viernes, enero 23

Hace exactamente un año, cuando en medio de una severa crisis interna el entonces primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, anunció su intención de presentar su dimisión como líder del Partido Liberal, y por lo tanto de dejar el máximo cargo del país, todo hacía pensar que el gobierno del país norteamericano cambiaría de color y pasaría a manos del Partido Conservador, que lideraba todas las encuestas desde el 2023.

Todo cambió en cuestión de días y semanas al irrumpir Donald Trump, recién acomodado en la Casa Blanca para su segundo mandato, en la campaña del vecino del norte al repetir una y otra vez que Canadá debía convertirse en el estado 51 de EE.UU. y amenazando con imponer aranceles e implementar una política más agresiva si ello no ocurría.

¡Gracias por suscribirte a Vuelta al Mundo!

Tu inscripción ha sido confirmada. Recibirás nuestro newsletter en tu correo electrónico. ¡Esperamos que disfrutes del contenido!

«,t.textContent=n,t.classList.replace(«cutter-nl__button–free»,»cutter-nl__button–subscribed»)):(i.innerHTML=»

Lamentamos verte partir.

Tu suscripción ha sido cancelada y ya no recibirás más nuestro newsletter en tu correo electrónico. Si cambias de opinión, siempre serás bienvenido de nuevo.
¡Gracias por habernos acompañado!

«,t.textContent=s,t.classList.replace(«cutter-nl__button–subscribed»,»cutter-nl__button–free»)),t.disabled=!1}),3e3):(window.tp.template.show({templateId:»OTFEJQDCHMFK»,displayMode:»modal»,showCloseButton:»true»}),setTimeout((()=>{t.disabled=!1,t.textContent=l}),3e3))}catch(e){console.log(«ERROR AL SUSCRIBIRSE O DESUSCRIBIRSE: «,e)}}))}else window.tp.pianoId.init({display:»modal»,loggedIn:function(e){const{firstName:t,lastName:s}=e.user||{}}}),t.addEventListener(«click»,(()=>{window.tp?.pianoId?.show({screen:»login»})}))}])}))}));const closeSubscribeModal=()=>{document.getElementById(«subscribe-modal»).innerHTML=»»};

Newsletter Vuelta al Mundo

Esa preocupación hizo que la opinión pública canadiense diera un vuelco y decidiera apoyar a Mark Carney, un tecnócrata sin experiencia parlamentaria, que tras su elección como líder del Partido Liberal en marzo del 2025 mostró una política de firmeza y oposición frente a las intenciones del líder republicano. Tal postura fue clave para la victoria de su agrupación en las elecciones anticipadas de abril de ese año.

Y desde entonces empezó una relación compleja entre los líderes de ambas naciones. En mayo del año pasado, Carney visitó la Casa Blanca y supo lidiar con su anfitrión, quien reiteró sus afirmaciones de que Estados Unidos subvencionaba a Canadá y que no necesitaban sus automóviles ni la energía canadiense. En los meses siguientes las diferencias se han mantenido, aunque en un tono respetuoso.

Esta semana Trump y Carney coincidieron en el Foro Económico Mundial de Davos (Suiza). No tuvieron una cita bilateral, pero sí sendas presentaciones en el estrado principal con un día de separación. Si el discurso del mandatario estadounidense era, por razones obvias, el más esperado de toda la cita, la alocución del dirigente canadiense fue una de las más comentadas.

Carne picada de menú

El recién finalizado Foro de Davos, en Suiza, mostró las gruesas grietas entre Donald Trump y los líderes de los aliados históricos de Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial. Ninguno evidenció mejor esa resquebrajadura que el primer ministro de Canadá, Mark Carney, quien dijo que el mundo está padeciendo “una ruptura y no una transición” e instó a otros países como el suyo -potencias medianas las llamó él- a unirse frente a “las grandes potencias” que han desmontado un sistema basado en normas y que “hacen lo que quieren” pues no tienen freno alguno. Y remató con una frase que se ha hecho célebre: “Debemos actuar juntos porque si no estamos en la mesa, estamos en el menú”.

Más que un guiño a China

Carney reconoció que su país se benefició de una larga era de “hegemonía estadounidense”, pero que ahora debe dar un giro para crear una red más densa de conexiones y relaciones con otros actores mundiales. En esa línea se entiende su reciente gira a China, acaso hoy un socio comercial “más predecible” que Estados Unidos, y los acuerdos suscritos con Xi Jinping, entre los cuales destaca uno que reduce los gravámenes sobre los autos eléctricos chinos a cambio de aranceles más bajos sobre productos agrícolas y alimenticios canadienses. Ello significa dar casi por superada una reciente crisis diplomática entre Ottawa y Beijing en torno a prisioneros de alto vuelo.

Los disparos verbales continúan

A Trump no le gustó nadita el tono de Carney en su presentación en Davos y le recordó que Canadá vive gracias a Estados Unidos: “Recuérdalo Mark la próxima vez que hagas declaraciones”, añadiendo que Canadá recibe un montón de cosas gratuitas y que “deberían ser agradecidos, pero no lo son”.  Y el líder canadiense no esperó mucho porque en las últimas horas desde Quebec -ya de regreso de Europa- le replicó: “Canadá no existe gracias a Estados Unidos, prospera porque somos canadienses y dueños de nuestro país, respetando además la diversidad para aceptar a otros y combatir el odio”. 

Una previsión militar inédita

Canadá ha sido considerado siempre el amigo más cercano a Estados Unidos, su aliado más fuerte y su mayor cliente. Además, se ha mantenido durante mucho tiempo estrechamente ligado a Washington en la política hacia China. Y por si fuera poco, ambas naciones son socios en NORAD, un comando militar conjunto que proporciona seguridad aeroespacial y marítima a América del Norte. En este contexto, imaginen el revuelo causado por la revelación del principal diario canadiense hace unos días: que las Fuerzas Armadas de ese país, por primera vez en un siglo, elaboraron y proyectaron un esquema teórico sobre una posible respuesta de Canadá a una invasión de su vecino del sur.

Share.
Exit mobile version