La naturaleza de la intervención ha generado gran discrepancia entre los políticos y la opinión pública de Brasil, debate que se ha extendido al ámbito regional. El impacto de la medida y la posible respuesta de la agrupación criminal y sus aliados son materia de preocupación, además de ser uno de los principales puntos desde los que se juzgará el éxito final de la intervención realizada por el gobierno estatal de Río de Janeiro, encabezado por Cláudio Castro.
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Para José Luis Pérez Guadalupe, exministro del Interior y profesor de la Universidad del Pacífico (UP), el crimen organizado en Brasil tiene particularidades que lo distancian de las modalidades en las que operan grupos como los que tienen mayor influencia en el Perú.
El catedrático, autor del libro “El Tren de Aragua y el crimen organizado en América Latina”, sostiene que el comercio de drogas es el principal factor que condiciona la actividad del Comando Vermelho (CV) y otros grupos como el Primeiro Comando da Capital, surgido en Sao Paulo y con presencia en Río de Janeiro. No obstante, al narcotráfico y otras ocupaciones ilícitas estas agrupaciones han ido sumando el control de actividades formales e imponiendo condiciones a las entidades públicas y privadas que operan en sus territorios.
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-¿Un operativo de las dimensiones y escala del registrado en Río de Janeiro tiene un impacto real contra el crimen?
Voy a poner dos ejemplos, uno exitoso y otro no. Se aplicó la misma medida de fuerza en el estado de Río Janeiro y en el de Goiás. Hay que entender que cada estado tiene su propia policía civil y su policía militar. En el caso de Río, la policía federal no fue convocada.
En Goiania la capital del estado de Goiás, el gobernador también impuso una política de mano dura y su lema era “vas a terminar en el cementerio o en la cárcel” y pisó el acelerador a fondo con su policía, la estatal. En ese estado las organizaciones criminales locales bajaron el nivel (de delitos) y los que no eran de la zona se fueron. Hubo resultados y la gente lo reconoce.
En cambio, en Río de Janeiro se ha aplicado esto ya hace muchos años y no ha dado resultado. No es que exista una receta a seguir en Brasil para dar solución a esto. Lo que pasa es que allí tienes 1.000 comunidades —ya no se dice favela— y es un universo distinto e inmenso, es un problema social fortísimo. Cuando era ministro fui a ver justamente el trabajo de la policía pacificadora y en Brasil se menciona que mientras esta funcionó la criminalidad bajó.
El tema es complejísimo, pero para entenderlo un poco hay que tener en cuenta que en Brasil todas las organizaciones criminales giran en torno al negocio de la droga, desde las pequeñas y locales hasta las más grandes como el Comando Vermelho, el Primeiro Comando da Capital (PCC) o la Familia do Norte. Son distintas de nuestras organizaciones criminales y otras (con presencia en el Perú), pues incluso el Tren de Aragua no se centra en la venta de narcóticos.
En Brasil toda la territorialización criminal es por la venta de droga y en Río de Janeiro, además del Comando Vermelho y el PCC —oriundo de Sao Paulo—, tienen presencia agrupaciones como Terceiro Comando Puro y Amigos dos Amigos.
En 2023 las facciones o comandos criminales bloquearon la ciudad con balaceras, quemaron ómnibus y mataron gente y no hubo escándalo y el gobernador no hizo nada.
Ahora ya no solamente estamos hablando de droga, sino de dominio territorial, estos grupos dominan todo, es gobernanza criminal y lo citamos en el libro que escribimos.
«En Brasil todas las organizaciones criminales giran en torno al negocio de la droga»
-¿Podríamos estar hablando de una suplantación del Estado por parte de estas organizaciones como sucede en varias regiones de México o todavía no se alcanza ese punto?
Al comienzo todos los teóricos de la gobernanza criminal hablaban de la sustitución del Estado y ahora nadie lo hace, porque sin estado no gobiernas. Ahora se habla de contubernio con el estado, corrupción y relación con el estado y funcionarios.
Lo más fácil es decir que sustituyen al estado, pero este nunca se va: hay un gobernador, un alcalde y autoridades con las que negocian y coordinan. Las organizaciones criminales han avanzado y (en Brasil) ya no solamente venden droga, sino que dominan un territorio.
La gran mayoría de favelas y comunidades se ubican en cerros, que allá llaman ‘morros’, que tienen entradas muy concretas controladas por los grupos criminales y no puedes subir o entrar tan fácilmente a estas ubicaciones. Si controlas las entradas de un territorio concreto y vendes lo ilegal que es la droga, puedes vender lo legal, pero monopolizado. Por ejemplo, estas facciones controlan la venta de gas, pues solo ellos pueden vender los balones y ahora también están vendiendo agua en botellines sin permitir que nadie más lo haga. Incluso estos grupos son los responsables del servicio de internet, pues son los que otorgan permiso de ingresar a su territorio a las compañías que les ofrezcan un mayor porcentaje de cupo.
No es solo droga, es un dominio total, pero que no pierde relación con el Estado.

-Estas agrupaciones brasileñas tienen presencia fuerte en algunos países como Paraguay, por ejemplo. ¿Qué tan grande debe ser el trabajo interestatal para hacer grandes operativos en su contra?
