En la década de los 90, Alan Reeves era parte de un grupo famoso de strippers, Dreamboys, con el que subía a los escenarios y se quitaba públicamente la ropa. Fue tan famoso que incluso hizo parte de la película de las Spice Girls, titulada Spice World.
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Las prescripciones de testosterona han aumentado en varias partes del mundo.
Por ejemplo, en Reino Unido se incrementaron en un 135% desde 2021 hasta 2024.
Esta subida ocurre al tiempo que los datos de deseo sexual en ese país indican que está a la baja.
De acuerdo a la Encuesta Nacional de Actitudes Sexuales y Estilo de Vida (Natsal, por sus siglas en inglés), en la que cada década se registra la opinión de cerca de 10.000 personas sobre estos temas, la frecuencia con que se mantienen relaciones sexuales ha ido disminuyendo de forma continua.
En 1990, los encuestados de entre 16 y 44 años reportaron tener sexo cinco veces en un mes. En el año 2000 esa cifra se redujo a cuatro y en 2010, a tres.
Los nuevos resultados se deben conocer este año y los expertos creen que esa cifra continuará bajando, aunque no haya una razón principal para explicarlo.
En este contexto, un debate está ganando espacio: ¿pueden las inyecciones de testosterona realmente mejorar la libido o gran parte de la atención que generan se debe más bien a la publicidad, las ganancias y el efecto placebo?
La experiencia de Alan Reeves y el declive de su libido es solo un ejemplo de una tendencia que los investigadores señalan se está volviendo común.
“En los últimos años, hemos notado una merma (del deseo) en cada grupo demográfico”, explica Soazig Clifton, directora de Natsal.
Clifton señala que es muy difícil definir cuál es la causa detrás de la reducción del deseo sexual.
“No hay información que nos permita afirmar con claridad por qué, como población, no estamos teniendo más sexo que antes”, explica.
Hay distintos estudios que tratan de explicarlo, resaltando que el mundo digital puede ser una razón de peso para este fenómeno, tanto porque hace que sea más difícil desconectar como porque ofrece muchas actividades alternativas para ocupar el tiempo.
Nuestros niveles de estrés también son más elevados que hace 30 años, “lo que puede considerarse un factor importante”, dice Ben Davis, médico experto en terapia sexual.
“Las personas tienen muchas cosas en la cabeza. Está la tecnología, por supuesto, pero hay estrés, depresión, soledad. Y todo eso reduce la libido”, anota.
Y luego hay otra posible explicación que ha generado mucho interés en internet y se ha convertido en un gran negocio: que los bajos niveles de testosterona pueden tener un impacto directo en este aspecto de la vida sexual.
“Los niveles de testosterona en hombres se están reduciendo sin duda”, explica Geoffrey Hacket, académico y miembro de la Sociedad Británica de Medicina Sexual.
“El aumento de la obesidad, la diabetes tipo 2, el mayor número de personas que llevan una vida sedentaria… todo eso reduce los niveles de testosterona. Y la reducción de esos niveles tiene un efecto en nuestro deseo sexual”, añade.
Distintos estudios que en los últimos 20 años han medido los niveles de testosterona en hombres sugieren que estos se han reducido, pero Hackett señala que esto tiene un matiz: aunque tener niveles bajos de testosterona puede reducir el deseo sexual, eso no significa que todos los hombres con baja testosterona vayan a ver afectada su libido.
Más allá de esta complejidad, los avisos publicitarios se multiplican en estaciones de metro y paradas de bus, en las calles y en los espacios de redes sociales con frases como: “¿Poca líbido? ¿Mente nublada? ¿Cansado? Es hora de hacer un test de testosterona”, o “¿Tu hombre ha perdido la ‘chispa’? Podrían ser sus hormonas”.
Entonces, ¿puede una TRT realmente ser una alternativa para curar la ausencia de libido?
Melissa Green ha estado tomando testosterona durante casi un año. Ella no solo dice que le ha “dado entusiasmo por vivir” de nuevo sino que también salvó su matrimonio.

Melissa Green y su esposo, Marcus.
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Green, de 43 años, dice que su escaso deseo sexual estaba teniendo un impacto en su relación.
Al ser perimenopáusica, su médico le prescribió estrógeno y progesterona mediante una terapia de reemplazo hormonal, pero ella dice que el clínico no midió sus niveles de testosterona porque consideró que “no necesitaba una hormona extra”.
El Servicio de Salud de Reino Unido (NHS, por sus siglas en inglés) en este tema sigue las indicaciones del Instituto Nacional de Excelencia en el Cuidado, que señala que la testosterona solo debe ser considerada para mujeres tras un ensayo de la terapia de reemplazo hormonal y una vez que hayan sido descartados otros factores que podrían explicar el bajo deseo sexual.
Aquellos con inquietudes sobre este tema deben hablar con su médico, señala la institución.
Finalmente, Green fue a una clínica privada, se hizo exámenes de sangre y le dijeron que sus niveles eran bajos.
Cuando volvió con los resultados a su médico, comenzó a recibir una dosis de testosterona a través del NHS y otra mediante una prescripción privada.
“Me ha devuelto la vida. En algunas ocasiones siento que tengo 20 años. Tengo más energía y mi deseo sexual ha regresado”, explica.
Mientras que algunos son entusiastas respecto al impacto que la testosterona ha tenido en su libido, otros señalan que ha tenido efectos menos agradables.
Cheryl O’Malley estuvo en tratamiento de testosterona durante un año y dice que, a pesar de que le sirvió para recuperar algo de la energía que había perdido durante la menopausia, también le aumentó mucho el deseo sexual, que la dejó con sentimientos de rabia.
“Estaba muy excitada. Quería tener sexo con mi esposo, pero al mismo tiempo lo odiaba”, anota.
“Ahí me di cuenta que esto no era para mí. Sentí que perdía el control”, añade.













