domingo, enero 25

LEE: “Le dije que lo amaba”: Cantero le mostró su tatuaje a Messi e intercambiaron camisetas | VIDEO

“Es mi idolo, fue mi inspiracion desde chico, estoy viviendo un sueño, cuando terminó el partido fui, no pude aguantarle, le dije que lo amaba. Va en un cuadro en la casa (la camiseta)”, declaró Cantero sobre la escena que terminó siendo la postal más honesta de la última visita del mejor futbolista del mundo a Lima.

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Messi volvió a la capital peruana, esta vez para enfrentar a Alianza Lima en la Noche Blanquiazul 2026, esa ceremonia que mezcla fútbol, expectativa y espectáculo. El resultado quedó registrado en el marcador (3-0 para los íntimos), pero fue apenas una nota al pie en una noche que giró alrededor de su figura. Cantero, que desde hace años confiesa su devoción por su compatriota, no escondió nunca esa admiración. Ya en 2022 había dejado rastros públicos de su idolatría y esta vez, con Messi delante, la historia se cerró como se cierran los círculos importantes: con emoción visible y gestos sinceros.

La llegada de Messi al estadio Alejandro Villanueva fue otro capítulo cargado de simbolismo. Matute, un escenario acostumbrado al ruido, se quedó por segundos en silencio. Entre los que no pudieron contener la emoción estuvo Pol Deportes, el joven narrador que vivió uno de los momentos más significativos de su carrera al ver de cerca al futbolista que marcó a su generación. Messi ingresó al estadio y alteró la atmósfera. Su calentamiento previo junto a su amigo Rodrigo de Paul hizo que los hinchas se amontonen a un lado para registrar el momento que guardarán por siempre.

Cuando el partido comenzó, el estadio ya era un mosaico improbable: camisetas blanquiazules mezcladas con la rosada del Inter Miami y, sobre todo, con el nombre de Messi estampado en la espalda de miles de hinchas. Jugó una hora aproximadamente, lo suficiente para dejar destellos que recordaron por qué su figura trasciende camisetas y escudos. Un control orientado, un pase filtrado, una pausa exacta en medio del apuro ajeno. No fue su noche en el marcador, pero sí en la memoria colectiva.

Lionel Messi, la gran figura en Matute.

Cada intervención de Messi era seguida por un murmullo que recorría las tribunas como una ola lenta. Cuando fue sustituido, Matute se puso de pie. No hubo reproches ni silbidos: solo aplausos largos, sostenidos, casi agradecidos. Fue una ovación que no distinguió colores, una despedida tácita que entendía que esa podía ser la última vez. Messi saludó, levantó la mano y caminó hacia el banco mientras el estadio entero parecía guardar ese gesto como se guardan las cosas irrepetibles.

Después de su salida, le tocó el otro partido: ser despojado de toda su indumentaria para que algunos afortunados lleven una joya a casa. Messi, fiel a su estilo, repartió lo que pudo sin hacer del momento un espectáculo. Cada prenda entregada era recibida como un trofeo. No era solo ropa deportiva: era un fragmento de historia reciente, un recuerdo tangible de una noche que ya empezaba a convertirse en relato.

En el banco de suplentes, Messi observó el resto del partido con seriedad, porque no le gusta perder entrenando. Alianza Lima siguió su camino hacia la goleada, Paolo Guerrero se erigió como figura con dos goles y la fiesta íntima se completó en el marcador. Pero incluso en ese contexto, la atención seguía orbitando alrededor del ’10’. Cada vez que la cámara lo enfocaba, el estadio reaccionaba. No importaba que el partido ya estuviera resuelto: Messi seguía siendo el centro.

La Noche Blanquiazul 2026 será recordada por muchas razones, pero sobre todo por lo que representó fuera del resultado. Fue la noche en la que Lima volvió a ver a Messi de cerca, quizá por última vez. La noche en la que un futbolista que creció admirándolo pudo mostrarle, en silencio, que su legado también se escribe en la piel. La noche en la que un estadio entero entendió que estaba asistiendo a algo que no se repite.

Cuando las luces se apagaron y la gente empezó a abandonar Matute, quedó la sensación de haber sido testigos de algo más grande que un amistoso. Messi se fue como llegó: sin exageraciones, sin discursos, dejando que hablen los gestos. En el recuerdo quedará el tatuaje de Cantero, la emoción de Pol Deportes, la ovación cerrada y ese aplauso final que sonó a despedida.

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