La Punta, en el Callao, y La Guaira, en la costa venezolana, comparten su mirada al mar. En una nació Marité Ugás; en la otra creció Mariana Rondón. Años después, esas dos orillas dieron origen a una dupla de prestigio en el cine latinoamericano. Sus películas pasaron por festivales como San Sebastián, Berlín, Tribeca, Toronto y Venecia, y ahora el Festival Internacional de Cine de Lima homenajea su filmografía, un retrato político y metafórico de la región.
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Marité Ugás: Es una coincidencia muy bonita, porque nuestra productora, Sudaca Films, cumple 30 años. La fundamos para hacer nuestra ópera prima, “A la media noche y media”, que ahora volverá a proyectarse en 35 milímetros dentro de la retrospectiva del festival. Además, fue la primera película de Salvador del Solar como actor de cine. Era su debut y también el nuestro como directoras. Siempre nos ha unido esa amistad y la sensación de haber empezado juntos.

Mariana Rondón ha recibido el Premio Ariel por «Pelo malo» (2013), que ganó a Mejor Película Iberoamericana. (Foto: EL COMERCIO/CESAR ALVARO CAMPOS MEDINA)
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Mariana Rondón: Filmamos esa película en La Punta, en el Callao, y La Guaira, en Venezuela. Ahí, años después, ocurrió el deslave de Vargas de 1999 (hoy con el nombre de Estado Guaira). Es un lugar muy simbólico para nosotras. De hecho, hemos vuelto muchas veces porque aparece en varias de nuestras películas.
-¿Cómo se reparten los roles en cada película?
Marité Ugás: Después de codirigir nuestra primera película, decidimos alternar. Siempre escribimos juntas los guiones, pero una dirige mientras la otra produce. Después de “A la media noche y media”, Mariana dirigió “Postales de Leningrado” y luego yo dirigí “El chico que miente”, mientras ella producía. En esta última, un niño busca a su madre desaparecida en La Guaira y ese viaje termina convirtiéndose en una reflexión sobre la primera década del chavismo.
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-Mariana, como venezolana, ¿La Guaira es un lugar especialmente importante para ti?
Mariana Rondón: La Guaira siempre vuelve en nuestro cine. Es casi un personaje. Yo viví allí durante mi infancia. Además, está a veinte minutos de Caracas, donde queda el aeropuerto. Es la puerta de entrada al país. Todos los caraqueños tenemos una relación muy cercana con ese lugar. Para Marité también fue una conexión muy natural, porque ella nació en La Punta, en Lima. Caracas no tiene mar; el mar de Caracas es La Guaira.
Marité Ugás: Siempre bajábamos a la playa.
Mariana Rondón: Incluso en “A la media noche y media” hablábamos de la posibilidad de una tragedia relacionada con el mar. Mucha gente decía que parecía una historia peruana, porque pensaban que ese tipo de cosas no ocurrían en Venezuela.
-Se les reconoce como dos de las cineastas más importantes del cine latinoamericano. ¿Qué ha significado construir una carrera entre Perú y Venezuela y cuáles han sido los principales desafíos?
Marité Ugás: Creo que la respuesta está en nuestros orígenes. Nos conocimos estudiando en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de Cuba. Cada una fue seleccionada por su país para integrar la primera promoción. La escuela fue impulsada por Gabriel García Márquez, a través de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, con la intención de darle unidad a una cinematografía que entonces estaba muy dispersa.
Mariana Rondón: Parece que aprendimos muy bien la lección.
Marité Ugás: Sí. Éramos cinco o seis estudiantes por cada país latinoamericano y allí entendimos: había más cosas que nos unían que las que nos separaban. Desde entonces, sentí que podía moverme por América Latina sin pedir permiso. Era un territorio natural para nosotras. En ese momento, nació nuestra productora funcionando entre Perú y Venezuela, pero nuestras películas han sido coproducciones con México, Argentina, Brasil y otros países, porque nos asumimos como un conjunto.
-¿A qué te refieres con asumir Latinoamérica como un conjunto?
Marité Ugás: Nos permitió entender que las políticas culturales a veces están en alza y otras en baja. Nuestro objetivo siempre ha sido crear una fotografía de América Latina. Hubo momentos en que el Perú perdió su Ley de Cine y atravesó una etapa muy difícil, mientras Venezuela vivía un auge de apoyo al cine nacional. Hoy ocurre lo contrario. Las coproducciones sirven justamente para equilibrar esa balanza. Si un país deja de apoyar el cine, otro hace posible que las historias sigan existiendo. Ahora, por ejemplo, el cine argentino atraviesa una crisis, donde veo que desaparece, y muchas producciones encuentran respaldo en México.
