jueves, marzo 26

Por segunda vez desde su captura y ‘extracción’ de Caracas, ocurrida el 3 de enero, Nicolás Maduro compareció este jueves 26, junto con su esposa Cilia Flores, ante un tribunal de Nueva York para afrontar los cargos de conspiración por narcoterrorismo, conspiración para importación de cocaína, posesión de ametralladoras y artefactos destructivos y conspiración para la tenencia de armas.

Por segunda vez desde su captura y ‘extracción’ de Caracas, ocurrida el 3 de enero, Nicolás Maduro compareció este jueves 26, junto con su esposa Cilia Flores, ante un tribunal de Nueva York para afrontar los cargos de conspiración por narcoterrorismo, conspiración para importación de cocaína, posesión de ametralladoras y artefactos destructivos y conspiración para la tenencia de armas.

En paralelo a esta nueva presentación ante la justicia, la figura del otrora todopoderoso líder chavista se va difuminando en su país. Si bien la exigencia de liberación de la expareja presidencial se mantiene en discursos oficiales, en fotos de Maduro y Flores en murales y vallas publicitarias y en videos transmitidos por medios estatales, estos ya son mucho más espaciados que en los meses de enero y febrero, y la atención del gobierno interino de Delcy Rodríguez está puesta en tareas bastante más urgentes.

Recomponer las relaciones con Estados Unidos es una de ellas, y tal parece que esto pasa inevitablemente por ir borrando rastros de madurismo desde el palacio de Miraflores. Uno de estos se refleja, por ejemplo, en el cambio en la televisión estatal, antes monopolizada por las largas apariciones nocturnas de Maduro. Rodríguez es partidaria de intervenciones mucho más breves y sobrias que su antecesor.

La caída de altos funcionarios del cogollo de Maduro es otra muestra. Acaso la permanencia de Diosdado Cabello como ministro del Interior es uno de los últimos rezagos de madurismo en el gabinete. Si bien quien fuera número dos del régimen durante muchos años mantiene su retórica confrontacional con Washington, hasta ahora no ha cuestionado la estrategia de Rodríguez.

Hace unos días, el internacionalista Carlos Novoa le dijo a El Comercio que Cabello “es aún uno de los hombres más fuertes dentro del esquema venezolano” y que su permanencia en el círculo de poder “responde a un rol de soporte político y militar”, por lo cual no sería de extrañar que ello haya sido conversado con Washington en medio del deseo trumpista de que la de Venezuela sea una transición gradual y no rupturista.

Más allá de Cabello, las señales de desdibujamiento de la figura e influencia de Maduro en su país siguen a la orden.

El último despedido

Justo en víspera de esta segunda comparecencia judicial de Nicolás Maduro en Nueva York, Delcy Rodríguez se deshizo de Samuel Moncada, designado hace casi 10 años por el caído líder chavista como embajador permanente ante la ONU y que desde ese puesto pronunció encendidos discursos para justificar los actos del régimen chavista. Desde enero de este año ha venido exigiendo “respeto a la inmunidad” de Maduro y su esposa, así como la liberación inmediata de ambos y su retorno seguro a Venezuela. La mandataria encargada lo destituyó este miércoles 25 y dijo que pasará a cumplir “nuevas tareas internacionales”, aunque se cuidó de decir cuál será su próximo destino.

Son cada vez menos

El gobierno interino venezolano suma, en casi tres meses, unos 15 cambios en el gabinete. Entre ellos destaca la destitución del ministro de Industrias, Álex Saab, acusado de ser testaferro de Maduro, pero sobre todo la salida de Vladimir Padrino de la cartera de Defensa, la cual venía dirigiendo desde el 2014, es decir, acompañó a Maduro a lo largo de prácticamente todo su mandato. Y volviendo a Saab, esta semana Rodríguez también se libró de su esposa, Camila Fabri, que tenía a cargo un programa migratorio. Por ahora continúa como ministro de Interior Diosdado Cabello, el otro alfil de Maduro y en algún momento la segunda persona más importante dentro de la llamada revolución bolivariana.

Caracas y Washington más cercanos

A estos gestos inequívocos de buscar congraciarse con Estados Unidos se suma la reciente llegada de una delegación diplomática a Washington para el restablecimiento de relaciones luego de un período de “mucha turbulencia bilateral”, según palabras de la misma Rodríguez. En simultáneo, Trump ha relajado algunas restricciones para facilitar la reapertura de la embajada venezolana en el gigante del norte. Recordemos que la diplomática estadounidense Laura Dogu llegó al país llanero a fines de enero para una reapertura gradual de la embajada de su país, pero la legación de Venezuela en la capital de Estados Unidos continúa inoperativa.

El mayor deseo de Delcy

Caracas considera que esta apertura estadounidense es insuficiente y espera que Washington haga también concesiones o gestos en retribución. En los últimos días Delcy Rodríguez ha pedido a Trump el levantamiento total de las sanciones para impulsar la inversión foránea, remarcando que las licencias para operar en su país no son suficientes para dar a los inversionistas la seguridad jurídica necesaria a largo plazo: “Hemos pedido al presidente Trump para los inversionistas extranjeros, no solamente para Venezuela que lo necesita, que no haya sanciones contra nuestro país ni contra nuestra economía”.

El malestar de la oposición

En medio de estos flirteos entre la Administración Trump y el gobierno interino de Rodríguez, la oposición venezolana también eleva la voz. Desde su exilio en España, Leopoldo López critica que “aún no hay claridad sobre la transición política” y remarca que la prioridad es reclamar elecciones, al tiempo que advierte que todavía no se dan las condiciones para regresar. María Corina Machado, por su parte, señala que el gobierno chavista se desmantela poco a poco: “El régimen está herido irremediablemente. De hecho, siguiendo instrucciones del presidente Trump, están desmontando sus propias estructuras represivas y corruptas, un paso importantísimo para avanzar hacia la transición”. Pero a la vez urge por mayor rapidez.

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