El crimen organizado hace mucho que es regional y lo que dices hace tiempo que se ha debido dar. El tema del crimen en Brasil básicamente se queda en su propio territorio salvo algunas coordinaciones en el estado de Roraima —limítrofe con Venezuela— con el Tren de Aragua, o incursiones en Colombia y Perú por el tema de tráfico de drogas.
Sin embargo, en el caso de Paraguay sí es algo fuerte porque Paraguay es un gran productor de marihuana, que llevan para Brasil. En segundo lugar, Paraguay es un gran centro de tráfico de todo y muchas de las organizaciones fuertes de Brasil tienen conexiones y tienen mucha de su gente en ese país. Eso es conocido.
El tema regional es conocido hace años y eso es lo que debería entender también la policía peruana. Me han comentado de buena fuente, pero no me consta, que desde hace ocho años el Perú no tiene un enlace de la Policía Nacional en Ameripol, el organismo de cooperación policial internacional del continente americano. El primer enlace lo envié cuando fui ministro y se trabajó dos años, pero se descontinuó. Es un dato por confirmar, pero me han dicho que no hay enlace. ¿Cómo se quiere trabajar en Ameripol si no se manda un enlace?
En la UP tenemos 127 coroneles estudiando la maestría en gestión pública, pero además del contenido que es el mismo para todos les estamos dictando un curso de criminología y estamos trayendo en diciembre a especialistas de Colombia, Chile y Brasil para hablar de crimen organizado, ya que este es un problema evidentemente regional.
DATO
Complexo do Alemão
El Complejo de Alemão se extiende por unos 3 kilómetros cuadrados y tiene una población de 54.000 habitantes. Unas 15 favelas se asientan en la zona, que ha sido escenario frecuente de enfrentamientos entre la policía y los narcotraficantes que controlan ese territorio.
Pérez Guadalupe señala la influencia de las organizaciones criminales va más allá del concepto geográfico de las favelas, pues su área de influencia abarca las denominadas ‘comunidades’, que pueden agrupar decenas de estos asentamientos, como es el caso de los ‘complexos’ de Penha y Alemão.
«Hay una tendencia continental a favor o en contra de esa política mano dura y eso va a repercutir en el Perú»
-¿Qué tipo de repercusión pueden tener operativos como el de Brasil en el Perú? ¿Este impacto puede generar movimientos en el crimen local o impulsar las demandas de mano dura en el contexto electoral?
Yo veo tres efectos de esto. El inmediato va a ser la represalia de las facciones del Complexo do Alemão y las otras en Río de Janeiro que pueden seguir al Comando Vermelho si este reacciona. Puede que den una respuesta fuerte, sangrienta y es algo que ya se ha dado antes con el Primeiro Comando, que quemó comisarías. El segundo punto puede ser el efecto globo, es decir, que algunos cabecillas del CV salgan temporalmente del estado de Río de Janeiro y Brasil hacia Paraguay o Argentina para ocultarse un poco.
Un tercer efecto es el discursivo. Viendo los noticieros de Brasil, se observa que quienes han felicitado al gobernador Castro han sido Jair Bolsonaron, Javier Milei, Donald Trump y Nayib Bukele. Todos los políticos de derecha han elogiado el operativo. ¿Quiénes están en contra? Nicolás Maduro o hasta el mismo Lula da Silva, al igual que toda la izquierda.
Ahí tienes una tendencia continental a favor o en contra de esa política de mano dura y eso va a repercutir en el Perú. Especialistas sobre el tema de Brasil no hay muchos aquí y yo creo que nadie va a decir mucho sobre el tema porque se pueden ‘quemar’, pero en general no dudo que promotores de acciones más de mano dura como Rafael López Aliaga puedan tomar eso como referencia. Obviamente hay que tomarlo con pinzas porque cada situación es diferente y vamos a ver todavía la reacción del Comando Vermelho.
-¿Las redes de los grupos criminales se han hecho tan complejas que hemos alcanzado un punto de no retorno y se debe asumir que hay que convivir con ellos o todavía hay medios para contrarrestarlos?
Giovanni Falconi, juez y fiscal italiano, tenía una frase que nosotros citamos al final del nuestro libro: “La Mafia no es invencible, es un fenómeno humano y como todos los fenómenos humanos, tiene un principio, una evolución y tendrá un fin”. El crimen organizado regional, continental y hasta mundial ha sufrido una gran transformación y hablar de cárteles como el de Cali o Medellín ya queda para las novelas, para Netflix. Ahora funcionan de manera diferente.
Va a haber evoluciones, pero los grupos delictivos se van a quedar y por mucho tiempo, entre otras cosas, porque los estados no han tenido la capacidad de reaccionar adecuadamente. Los precios del oro suben y hay minería ilegal, los precios de la droga suben y tenemos narcotráfico: mientras haya economías ilegales que son el sustento de organizaciones criminales tenemos esto para rato, pero con las particularidades del caso.
Nuestro país no es consumidor de drogas y por eso no puede haber el tipo de organización que se ve en los grupos brasileños o venezolanos. En Brasil el eje central es el tráfico y consumo de drogas, pero aquí no las consumimos y no hay una guerra por el dominio de territorios para la venta de drogas. Son contextos diferentes en cuanto a fenomenología social y criminal.