Mariana Rondón: El cine nos permite mostrar esa torpeza política que copiamos de un país a otro. Es muy fácil encontrar similitudes en la manera en que nuestros Estados abandonan la cultura. Eso nos permite hablar desde un lugar simbólico, sin señalar necesariamente a un solo país.

Mariana Rondón (Venezuela) y Marité Ugás (Perú), directoras de cine latinoamericano, pertenecen a su propia compañía Sudaca Films. (Foto: EL COMERCIO/CESAR ALVARO CAMPOS MEDINA)
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-Pero muchas de sus películas hablan de Venezuela. ¿Cuáles sienten que dialogan más con otros países de Latinoamérica?
Marité Ugás: Tenemos películas que pertenecen completamente a un contexto específico y otras que funcionan desde un plano más metafórico. “Contactado”, por ejemplo, es absolutamente peruana. Habla de un líder religioso que asegura haber sido contactado por extraterrestres y predica en las huacas, elementos propios del paisaje peruano. Cuando la mostramos en festivales internacionales, mucha gente descubría que el Perú no es solamente Machu Picchu. Les sorprendía entender que Lima está llena de huacas y que forman parte de la vida cotidiana. En cambio, “Aún es de noche en Caracas” es una historia completamente venezolana, aunque fue filmada en México, porque hoy no es posible rodar ese tipo de película dentro de Venezuela.
Mariana Rondón: Exactamente. Ese contexto peruano en “Contactado” nos permite hablar del fanatismo, de la manipulación y de distintos liderazgos. Son temas universales, pero nacen de un contexto profundamente peruano.
-Marité, como peruana, ¿cuál es hoy tu mayor preocupación a nivel cultural?
Marité Ugás: Me preocupa que estemos viendo una intención de modificar nuestra historia para adaptarla a conveniencias políticas. En los años 80, atravesamos situaciones muy fuertes y la Comisión de la Verdad y Reconciliación representó un avance importante para preservar la memoria y los derechos humanos. Hoy siento el riesgo de perder todo eso. Sobre todo, lo siento tras la designación de este señor (Alberto Beingolea Delgado) que han puesto como ministro de Cultura, como si la cultura fuera algo tan ligero como un caramelito después de la siesta. No entienden que si no hay cultura no hay identidad. Y si no hay identidad, da lo mismo ser o no ser una nación. Estamos a expensas de cualquier loco que quiera dictaminar el camino para este país. De eso tan delicado, me gustaría hablar, incluso con urgencia, desde el cine.
-¿Sienten que hoy la política reduce la cultura únicamente a aquello que puede ser rentable o pintoresco?
Marité Ugás: En este contexto político, la cultura puede reducirse a eventos folclóricos o deportivos.
Mariana Rondón: No es que lo folclórico no lo sea, pero eso no es todo. Una de las funciones del arte es reflexionar sobre lo que somos como ciudadanos, como individuos y como países. Es lo que tratamos de hacer con nuestro cine, ya sea desde un tema muy puntual o desde un lugar simbólico. Es peligroso ver el arte tanto como un negocio o como una herramienta de poder que impone una sola manera de ver el mundo. Todo lo que no permita ver distintos puntos de vista es peligroso.
-Entonces, ¿qué representa la cultura para ustedes?
Marité Ugás: La cultura es una herramienta que va de la mano con la educación. También es la única manera de sobrevivir, de alejarse de la oscuridad. Te da la posibilidad de entender tu entorno, reflexionar, formar tu propia opinión y defender aquello que te importa sin ser manipulado por discursos políticos.
Mariana Rondón: Y la cultura también, desde un lugar poético, es la manera de reconocerte, de buscarte, de verte. Cada país capaz de producir arte construye una mirada sobre sí mismo. Eso también es memoria.
Marité Ugás: Y esa memoria está peligrando cuando quieren borrarla. Si bien el Ministerio de Cultura ya no funciona como cuando nació, gracias a él se produjo mucho cine peruano. Guste o no, ese cine habla de una identidad y de una idiosincrasia fundamentales para definirnos como país. También permitió fortalecer los vínculos con el cine de Ecuador, Bolivia y Brasil. Todavía tenemos una cinematografía incipiente, no una industria como México o Colombia. Pero, con mayor apoyo financiero de parte del Ministerio de Economía y Finanzas, Cultura podría crecer mucho más. Si aparece un ministro de Cultura que dura apenas unos meses y, desde la incultura, desmerece el cine, pone en peligro los cimientos de esa identidad. Eso es lo que más miedo me da y sobre lo que más quisiera hablar en nuestros próximos proyectos.
Mariana Rondón: Como venezolana, me resulta doloroso recorrer festivales y encontrar siempre una o dos películas peruanas, mientras Venezuela prácticamente dejó de existir cinematográficamente. En mi país, aparece una película cada seis años. Eso refleja la catástrofe. Así de grave es perder la cultura.
















