Leí por primera vez “Por qué hacen tanto ruido” de Carmen Ollé poco después de su aparición en 1992, motivado por mi encuentro con su “Noches de adrenalina” ese excepcional poemario que marcó época a principios de los ochenta. Sin embargo, “Por qué hacen tanto ruido” no despertó mi entusiasmo: me pareció un libro con pasajes impecables en su descripción del malestar urbano, algunas logradas escenas de enrarecido tono y poco más. He regresado a él luego de 30 años y tengo claro que no estaba preparado para comprender en toda su dimensión el informe contra sí misma que Ollé nos emplazaba. Como atenuante, pocos apreciaron su valor en ese momento. Tal vez la principal razón fue que era un libro íntimamente peleado con las férreas convenciones de la narrativa peruana de aquellos años. Otro motivo era el descarnado yo de la protagonista, Sarah, escritora, madre y esposa de Ignacio, un talentoso poeta con delirios persecutorios y consagrado a su gran obra magna mientras su mujer trabaja todo el día dando clases para poder mantener el hogar y evitar, jornada a jornada, que todo se venga abajo. Un personaje bastante adelantado a su época, todavía demasiado incómodo para los parámetros de aquel entonces.
Leí por primera vez “Por qué hacen tanto ruido” de Carmen Ollé poco después de su aparición en 1992, motivado por mi encuentro con su “Noches de adrenalina” ese excepcional poemario que marcó época a principios de los ochenta. Sin embargo, “Por qué hacen tanto ruido” no despertó mi entusiasmo: me pareció un libro con pasajes impecables en su descripción del malestar urbano, algunas logradas escenas de enrarecido tono y poco más. He regresado a él luego de 30 años y tengo claro que no estaba preparado para comprender en toda su dimensión el informe contra sí misma que Ollé nos emplazaba. Como atenuante, pocos apreciaron su valor en ese momento. Tal vez la principal razón fue que era un libro íntimamente peleado con las férreas convenciones de la narrativa peruana de aquellos años. Otro motivo era el descarnado yo de la protagonista, Sarah, escritora, madre y esposa de Ignacio, un talentoso poeta con delirios persecutorios y consagrado a su gran obra magna mientras su mujer trabaja todo el día dando clases para poder mantener el hogar y evitar, jornada a jornada, que todo se venga abajo. Un personaje bastante adelantado a su época, todavía demasiado incómodo para los parámetros de aquel entonces.
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Son muy contados los libros en nuestra literatura que han tocado el tema de la depresión y de la desesperanza adulta como lo hace Ollé en estos folios despiadados. No nombra los fantasmas, pero los detalla a la perfección: la certeza de que todos los días son idénticos, monótonos, sin nada importante que suceda en ellos; la imposibilidad de crear, de volver a la poesía que le resulta esquiva y rácana, a la vez que su esposo produce largos y espléndidos versos, amparado en una locura que asume como activo literario. Lo interesante es que, pese a tener todas las oportunidades servidas para hacerlo, Sarah se resiste a caer en la claudicante autocompasión: lo suyo es más bien una rabia latente, un miedo por vivir en una ciudad violenta que la tiene en alerta constante, una rebelión mental que la hace fuerte frente a la incomprensión y el conservadurismo que la emboscan. Ignacio, en cambio, es un ser débil que enmascara sus temores e inseguridades a través de torpes traiciones maritales y gestos de envalentonamiento vacuo: un triunfo de Ollé es este retrato tan matizado como arquetípico de un hombre sepultado en la cárcel de su masculinidad.
El libro, aparte de sus aciertos en la concepción e interrelación de sus personajes, demuestra destreza en el hibridaje entre memoria, ficción, poesía y reflexión literaria mediante el cual “Por qué hacen tanto ruido” completa el prisma humano de la sensorialidad, la inteligencia y los impulsos de Sarah, que recuerda al yo poético de “Noches de adrenalina”: esa mujer lastimada pero impúdica que nos cuenta “cosas sucias” cuando está “sola y afiebrada”. Ollé nos enseña cómo es la resaca de ese goce y ese atrevimiento, la factura que la realidad siempre nos cobra tras la fugaz maravilla de una juventud de libertad y descubrimientos. Después de todo, escasos escritores peruanos han extraído belleza del desencanto como sabe hacerlo ella.
POR QUÉ HACEN TANTO RUIDO
Autor: Carmen Ollé
Editorial: Personaje secundario
Año: 2025
Páginas: 134
Relación con el autor: conocidos




