lunes, enero 26

LEE: Javier Rabanal tras triunfo de Universitario: la advertencia a los refuerzos y el mensaje a César Inga | VIDEO

La escena ocurrió días después, en la Noche Crema 2026. Universitario goleó 3-0 a la Universidad de Chile y, entre los nombres que más aplausos arrancaron desde las tribunas, apareció el de Inga. No fue un gesto menor. El hincha suele percibir esas historias invisibles, las que no salen en la planilla de juego. Sabe cuándo un futbolista estuvo a punto de irse, cuándo su nombre sonó en otro país, cuándo el futuro estuvo a un paso de cambiar. Y también sabe reconocer cuando alguien se queda, no por comodidad, sino porque el camino aún no se termina de abrir.

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Los involucrados

Antes del amistoso, Álvaro Barco, director deportivo de Universitario, puso palabras a una negociación que se frustró por detalles tan fríos como determinantes. “Por un tema de porcentajes no se pudo concretar la venta, esperemos que él lo tome con calma. A mitad de año estamos seguros que podrá emigrar a un equipo mejor, lo importante es que estará con nosotros en esta Libertadores”, señaló. No hubo reproches ni dramatismo en el mensaje, solo la constatación de una realidad frecuente en el mercado sudamericano: el talento aparece, el interés también, pero las cifras no siempre alcanzan a todos los involucrados.

Porque en el caso de Inga, Universitario no era el único actor en la mesa. ADT, club que aún conserva un porcentaje del pase del futbolista, tenía una expectativa económica que no terminó de alinearse con la propuesta final. No hubo injerencia directa en la negociación, más allá de esperar que, una vez realizada la transferencia, se respetaran los porcentajes y los plazos acordados. Sin embargo, trascendió que ADT no habría aceptado el cierre de la operación al considerar que el monto a recibir era menor al esperado.

La historia, contada desde afuera, puede parecer un simple desacuerdo contractual. Pero, puertas adentro, tuvo un componente humano que explica por qué Inga terminó siendo uno de los más ovacionados en el Monumental. Incluso el propio futbolista, según se conoció, estuvo dispuesto a ceder parte de su porcentaje con tal de cumplir el sueño de emigrar. No siempre ocurre. No todos los jugadores están dispuestos a resignar dinero en nombre de una oportunidad. Inga sí. Y aun así, no alcanzó.

Las versiones sobre lo ocurrido circularon rápido. La periodista Andre Closa detalló, en RPP, los entretelones de una negociación que parecía encaminada y terminó desactivándose en el tramo final. Desde otras plataformas se reforzó la idea de que el principal escollo estuvo en la distribución del dinero, más que en la voluntad de las partes. Kansas City quería a Inga, el jugador quería irse, Universitario veía con buenos ojos la operación. Pero cuando los porcentajes entraron en escena, el acuerdo perdió equilibrio.

César Inga fue elegido el mejor jugador Sub 23. (Foto: Joel Alonzo)

Así, el fútbol volvió a mostrar su costado más crudo: no siempre gana el deseo. A veces gana la matemática. Y otras, simplemente, no gana nadie. Inga se quedó sin MLS, ADT sin la cifra que esperaba y Universitario sin un ingreso que hubiera ayudado a fortalecer sus arcas. Lo que quedó fue un futbolista con la cabeza llena de preguntas y un club que, puertas afuera, insiste en mirar el vaso medio lleno.

Porque Inga seguirá en Universitario y disputará la Copa Libertadores, ese escenario que también puede abrir puertas. Barco lo dijo con convicción: a mitad de año, la opción de emigrar volverá a aparecer. El mercado es cíclico y el talento, cuando es real, insiste. Mientras tanto, el jugador tendrá que transformar la frustración en energía, el aplauso en responsabilidad y la oportunidad frustrada en combustible.

En la Noche Crema, cuando el estadio coreó su nombre, quedó claro que el hincha entendió algo esencial: Inga no se quedó por falta de ambición, sino porque el fútbol —otra vez— decidió que todavía no era el momento.

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