lunes, febrero 9

Alianza Lima necesitaba una noche que lo abrigara antes de jugarse la vida en la Copa Libertadores, y Matute -con casi 30 mil hinchas empujando desde la tarde- le dio exactamente eso: una victoria sufrida, nerviosa, llena de altibajos, pero victoria al fin. Un 2-1 ante Comerciantes Unidos por la fecha 2 de la Liga 1, ajustado, casi agónico, pero que se celebra por el arranque perfecto en el torneo con seis puntos de seis posibles.

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Desde la tarde, el Alejandro Villanueva se fue llenando como si no fuese un partido de Liga 1 sino una prueba de carácter para un equipo que aún no termina de encontrarse. Pablo Guede lo entendió así y mandó al campo el posible once que utilizará ante 2 de Mayo, una alineación que explica mucho más que sus palabras: Duarte en el arco por la lesión de Viscarra; Advíncula, Garcés, Antoni y Huamán en defensa; Chávez como eje y punto de equilibrio; Vélez y Cantero como intérpretes del pase, del desborde, del fútbol vertical que quiere el entrenador; Quevedo y Castillo abiertos; y Paolo Guerrero como referencia absoluta. No había lugar para especular.

Lo que sí hubo fue un plan ofensivo sin descanso. Alianza atacó como si el tiempo le jugara en contra desde el primer minuto, metiendo hasta seis jugadores en área rival y empujando a Advíncula y Huamán a proyectarse en cada jugada. Guede, hiperactivo como siempre, no dejó de exigirle a Lucho que pisara campo contrario, que rompiera líneas, que se soltara. El equipo lo intentó, pero entre la imprecisión en los metros finales y la necesidad de acelerar cada jugada, todo parecía quedar a medio camino.

La insistencia azul y blanca no se traducía en remates claros. Apenas dos disparos al arco en los primeros 40 minutos, demasiada producción para tan poco daño. Para un equipo que llenaba el área, la sensación de peligro real era mínima. La tribuna lo notó: el murmullo crecía, los reproches se mezclaban con los aplausos aislados. “Falta poquito”, contestaba Guede a los hinchas de occidente que reclamaban más agresividad. Era su forma de pedir paciencia en un estadio que, en los últimos años, detesta esperar.

Y entonces llegó el cabezazo que destrabó todo. A los 42’, Renzo Garcés apareció en el área rival con la precisión que tantas veces se le ha demandado. El central conectó un centro desde la derecha y puso el 1-0 que desató un grito acumulado. Fue un desahogo general: del equipo, del técnico, de la tribuna. Pero lejos de convertirse en el punto de quiebre que todos esperaban, fue apenas el inicio del tramo más accidentado del partido.

Renzo Garcés celebrando su gol con Eryc Castillo. (Foto: Jesús Saucedo / GEC)

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Cuando todos imaginaban un inicio de segundo tiempo cómodo, Alianza se complicó solo. A los 47’, un error grotesco de Mateo Antoni —quien había tenido una actuación correcta hasta entonces— dejó a Wilter Ayoví con el arco a disposición. El ecuatoriano no falló y el 1-1 silenció Matute por completo. Guede abrió los brazos, incrédulo, mientras Antoni agachaba la cabeza en señal de disculpas y sus compañeros se acercaban a darle ánimos.

Como si el empate no fuese suficiente castigo, el VAR se cayó durante varios minutos por problemas técnicos. Lo llamativo -y preocupante- fue la decisión de seguir jugando sin el sistema, un escenario que podía generar más polémica de la necesaria. Los árbitros les explicaron la situación a los capitanes y el partido continuó como si nada, aunque en las gradas la sensación era de desconcierto total.

Minutos después, el sistema se reestableció, pero la incertidumbre ya había dejado su marca. Para colmo, el encuentro se volvió aún más trabado con lo sucedido con Tato Rojas, quien sufrió una fuerte lesión en el codo y tuvo que ser atendido de emergencia. La ambulancia ingresó al campo, parecía que era inevitable su retiro, pero el defensor decidió volver a jugar tras recolocarle el codo porque no quería dejar a su equipo con un hombre menos. Terminó llorando, una escena que resumió lo caótico del segundo tiempo.

La jugada del partido: Gentile cabecea y el defensor de Comerciantes Unidos pone la mano. Penal para Alianza Lima. (Foto: Jesús Saucedo / GEC)

La jugada del partido: Gentile cabecea y el defensor de Comerciantes Unidos pone la mano. Penal para Alianza Lima. (Foto: Jesús Saucedo / GEC)

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Ese caos también se trasladó al juego. Alianza atacaba sin claridad, empujado más por la urgencia que por las ideas. Guede caminaba de un lado a otro en la zona técnica, masticando cada pase errado, cada decisión apresurada. El estadio, lejos de presionar, estaba tenso, expectante, casi nervioso.

Todo parecía encaminado a un empate frustrante hasta que, a los 87 minutos, una mano en el área visitante detuvo el partido. Esta vez el VAR sí funcionó. El árbitro revisó la jugada y cobró penal. Paolo Guerrero tomó el balón en medio de un silencio pesado. Los defensores Garcés y Antoni, incapaces de soportar la escena, se arrodillaron en el mediocampo sin mirar el disparo. Paolo definió con seguridad, a un lado, para el 2-1 que desató el delirio en Matute.

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