Quizá todas las historias que se han escrito, desde Adán y Eva, han sido relatos de amor. La primera novela conservada hasta hoy, la historia de Quéreas y Calírroe, cuyo autor es Caritón de Afrodisias, del período helenístico, ya contaba una historia romántica. En ella, el joven guerrero Quéreas viaja por el Mediterráneo y más allá, en busca de su amada, tan bella como Afrodita.
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En la Edad Media, Constantino el Africano hablaba de la “enfermedad del amor” como consecuencia de un exceso de bilis negra, el humor asociado a la melancolía. Esta idea del amor como una enfermedad está muy lejos de la visión positiva y dulzona que pronto muchos celebrarán en el Día de los Enamorados.
Una de las novelas que más lejos llegaron en la destrucción de ese mito del amor asociado a la felicidad es la obra maestra de Emily Brontë, “Cumbres borrascosas”, publicada en 1847, un año antes de la muerte de su autora. “Cumbres borrascosas” sigue siendo una novela muy leída en el mundo de habla inglesa. Solo en Estados Unidos, el año pasado la novela vendió 180.000 ejemplares, una cifra a la que cualquier autor moderno aspiraría.
La historia, contada por Nelly, el ama de llaves, es bien conocida y muchas de sus escenas vuelven a nosotros. Pero lo que no puede olvidarse, lo que estará siempre en nuestros ojos, es el episodio en el que Heathcliff va hacia la casa de Catherine, que está muy enferma. Después de haber crecido cerca de Heathcliff, ella se ha casado con Edgar Linton. Su explicación es que, a pesar de amar a Heathcliff, no puede casarse con un muchacho de color modesto y bajos recursos. Con esas palabras resonando, de vuelta a los morros de Yorkshire, Heathcliff entra al dormitorio de Catherine. No estamos ante una escena de amor, halagos y buenos deseos. Heathcliff la insulta, la culpa de haberlo hecho a un lado. “Sus ojos, ahora húmedos, centelleaban al contemplarla, y su pecho se agitaba compulsivamente, rechinando los dientes, echando espuma por la boca”, nos cuenta la narradora. “¿Por qué me desdeñaste? ¿Por qué hiciste traición a tu propia alma?”, le dice Heathcliff a su amada que está agonizando. “Bésame y llora todo lo que quieras, arráncame besos y lágrimas, que ellas te abrasarán y serán tu condenación”. El amor, un verdugo implacable, va a dirigir la destrucción de Catherine, Heathcliff y Linton. El final de la novela, con las tres tumbas reunidas, es uno los más bellos que se han escrito.
La novela de Brontë ya tiene más de diez adaptaciones al cine. La más memorable es la que protagonizaron Laurence Olivier y Merle Oberon. Y esta semana se estrena una nueva película cuyo tráiler ya ha acaparado las redes sociales. El joven actor australiano Jacob Elordi será Heathcliff y su compatriota Margot Robbie, que alguna vez fue nominada como “la mujer viva más atractiva” por la revista “Esquire”, será Catherine. Las críticas no se han hecho esperar. Uno de los problemas de fondo es que Jacob Elordi es blanco. Heathcliff en la novela, en cambio, es de tez oscura, parecida a la de un gitano. El detalle no es menor porque la diferencia racial es uno de los obstáculos que la pareja no puede vencer. Si el amor no tiene obstáculos, no merece su nombre. Veremos la película extrañando la piel oscura de su héroe rabioso. Porque no será el mismo, aún rechinando los dientes.











