lunes, junio 29

Participar en el Día1 Summit 2025 fue una valiosa oportunidad para compartir lo que, desde Nestlé, hemos aprendido observando de cerca al consumidor peruano. En estos meses al frente de la operación en Perú y Bolivia, he confirmado que nuestros consumidores no solo cambiaron en los últimos años: evolucionaron. Y hoy, nos exigen —con toda razón— estar a la altura.

Durante el evento, hablé sobre un concepto que considero clave: el consumidor se ha convertido en el primer accionista de nuestras marcas. Es él quien decide si seguimos o no en su vida, si formamos parte de sus momentos importantes, si logramos conectar de verdad. Esa decisión la toma todos los días, en cada compra, en cada experiencia, en cada clic.

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Ya no basta con ofrecer calidad. Hoy debemos estar presentes en todos los canales relevantes, de forma coherente, consistente y significativa. Esta omnicanalidad significa: cómo vendemos, cómo hablamos, y cómo relacionamos con quienes nos eligen en los distintos puntos de contacto.

Desde nuestro lado, hemos lanzado Tienda Nestlé, un espacio físico que nos permite tener contacto directo con nuestros clientes. Además, fortalecimos alianzas con supermercados, tiendas de conveniencia y plataformas digitales. Gracias a nuestros canales propios, accedemos a datos de primera mano que nos permiten conocer mejor a nuestros consumidores y responder con soluciones reales a sus necesidades. Porque no todos buscan lo mismo: algunos quieren un snack para compartir en familia; otros, un momento personal de pausa y disfrute.

Esa misma diversidad se refleja en nuestras marcas más queridas. Sublime, con casi un siglo acompañando y llevando sonrisa a los peruanos, ha evolucionado en formatos, manteniendo su propósito. D’Onofrio, con 127 años de historia, sigue siendo símbolo de cercanía, tradición y alegría. Son marcas que han sabido adaptarse sin perder su esencia. Y esa es la lección: evolucionar sin dejar de ser auténticos.

El Perú es un país hermoso, lleno de contrastes y oportunidades. Y el consumidor peruano es reflejo de esa riqueza. Nos reta a ser mejores, a innovar con sentido, a no bajar la guardia. Como líderes empresariales, no podemos darnos el lujo de mirar al costado. Debemos mirar al consumidor. Escucharlo. Y actuar.

Hoy más que nunca, el gran motor del cambio está fuera de nuestras oficinas. Está en las bodegas, en los celulares, en los hogares. Y si lo entendemos bien, ese motor no solo nos impulsará: también nos transformará.

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