Uno de los pocos consensos transversales en el país es la urgencia de mejorar el acceso a los servicios de salud. Sin embargo, el debate público sigue atrapado en lo visible: nuevos hospitales, mayor presupuesto, más infraestructura. El verdadero reto es sanear la gestión operativa del sistema que ya existe. Y es precisamente ahí donde la tecnología y la robótica son herramientas capaces de reducir tiempos de espera, optimizar recursos escasos y liberar al personal de salud para hacer lo que ningún algoritmo puede reemplazar: atender personas.
Por ejemplo, solo en EsSalud, 917,000 citas médicas se perdieron entre enero y julio de 2025 por inasistencias, sin que ninguna haya sido reasignada a otro paciente. Esto equivale a 3,820 citas desperdiciadas cada día, en un sistema donde el tiempo promedio para conseguir atención puede alcanzar los 105 días. A esto se suma un problema aún más profundo: 7 de cada 10 peruanos que necesitaron atención médica no la obtuvieron, según datos de ENAHO y el Banco Mundial, principalmente debido a demoras en la atención.
Esta realidad se traduce para los pacientes en largas esperas en emergencias o semanas, incluso meses, para conseguir una cita, mientras espacios para atención están disponibles mas no se aprovechan. Esto evidencia una brecha crítica entre la demanda y la capacidad instalada del sistema.
El impacto también se traduce en pérdidas económicas relevantes para el sistema. En el sector privado, donde el valor promedio de una consulta supera los S/ 120, las pérdidas por ausentismo se estiman en más de S/ 200 millones anuales, recursos que podrían destinarse a atender a cientos de miles de pacientes adicionales. Esta situación afecta la rentabilidad de las instituciones y limita la capacidad de ampliar cobertura sin necesidad de construir nueva infraestructura.
Parte del problema radica en cómo se gestionan los servicios. En hospitales y clínicas de mediana y alta complejidad, la programación quirúrgica aún depende, en muchos casos, de llamadas, correos electrónicos y hojas de cálculo, lo que dificulta la coordinación entre áreas y aumenta el riesgo de cancelaciones, reprogramaciones y tiempos muertos en quirófanos, uno de los recursos más costosos del sistema. En la práctica, esto implica que, mientras pacientes esperan meses por una cirugía, parte de la capacidad instalada no se utiliza de manera eficiente, según explica Mauricio Paba, Chief Expansión Officer de COCO Tecnologías.
Experiencias internacionales muestran que este problema no necesariamente se resuelve ampliando infraestructura. En países como Costa Rica, la digitalización de la comunicación con pacientes y la automatización del agendamiento permitieron aumentar la asistencia a programas de tamizaje oncológico hasta en 71 %, mejorando la cobertura y la trazabilidad.
Este tipo de soluciones se basa en herramientas como recordatorios automatizados, listas de espera dinámicas y sistemas de coordinación digital de recursos médicos, orientados a conectar la demanda con la disponibilidad real de atención.
El avance de estas soluciones también ha puesto sobre la mesa el reto de la seguridad de la información. En Perú, la Ley N.º 29733 exige el registro de bancos de datos y la implementación de medidas estrictas para el tratamiento de información sensible en salud. Por ello, la adopción de plataformas con estándares internacionales de ciberseguridad, como certificaciones basadas en ISO 27001, comienza a ser un factor clave en los procesos de modernización.
Para los especialistas el mercado peruano empieza a incorporar soluciones tecnológicas orientadas a mejorar la eficiencia operativa del sector salud mediante inteligencia artificial y automatización. “Más allá de la tecnología, el debate de fondo apunta a cómo cerrar la brecha entre la demanda creciente y los recursos disponibles. Con una población que exige mayor acceso y un sistema que no siempre logra responder con rapidez, la eficiencia operativa se perfila como uno de los ejes centrales de la reforma del sector”, comentó Paba.
En ese contexto, la digitalización de procesos, la automatización del contacto con pacientes y la gestión inteligente de citas comienzan a perfilarse como parte de la solución estructural. Ampliar infraestructura puede tomar años, optimizar la capacidad ya instalada -reducir inasistencias, ordenar agendas y mejorar la coordinación de recursos- podría marcar una diferencia inmediata en el acceso a la atención y en la eficiencia del sistema de salud peruano.














