Llegaron buscando un parto respetado y terminaron luchando por sobrevivir. Lo que debía ser una experiencia segura y acompañada se convirtió, para varias mujeres, en una secuencia de decisiones erradas y omisiones que pusieron en riesgo sus vidas y las de sus bebés. La Casa Pakarii, creada en abril de 1995 para “promover y difundir la filosofía del parto natural”, es hoy el lugar donde estas madres denuncian haber sufrido secuelas físicas y emocionales que aún las persiguen.
Marcela Silva, una de las afectadas, conoció los servicios de Casa Pakarii en 2002 a través de un volante. Cuando supo que estaba embarazada en 2003, decidió cambiar sus controles médicos tradicionales por los de la casa de parto, siendo atendida personalmente por la directora, Ángela Brocker. Buscaba un parto más humanizado y respetado, con talleres prenatales, ejercicios y técnicas de respiración.
Cabe resaltar que, como todas las mujeres que pasaron por la casa, se firmaba un contrato que establecía que, en caso de una emergencia durante el parto natural, la madre podía decidir ser trasladada a una clínica de emergencia.
Una de las afectadas es Andrea Arestegui, quien conversó con El Comercio y mostró su contrato, en el que se establecía que, ante una emergencia, debía ser trasladada inmediatamente a una clínica. Foto: GEC.
/ ANTONIO MELGAREJO
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El 4 de julio de 2003, Marcela inició su trabajo de parto y acudió a Pakarii acompañada de su esposo. A medida que avanzaban las contracciones, no lograba dilatar y notó una protuberancia en su abdomen que Ángela atribuía a la vejiga, insistiendo en que era su culpa que el parto no progresara. Cuando la situación se complicó, su esposo fue retirado del cuarto y Marcela se quedó sola con la mujer. Pidió ser trasladada a una clínica, pero no la dejó salir, incumpliéndose así el contrato.
Gracias a la insistencia de su esposo, logró salir de ese lugar para recibir atención de emergencia, donde los doctores realizaron una intervención. Le informaron que tanto ella como su hijo habían estado al borde de la muerte; la protuberancia que había percibido en su abdomen era, en realidad, su útero doblándose.
Marcela aseguró que Ángela Brocker solo acudió a la clínica para cobrar sus honorarios, respondiendo fríamente que la muerte de madres y bebés era “parte de la estadística”. Marcela aclara que su testimonio no cuestiona la medicina alternativa ni el parto natural, sino la violencia y negligencia que sufrió, y que casi le cuesta la vida.
Al igual que ella, la gran mayoría de las mujeres afectadas forman parte del colectivo “Casa Pakarii – Negligencias”, entre las que también se encuentra Andrea Arestegui. Inicialmente fue atendida en una clínica, pero investigó otras opciones debido a problemas con su aseguradora y decidió ir a Pakarii, contactando a Ángela Brocker por WhatsApp para acordar que el parto sería en su casa.

Celina Benetti es otra de las afectadas. Ella compartió con este Diario un volante en el que se informa sobre los procedimientos de la casa. Foto: GEC.
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El 2 de enero de 2021, al iniciar el trabajo de parto, Andrea relata que Ángela llegó sin equipos, salvo un ultrasonido pequeño que no funcionaba, y comenzó a ser violenta, induciendo el parto con pastillas. Aunque pujaba, su hijo no salía. La ruptura de la bolsa amniótica y la manipulación de su zona íntima le provocaron intenso dolor durante horas. Ante la insistencia de su esposo, finalmente fueron a una clínica, donde le informaron que necesitaba una cesárea de emergencia por un desprendimiento de placenta provocado por la manipulación de Ángela, lo que puso en riesgo la vida de madre e hijo.
Andrea relató que le indujeron el parto cuando no era necesario y que, durante el proceso, percibió un trato hostil. Tras la experiencia, sufrió depresión y su relación con su esposo se quebró. “Se suponía que debía ser uno de los días más felices de mi vida. Nos puso en grave riesgo a mi hijo y a mí. Ángela vende esta experiencia como un parto respetuoso, pero de respetuoso no tiene nada”, concluyó.
