La vedette de esta selección tiene 30 años. Se llama Jairo Vélez, es nacionalizado -su origen es ecuatoriano- y cuando empiecen las Eliminatorias al 2026 estará a medio camino de los 32, probablemente más cerca del inicio del declive natural que del apogeo de sus condiciones (más aún si como es probable, se queda en la Liga 1). Los más jóvenes -el futuro- tienen 19 (Matías Zegarra) y 21 años (Juan Pablo Goicochea). Ambos, que personifican el verdadero recambio estructural de una selección quebrada y hasta unos meses agonizante, disfrutaron de un largo viaje de un total de 30 horas para “absorber el ambiente del camerino” y ver los duelos ante Senegal y Honduras desde una zona privilegiada: la banca de suplentes.
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Pero hay otro proceso, igual de gravitante, en el que Mano Menezes ha puesto mucho énfasis y detalle, uno que no se transmite en la TV, no se narra, pero que deja evidencias auténticas con el paso del tiempo (y los partidos): el conocimiento del camerino, el ambiente, la atmósfera que se construye de a poquitos.
El 24 de julio del 2010, horas después de que Mano Menezes sea anunciado como nuevo entrenador de la selección brasileña, el diario AS de España publicó un perfil del profesional que valdría la pena revisarlo antes de cada partido. Ahí detallan su obsesión por el trabajo, la disciplina y el diálogo.
En Videna, desde que llegó, ya han evidenciado esos tres grandes rasgos. Un perfil que se replica en su comando técnico y progresivamente en cada área de la Federación Peruana de Fútbol que conecta desde algún punto con él. Es un trabajo de primer mundo y eso ha sorprendido repetitivamente a todo directivo. (Ya lo advirtió Ferrari, lo señaló Lozano).
Todo es análisis con base científica y pocas son las conversaciones en campo o en pasillos cuya esencia no esté ligada al proceso de reestructuración del fútbol peruano.

Perú cayó 2-0 ante Senegal en el primer partido de Mano Menezes como técnico. (Crédito: FPF).
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Mano suele ser muy serio hasta que inicia el diálogo con sus jugadores. Ese rasgo ha sido evidente en más de una vez durante las transmisiones de los recientes amistosos ante Senegal y Honduras. En uno de ellos, la cámara lo captó mostrando todos los dientes mientras conversaba, entre risas, con Jesús Castillo.
Es bastante de hablar y su portugués cada vez es un portuñol más masticable y fluido. Practica mucho el español en horas de trabajo. En los entretelones de estos primeros días de inmersión con sus convocados ha encontrado una mayor conexión con jugadores como André Carrillo -quien maneja mucho mejor el portugués y el portuñol por su presente en Corinthians- y con Erick Noriega, figura del Gremio de Brasil que precisamente fue llevado y dirigido por Mano recientemente.
Tuvo una conversación estratégica y profunda con Pedro Gallese para darle la cinta de capitán. Habló también largo y tendido con Alex Valera para ubicarlo como el 9 del equipo ante Senegal y luego contra Honduras. En la última conferencia de prensa confesó su diálogo con Alfonso Barcos al ser consultado sobre la ubicación como central por izquierda.
El brasileño, también, ha dejado claro ya su manual de convivencia en este nuevo proceso: cero indisciplinas, mucho compromiso y bastante diálogo bajo la premisa de que el jugador rendirá mejor donde mejor se sienta cómodo (por la posición), aunque la función que le toque en el campo no es negociable. Conversó también mucho con Yotún, un jugador al que considera muy útil dentro del campo y como líder/ejemplo para los nuevos chicos.
Como a Carrillo y Gallese, el discurso hacia ‘Yoshi’ ha sido de tenerlo como una voz que replique el norte correcto hacia el resto. Una sola voluntad, un solo objetivo. Y la respuesta ha sido de aceptación y respaldo.
Mano también ha invertido tiempo y espacio en el diálogo con los más chicos, incluso con quienes no llegaron a sumar minutos en la gira. En Lima, quien ha tenido mayor contacto con las piezas jóvenes ha sido Thiago Kosloski, asisten de Mano y ahora asignado como entrenador de la Sub 20. Fernando Lázaro, analista táctico, es quien también ha tenido mucho contacto con los seleccionados desde la muestra de sus rendimientos, videos y análisis de datos.
El balance desde esa mirada es positivo. Los referentes, elegidos minuciosamente, han quedado sorprendidos con el nivel de profesionalismo y el rigor que el comando técnico le pone a cada detalle. Hay buenas sensaciones. Mano ha hecho clic con el camerino y ha construido una primera base, sólida, sobre la que intentará erigir una idea. La premisa ha sido conocer, observar y transmitir su filosofía en este primer encuentro. En junio, la siguiente fecha FIFA, antes de un Mundial e el que no estaremos, probablemente el estilo de Mano sea más pronunciado y evidente. Por ahora, el camino está hecho.
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