a tarde del jueves 15 de enero de 1970, comenzó a caer sobre Lima una inusual garúa que pronto escaló hasta convertirse en un diluvio nunca antes visto. Aunque aún se recordaba el fenómeno de 1925, este no se acercó en lo absoluto a la magnitud de aquel año.
a tarde del jueves 15 de enero de 1970, comenzó a caer sobre Lima una inusual garúa que pronto escaló hasta convertirse en un diluvio nunca antes visto. Aunque aún se recordaba el fenómeno de 1925, este no se acercó en lo absoluto a la magnitud de aquel año.
Este evento registró desde el norte chico hasta el norte de Ica, más de 3 millones de litros de agua en apenas dos días, descargando así en cinco horas la cantidad de agua que Lima suele acumular en ocho meses de lluvia. Reporteros y fotógrafos de El Comercio realizaron una cobertura histórica que reflejó en el caos de una ciudad que, al no contar de drenaje, colapsó por completo.
Las calles se convirtieron en ríos, en la Vía Expresa, el recordado “zanjón” quedó totalmente inundado y fuera de servicio durante tres días. La población tuvo que subir a las azoteas para intentar sacar el agua acumulada que amenazaba con desplomar las estructuras, mientras que en los acantilados de la Costa Verde el agua caía a modo de cataratas.
Por la noche, fue de mal en peor. Una serie de cortocircuitos dejó a la capital sin luz. Entre amagos de incendio y líneas telefónicas fuera de servicio, las sirenas de patrulleros y bomberos resonaban en medio de la oscuridad en un intento desesperado por atender las múltiples emergencias.
El flamante Aeropuerto Internacional Jorge Chávez terminó también con agua, la Carretera Central y la Panamericana Norte sufrieron daños en su trazado. En las zonas vulnerables, la crecida del río Rímac causó estragos irreparables, arrastrando viviendas de la barriada Huascarán, cerca del puente del Ejército, así como afectando seriamente a Chaclacayo y Chosica. Incluso, el ejército del Perú se desplegó por toda la ciudad con helicópteros para rescatar a familias aisladas, mientras la ciudadanía organizaba cadenas de solidaridad. El balance final dejó varios heridos y fallecidos.
(Foto GEC Archivo Histórico).
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Tras el cese de las precipitaciones, casi 500 familias de pueblos jóvenes quedaron en la absoluta intemperie al perder sus hogares. La emergencia obligó a una reubicación masiva de damnificados; un grupo de ellos fue trasladado a terrenos en la zona este de la capital, donde fundaron el A.H. 15 de Enero en San Juan de Lurigancho. A día de hoy, esta comunidad permanece como un recordatorio vivo de la jornada en que un diluvio puso a prueba a toda la capital.



