“Si volviera a nacer, escogería a Perú como mi país, al fútbol peruano como profesión y a Alianza Lima como mi equipo”. Teófilo Cubillas lo dijo alguna vez con la naturalidad de quien no necesita explicar demasiado para hablar de sus amores. Perú. El fútbol. Alianza Lima. Tres elecciones que terminaron siendo, en realidad, una sola historia. La del niño que llegó a convertirse en leyenda y que este lunes volvió a caminar por las calles que rodean Matute como si el tiempo no hubiera pasado.
“Si volviera a nacer, escogería a Perú como mi país, al fútbol peruano como profesión y a Alianza Lima como mi equipo”. Teófilo Cubillas lo dijo alguna vez con la naturalidad de quien no necesita explicar demasiado para hablar de sus amores. Perú. El fútbol. Alianza Lima. Tres elecciones que terminaron siendo, en realidad, una sola historia. La del niño que llegó a convertirse en leyenda y que este lunes volvió a caminar por las calles que rodean Matute como si el tiempo no hubiera pasado.
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El ‘Nene’ salió por la puerta de Occidente del estadio Alejandro Villanueva. Afuera lo esperaban periodistas, dirigentes y cientos de hinchas que rápidamente se convirtieron en miles. No era un día cualquiera. El hombre de la camiseta número 10 caminaba por el recientemente inaugurado Caminito Íntimo, un espacio que pretende convertir las calles de La Victoria en un recorrido por la memoria aliancista.
Cubillas avanzó despacio. Miró los murales. Se encontró con su propia imagen pintada en las paredes de las casas. A su lado aparecían César Cueto y Hugo Sotil, sus compañeros de aquel inolvidable tridente que hizo soñar al fútbol peruano. También estaban otros nombres que construyeron la historia del club.
Era extraño verlo caminar frente a su propia historia. Porque Cubillas no estaba mirando fotografías de un jugador cualquiera. Estaba observando una parte de su vida convertida en patrimonio de un barrio. El Caminito Íntimo nació precisamente con esa intención: recuperar el entorno de Matute y convertirlo en un circuito que celebre la identidad, la memoria y las figuras que hicieron grande a Alianza Lima.
Entonces llegó uno de los momentos más simbólicos. Frente a un enorme mural con su rostro, Cubillas subió una escalera. Tomó el marcador y dejó su firma. “Teófilo Cubillas, su amigo #10”, escribió. La imagen tenía algo de ceremonia. Como si el propio protagonista de la historia estuviera firmando una página que el barrio decidió guardar para siempre.
A su lado estaba Jaime Duarte, amigo y compañero de tantas jornadas. También dirigentes de Alianza Lima y el alcalde de La Victoria Rubén Cano. Pero alrededor había algo más importante: hinchas que querían acercarse, saludarlo, tomarle una fotografía o simplemente verlo. El ‘Nene’ todavía provoca eso.
Han pasado décadas desde que dejó de jugar profesionalmente. Sin embargo, su nombre conserva una fuerza especial. Diez goles en tres Mundiales. México 1970. Argentina 1978. España 1982. Un título de la Copa América en 1975. El reconocimiento como mejor jugador joven en México y el premio al mejor futbolista de Sudamérica en 1972.
Y también aquella frase de Pelé que terminó de colocar su nombre en la historia mundial: “No se preocupen, ya tengo sucesor: es Teófilo Cubillas”.
El brasileño no se equivocó. Cubillas fue incluido por la revista británica FourFourTwo entre los 100 mejores futbolistas de todos los tiempos. Su legado trascendió las fronteras del Perú mucho antes de que las redes sociales convirtieran a los futbolistas en figuras globales. Por eso la estrella que recibió este lunes tiene un significado que va más allá del hincha de Alianza Lima.
Claro que es aliancista. Lo fue desde que comenzó a jugar y lo sigue siendo cada vez que habla del club. Pero su historia también pertenece a todos los que alguna vez celebraron un gol de Perú, a quienes recuerdan aquella generación que se atrevió a jugar de igual a igual contra los mejores y a quienes descubrieron que un futbolista peruano podía ser reconocido en cualquier rincón del mundo.
En Matute, sin embargo, la historia adquiere otro color. Allí está el barrio. Allí están sus primeros recuerdos. Allí está el club que lo vio crecer. Y allí, en medio de ese camino que ahora lleva su nombre entre murales y estrellas, Cubillas volvió a encontrarse con el lugar que ayudó a convertirlo en leyenda.
Teófilo Cubillas firmando el mural con su imagen. (Foto: Jesús Saucedo / GEC)
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Teófilo Cubillas firmando el mural con su imagen. (Foto: Jesús Saucedo / GEC)
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La emoción terminó de aparecer cuando unas pequeñas niñas comenzaron a bailar música negra. Cubillas no se quedó mirando. Se sumó al baile. Sonrió. Aplaudió. Por unos instantes, el homenaje dejó de ser una ceremonia y se convirtió en una celebración.
Quizá esa sea la mejor manera de entender al ‘Nene’. No como una estatua. No como una fotografía en blanco y negro. No como un recuerdo detenido en México 70 o Argentina 78. Sino como alguien que todavía puede caminar por Matute, firmar un mural, conversar con los hinchas y bailar con unas niñas en una calle de La Victoria.
Después llegó el momento de develar la estrella con su nombre, cerca de la tribuna Occidente. Allí quedó Cubillas, junto a otras figuras que forman parte del recorrido histórico del Caminito Íntimo. El boulevard ya había incorporado murales y homenajes a distintas generaciones del club, incluyendo a Juan Jayo, José Soto, Jefferson Farfán, Wilmer Aguirre y al histórico tridente Sotil-Cubillas-Cueto.
(Foto: Jesús Saucedo / GEC)
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El ‘Nene’ tomó la palabra y dejó una frase que parecía escrita para ese momento. “Gracias de todo corazón por este honor que hoy me abruma. La vida es un camino largo y cada uno de nosotros, al caminarlo, dejamos huellas. Algunas se borran con el tiempo, otras quedan grabadas para siempre”. La suya quedó grabada hace mucho. En los Mundiales. En la selección. En la memoria de un país. Y, por supuesto, en Alianza Lima.
Por eso la estrella de Cubillas no es solamente un homenaje a un ídolo blanquiazul. Es también una forma de decirle a las nuevas generaciones quién fue aquel hombre que llevó el número 10, que hizo del balón una extensión de su pie derecho y que alguna vez fue señalado por Pelé como su sucesor.
El Caminito Íntimo puede ser una celebración del aliancismo. Pero cuando el nombre de Cubillas aparece en una de sus paredes, la celebración se vuelve mucho más grande. Porque el corazón del ‘Nene’ está en Matute. Pero su historia, hace mucho tiempo, dejó de pertenecer solamente a Alianza. Ahora también pertenece a todos los que alguna vez vieron jugar al más universal de nuestros futbolistas y entendieron que, por un instante, el fútbol peruano podía tocar el cielo.
(Foto: Jesús Saucedo / GEC)
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Y cuando terminó, con esa sonrisa de comercial, fue el turno del hincha que empezó a corear su nombre. “¡Cubillas corazón! ¡Cubillas corazón!”, gritaron. “El corazón del Nene está en Matute”, dijo alguno que le agradeció por los goles, las jugadas y las alegrías.



