le dedica el último capítulo a Moreno Hernández. Allí leí algo chocante por contraste con su crueldad para extorsionar. Miren estas líneas extraídas de un audio por fuentes policiales: “Yo quisiera que se pongan en mis zapatos y no me vean a mí como plata, sino que me vean como familia (…) parece que tú no has traído al mundo a un hijo, porque lo ves como dinero y con mentiras todavía”.
El reproche se dirige a Martina, que desapareció de la vida de Erick desde que este era niño y reapareció cuando era un ‘Monstruo’ consumado. Si la madre es culpable de su monstruosidad, lo es más por ausencia. Ella no estuvo cuando este, nacido en Ica en 1991, apareció como ratero juvenil en Comas. ‘Evolucionó’ en el crimen hasta liderar Los Injertos del Cono Norte, una organización criminal con ‘todas las de la ley’: cuando un operativo policial llegó a su cuartel general y detuvo alrededor de 25 personas, encontraron libros contables con asientos de los cupos cobrados, números de teléfonos extorsionados y datos de empresas de fachada.
De Comas, el grupo de Moreno había pasado a liderar el negocio de la extorsión en otros distritos norteños, desde San Martín de Porres hasta Ancón.
Entreverados con sus sentimientos, asoman en sus conversaciones las dudas existenciales del ‘Monstruo’ y su sentido de la fatalidad: “Así yo me retire, ellos van a pensar que estoy yo ahí. Entonces, ¿qué van a hacer? Van a ir a atacar a mi familia, ¿me entiendes? Y van a hacer lo que tienen que hacer”, dice, proyectando su futuro.
Erick Moreno se pregunta y se responde que será el Monstruo hasta el final. Precisamente esas tres palabras, ‘hasta el final’, las lleva tatuadas en el pecho. No estoy 100% seguro, pues un dibujo superpuesto impide leer las últimas letras, pero la frase se adivina, tratándose de un fuera de la ley que a la vez espera plenitud y fatalidad.
El Monstruo valora mucho su libertad, por eso huyó a Bolivia, Brasil y Paraguay, se sometió a operaciones estéticas para cambiar de apariencia, coimeó a quien pudo. A pesar de todo eso, fue delatado, filtrado con líneas financieras cortadas y cayó en la población de San Lorenzo, cerca de Asunción. Su cabeza vale S/1 millón y es un misterio si lo recibirán delatores de la PNP.
A Erick Moreno lo derrotó la narrativa montada sobre su apodo, en un país inseguro en el que la PNP necesitaba ponerle rostro al mal difuso de la criminalidad. Como para que creyamos que cobrando una cabeza, ya estamos cerca de la victoria final. Lamentablemente, no es así.
Caído en desgracia desde que fugó del Perú, John Jairo Arancibia, alias JJ, ha tomado el liderazgo que El Monstruo ya no podía ejercer. Erick Moreno no es el enemigo público número 1 pero su captura nos da esperanza cuando más la necesitábamos.




