`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Después de su último concierto en el Estadio San Marcos, Gustavo Cerati parece no haber abandonado nunca Lima. Uno camina por la Bajada Balta y ahí están sus ojos impresos en el muro observándote descender a la Costa Verde. En la avenida Universitaria carteles anuncian su presencia en un próximo concierto donde no estará. Y en Miraflores, frente al Centro Cultural Ricardo Palma, otro afiche —más sobrio, más terco— anuncia “Diarios de Cerati”, una obra que no quiere contar la leyenda sino asomarse a lo que ocurría detrás del genio musical.
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
La estructura es fragmentaria, como la vida de Cerati. Escenas, canciones, monólogos. El ascenso al reconocimiento masivo. La búsqueda constante de nuevas formas de expresión. La tensión entre el éxito público y un mundo interior que no siempre acompaña la fiesta. Nada de cronología prolija: “No queremos cerrar el discurso”, advierten. Prefieren los bordes antes que el centro, contar los detalles antes de lanzar un hit del artista para que el público aplauda.
La obra busca retratarlo en sus distintas etapas: el ascenso al reconocimiento, la búsqueda constante de nuevas formas de expresión y la tensión entre el éxito público y su mundo interior. Dándole énfasis en la etapa final de su vida, sin darle un final clásico, donde se ve a un Cerati con obsesiones, silencios, rutinas extremas. Elementos que, sumados, dibujan una personalidad.

Horacio Rafart da vida a Cerati en escena a través de monólogos, música y momentos introspectivos que recorren distintas etapas del artista argentino. (Foto: La Cuarta Pared Argentina)
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Uno de los ejes centrales de “Diarios de Cerati” es desmontar la maqueta arquetípica del rockstar. Arriba del escenario hay miles de personas vitoreando; después, una habitación de hotel y el eco del aplauso. “Sos victorioso ante miles y terminás durmiendo solo, eso fue en gran parte la vida del artista”, resume el director sobre una puesta en escena que insiste en mostrar esa tensión entre la multitud y la soledad.
La obsesión aparece como motor y condena. Jornadas de 13 o 14 horas buscando un sonido, una textura, una luz exacta. “La obsesión, así como la tristeza, fueron parte fundamental de la personalidad de Cerati”, señalan. Aquí la genialidad no es un aura mística sino un trabajo extenuante que desgasta. El último disco —recuerda el director— fue casi un gesto solitario: músicos que entran y salen mientras el creador se repliega, como si la búsqueda fuera cada vez más hacia adentro.
LEE MÁS: ¡Cerati está vivo! Participante de ‘Yo Soy’ deja en shock al público con el parecido de su voz
Esa intensidad tiene costo. “Cuando la materia prima es la sensibilidad y se toman cien vuelos al año, el cuerpo y la mente pagan. Un gran caudal de trabajo creativo siempre genera un colapso”, afirma Ale, aunque evita dar diagnósticos que no le corresponde. Tampoco explica el quiebre; lo rodeo a través de la poética de la puesta en escena.
Al final, Diarios de Cerati no busca absolver ni condenar al mito. Quiere acercarse al hombre. “Ver a un genio es ver la incomprensión del presente”, desliza el director. En esa incomprensión asoma la fragilidad: la necesidad de afecto, la búsqueda de compañía, la vulnerabilidad detrás de la ovación. No es un homenaje complaciente. Es una pregunta abierta sobre lo que queda cuando se apagan las luces y, sin embargo, la música sigue sonando en alguna parte.
Sobre
Diarios de Cerati
LUGAR: Centro Cultura Ricardo Palma Miraflores
HORA: Viernes, sábados y lunes 8p.m Domingo 7p.m
FECHA: Desde el 6 de marzo al 9 de marzo
Entradas disponibles en Joinnus.














