lunes, abril 6

La moda ama los grandes regresos. Y si hay uno que el universo fashion estaba esperando con verdadera devoción, es el de “The Devil Wears Prada”. Su esperada secuela promete revivir a dos de los personajes más influyentes del cine contemporáneo y devolvernos ese espectáculo visual donde cada look cuenta una historia. La gira de prensa ya comenzó y viene cargada de momentos memorables.

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La primera parada fue Ciudad de México, un escenario vibrante que no pudo ser más acertado para inaugurar este recorrido. Allí vimos reunidas a las icónicas Anne Hathaway y Meryl Streep, quienes, como era de esperarse, ofrecieron un verdadero deleite para los amantes de la moda.

Streep, fiel a su elegancia contundente, apostó por un conjunto de Dolce & Gabbana completamente custom-made. La pieza, rica en detalles incluía broches en el pecho y un lazo al cuello que evocaba una sofisticación casi editorial. Un look que honra su personaje y reafirma su estatus como una figura de estilo.

Por su parte, Hathaway demostró por qué su evolución dentro y fuera de la pantalla sigue siendo relevante. La actriz apareció en un total look de Schiaparelli: una falda de flecos con movimiento dramático y un cinturón escultural que elevaba la silueta a una pieza de arte. Un guiño perfecto a esa Andy Sachs que aprendió, quizás demasiado bien, las reglas del juego.

Pero el verdadero golpe maestro de esta primera parada fue un desfile que reunió a más de veinte diseñadores locales -entre nombres consagrados y talentos emergentes- para reinterpretar el universo de la película desde una mirada latinoamericana. El resultado fue una celebración de la moda como lenguaje global.

Y como toda buena historia necesita un giro inesperado, el desfile nos regaló dos apariciones sorpresa que elevaron aún más la experiencia. Anne Hathaway entró con un minivestido de lentejuelas combinado con botas altísimas de Stella McCartney, en un momento que encapsuló el espíritu más audaz del personaje. Mientras tanto, Meryl Streep optó por un vestido camisero azul de Schiaparelli, demostrando que el poder también puede expresarse con aparente sencillez.

En medio de este despliegue internacional, hubo también espacio para el talento peruano. Natalie Vértiz dijo presente apostando por diseñadores nacionales en distintas apariciones: de la marca ESCVDO, un vestido que tarda aproximadamente dos semanas en completarse, ya que se teje a mano y un set de cuadros en tono ‘cerulean’ (if you know, you know) confeccionado con 100% algodón pima tejido a mano en un telar tradicional. De la diseñadora Ana María Guiulfo lució un conjunto colorido a rayas que destacó entre los mejores looks de los asistentes. Una elección que no solo suma visibilidad, sino que reafirma el lugar de Perú dentro de la conversación global de la moda.

La gira continuará por Tokio, Seúl, Shanghái, Nueva York y Londres. Y la pregunta es inevitable: ¿repetirán este formato celebrando el talento local en cada destino? De ser así, estaríamos frente a una de las estrategias de moda más interesantes de los últimos años, donde cada ciudad no solo recibe una película, sino también una plataforma.

Esto recién comienza. Y si algo nos ha enseñado El diablo viste a la moda, es que la moda cuando se hace bien no es superficial: es narrativa, es identidad y, sobre todo, es poder.

Seguiremos atentos. Porque si algo está claro, es que este elenco aún tiene mucho que decir… y que vestir.//

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