Alianza Lima necesitaba una noche que lo abrigara antes de jugarse la vida en la Copa Libertadores, y Matute -con casi 30 mil hinchas empujando desde la tarde- le dio exactamente eso: una victoria sufrida, nerviosa, llena de altibajos, pero victoria al fin. Un 2-1 ante Comerciantes Unidos por la fecha 2 de la Liga 1, ajustado, casi agónico, pero que se celebra por el arranque perfecto en el torneo con seis puntos de seis posibles.
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Cuando todos imaginaban un inicio de segundo tiempo cómodo, Alianza se complicó solo. A los 47’, un error grotesco de Mateo Antoni —quien había tenido una actuación correcta hasta entonces— dejó a Wilter Ayoví con el arco a disposición. El ecuatoriano no falló y el 1-1 silenció Matute por completo. Guede abrió los brazos, incrédulo, mientras Antoni agachaba la cabeza en señal de disculpas y sus compañeros se acercaban a darle ánimos.
Como si el empate no fuese suficiente castigo, el VAR se cayó durante varios minutos por problemas técnicos. Lo llamativo -y preocupante- fue la decisión de seguir jugando sin el sistema, un escenario que podía generar más polémica de la necesaria. Los árbitros les explicaron la situación a los capitanes y el partido continuó como si nada, aunque en las gradas la sensación era de desconcierto total.
Minutos después, el sistema se reestableció, pero la incertidumbre ya había dejado su marca. Para colmo, el encuentro se volvió aún más trabado con lo sucedido con Tato Rojas, quien sufrió una fuerte lesión en el codo y tuvo que ser atendido de emergencia. La ambulancia ingresó al campo, parecía que era inevitable su retiro, pero el defensor decidió volver a jugar tras recolocarle el codo porque no quería dejar a su equipo con un hombre menos. Terminó llorando, una escena que resumió lo caótico del segundo tiempo.

La jugada del partido: Gentile cabecea y el defensor de Comerciantes Unidos pone la mano. Penal para Alianza Lima. (Foto: Jesús Saucedo / GEC)
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Ese caos también se trasladó al juego. Alianza atacaba sin claridad, empujado más por la urgencia que por las ideas. Guede caminaba de un lado a otro en la zona técnica, masticando cada pase errado, cada decisión apresurada. El estadio, lejos de presionar, estaba tenso, expectante, casi nervioso.
Todo parecía encaminado a un empate frustrante hasta que, a los 87 minutos, una mano en el área visitante detuvo el partido. Esta vez el VAR sí funcionó. El árbitro revisó la jugada y cobró penal. Paolo Guerrero tomó el balón en medio de un silencio pesado. Los defensores Garcés y Antoni, incapaces de soportar la escena, se arrodillaron en el mediocampo sin mirar el disparo. Paolo definió con seguridad, a un lado, para el 2-1 que desató el delirio en Matute.