No solo la directora es la acusada. Celina Benetti, argentina residente en Perú y embarazada en 2015, asegura que quien la atendió fue Gloria Espinoza Meza, colaboradora de Ángela. Denunció que, al inicio, no le permitieron estar con su esposo; además, el espacio estaba sucio y la tina tenía agua con óxido. Contó también que su hijo nació morado y sin respirar, y que fue auxiliado por su esposo. Celina afirma que sufrió un sangrado intenso por complicaciones con la placenta y que, pese a sus súplicas, no fue llevada inmediatamente a una clínica.
Señaló que, tras llamar a un taxi, fue trasladada y estabilizada, y que los médicos le informaron que tenía muy pocas probabilidades de sobrevivir y que estuvo a punto de perder el útero.
Una de las mujeres afectadas compartió a El Comercio el calvario que vivió durante su parto en Casa Pakarii. La foto fue tomada por su esposo, antes de que, según cuenta, fuera retirado. Foto: Vincent Roy.
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“Durante un mes no pude caminar y tuve un catéter en la pierna derecha para mantener la circulación. Perdí sensibilidad y además dejé pasar una semana de la vida de mi hijo mientras luchaba por la mía”, añadió. Celina enfatiza que no está en contra de la medicina alternativa, sino que denuncia una presunta negligencia en Casa Pakarii. “Todos somos humanos y pueden pasar cosas en un parto, pero aquí no estaban preparados para emergencias. Lo que más me preocupa es que sacan a los esposos para que no haya testigos”, concluyó.
Otra afectada, Alice Multinu, embarazada en 2021, decidió acudir a Pakarii tras adoptar un estilo de vida más natural. “Quería un parto respetuoso y humano, sin que le hicieran mil exámenes a mi bebé. Hago yoga y vivo en un entorno más holístico. Además, antes no había tenido buenas experiencias con doctores”, relató.
A los tres meses de gestación decidió seguir su proceso con Ángela, quien, aunque mostraba un trato amable y calmado, según Alice era muy rígida en su postura frente a la medicina. El 25 de junio de 2022, cuando inició el trabajo de parto, el espacio y los implementos no estaban listos. Durante la expulsión, asegura que la manipulación de Ángela se volvió cada vez más violenta. “Yo le decía que algo estaba mal, pero solo me respondía que me calmara o que mi bebé se iba a ahogar por mi culpa”, relató.
Tras el nacimiento, Alice sufrió desgarros y un dolor intenso. Quiso acudir a una clínica, pero Ángela se negó y le aplicó varias inyecciones sin explicarle qué contenían. Finalmente, tras insistir y con la intervención de su esposo, logró salir del lugar para recibir atención médica, donde le diagnosticaron un hematoma vulvar.
Página de Instagram del colectivo de mujeres que tuvieron partos naturales en Casa Pakarii.
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Seis meses después, se reencontró con Ángela, quien no dio ninguna explicación y solo afirmó que su caso formaba parte del porcentaje de partos naturales sin éxito. Pasó meses en terapias para recuperar la movilidad y asegura que “en esa casa no escuchan a la paciente ni saben cómo atender una emergencia. No es aceptable que dejen a una mujer en agonía solo porque no quieren trasladarla a una clínica”.
Los testimonios de Marcela, Andrea, Celina y Alice evidencian un patrón que ellas describen como negligencia sistemática: un espacio mal acondicionado para atender partos, manipulación dolorosa, negación para trasladar a madres en situación de riesgo a clínicas y un trato hostil. Todas coinciden en que su intención no es cuestionar la medicina alternativa ni el parto natural, sino denunciar que la Casa Pakarii no estaba preparada para afrontar emergencias y que sus prácticas pusieron en grave riesgo la vida de las mujeres y de sus hijos.
Este Diario dio la oportunidad tanto a Casa Pakarii, bajo la dirección de Ángela Brocker, como a la otra acusada, Gloria Espinoza, de brindar sus descargos, explicándoles los detalles de las denuncias y la fecha de cierre. La entidad comunicó que “por ahora no hay atención. En cuanto reanudemos actividades, nos comunicamos (…). No hay atención hasta el miércoles 18 o jueves 19. Gracias”.
Por su parte, Espinoza aseguró que ella no fue quien atendió el parto, sino que solo ayudó. “Mi trabajo es impecable. Trabajé muy poco tiempo en Pakarii. A esta señora la atendió otra compañera; yo solo estaba observando y, cuando vi que tenía sangrado, la auxilié dándole unas pastillas y se la trasladó a una clínica, pero el parto se dio de manera muy normal. Están tratando de perjudicar mi imagen”, dijo.




