Hubo un instante, cuando el reloj superaba los 90 minutos, en el que Argentina estaba eliminada del Mundial 2026. Egipto ganaba, defendía con el corazón y soñaba con una clasificación histórica a los cuartos de final. En las tribunas había lágrimas, abrazos y una sensación difícil de explicar: los ‘Faraones’, un país que nunca había ganado un partido mundialista hasta Rusia 2018, estaban a segundos de firmar la mayor hazaña de su historia.
Hubo un instante, cuando el reloj superaba los 90 minutos, en el que Argentina estaba eliminada del Mundial 2026. Egipto ganaba, defendía con el corazón y soñaba con una clasificación histórica a los cuartos de final. En las tribunas había lágrimas, abrazos y una sensación difícil de explicar: los ‘Faraones’, un país que nunca había ganado un partido mundialista hasta Rusia 2018, estaban a segundos de firmar la mayor hazaña de su historia.
Entonces apareció Enzo Fernández y cambió el guion. El 3-2 argentino apagó el sueño egipcio, pero no borró lo conseguido. Porque esta selección ya había hecho historia al alcanzar, por primera vez, los octavos de final de una Copa del Mundo. Y, sobre todo, dejó la sensación de que el crecimiento del fútbol egipcio no fue producto de una generación espontánea, sino de un proceso que comenzó muchos años antes. Un proceso que tiene una firma conocida en el fútbol peruano: Héctor Cúper.
Hoy sentado en el banco de Universitario de Deportes desde mayo, el entrenador argentino observa desde la distancia cómo aquella semilla que plantó entre 2015 y 2018 sigue dando frutos. Mucho de lo que mostró Egipto frente a Argentina -el orden táctico, la disciplina defensiva y la capacidad para competir contra rivales superiores- tiene raíces en el trabajo que realizó durante su etapa como seleccionador.
Cuando Cúper asumió el cargo en marzo de 2015, Egipto atravesaba una larga frustración. La selección más ganadora de la Copa Africana de Naciones llevaba casi tres décadas sin disputar un Mundial. El último había sido Italia 1990 y el fútbol egipcio parecía resignado a mirar la máxima cita por televisión. El argentino cambió esa mentalidad.
Héctor Cúper analiza la última incorporación de Universitario para el Torneo Clausura. (Foto: Universitario)
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No lo hizo con un fútbol exuberante ni con propuestas ofensivas espectaculares. Lo hizo convenciendo al grupo de que primero debía aprender a competir. Construyó un equipo sólido, intenso y difícil de superar, capaz de sobrevivir incluso cuando tenía menos la pelota que sus rivales.
Los números respaldaron esa idea. Egipto recibió muy pocos goles durante las Eliminatorias y logró la clasificación a Rusia 2018 después de 28 años de ausencia, un logro que convirtió a Cúper en uno de los entrenadores más importantes de la historia reciente del país.
Frente a Argentina volvió a verse una selección disciplinada, comprometida y capaz de cerrar espacios durante buena parte del partido. La Albiceleste necesitó una remontada épica y un gol en el minuto 92 para evitar una eliminación que habría sido una de las mayores sorpresas en la historia de los Mundiales.

Héctor Cúper dirigió Egipto entre 2015 y 2018. (Foto: AFP)
/ KARIM JAAFAR
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Más allá del resultado, la identidad permaneció intacta. También permanecen muchos de los futbolistas que crecieron bajo la conducción del técnico argentino.
Mohamed El Shenawy fue uno de los arqueros impulsados por Cúper y terminó consolidándose como dueño absoluto del arco egipcio tras debutar en 2018.
Karim Hafez, lateral izquierdo, comenzó su recorrido en la selección durante ese proceso iniciado en 2015. Mohamed Hany también recibió su primera oportunidad con Cúper en un amistoso frente a Jordania en 2016 y hoy continúa siendo como parte del equipo.
Naturalmente, el nombre más representativo sigue siendo Mohamed Salah. La estrella del Liverpool vivió con Cúper algunos de los momentos más importantes de su carrera internacional. Fue el líder del equipo que clasificó a Rusia 2018 y el futbolista alrededor del cual giraba todo el proyecto deportivo.
GR5244. ARLINGTON (ESTADOS UNIDOS), 03/07/2026.- Mohamed Salah de Egipto cobra un penalti este viernes, al finalizar un partido de dieciseisavos de final del Mundial de la FIFA 2026 entre Australia y Egipto en el estadio AT&T en Arlington (EE.UU.). EFE/ Mariscal
/ Mariscal
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Aunque una lesión en la final de la Champions League de aquel año limitó su participación en el Mundial, el propio Cúper reconocería tiempo después que, con un Salah al ciento por ciento, la historia pudo haber sido diferente.
En 2026 volvió a demostrar por qué sigue siendo el gran referente del fútbol egipcio. Fue el líder ofensivo de un equipo que dejó de depender exclusivamente de su talento y encontró respuestas colectivas para competir contra cualquiera.
A su lado apareció, una vez más, Mahmoud Hassan, más conocido como Trezeguet. Su apodo nació gracias a un parecido físico con el exdelantero francés David Trezeguet cuando era niño. Con el tiempo dejó de ser una simple coincidencia y terminó convirtiéndose en uno de los nombres habituales de la selección. También formó parte del ciclo de Cúper y hoy integra el grupo que estuvo a minutos de protagonizar una de las mayores sorpresas del torneo.
Quizá esa sea la mejor herencia que dejó el entrenador argentino. Más allá de los nombres propios, instaló una cultura competitiva. Convenció a una selección acostumbrada a las frustraciones de que podía mirar de igual a igual a cualquier potencia. Esa confianza sobrevivió incluso después de su salida y fue fortalecida por los entrenadores que lo sucedieron.
Por eso la eliminación frente a Argentina duele, pero no representa un fracaso. Egipto se marcha del Mundial con la frente en alto, después de alcanzar unos octavos de final inéditos y obligar a la vigente campeona del mundo a recurrir a una remontada milagrosa para seguir con vida.
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