miércoles, agosto 19

Las redes sociales suelen rescatar imágenes capaces de detener el tiempo. Esta vez fue un viejo carnet de identificación de la selección juvenil de Brasil el que despertó la nostalgia. En la fotografía aparece un joven de cabello largo, vestido con terno y una mirada que reflejaba la ilusión de quien recién comenzaba a perseguir un sueño. Era Julio César de Andrade Moura, el popular Julinho, muchos años antes de conquistar cuatro títulos nacionales con Sporting Cristal, disputar la final de la Copa Libertadores de 1997 y convertirse en uno de los extranjeros más queridos del fútbol peruano.

Las redes sociales suelen rescatar imágenes capaces de detener el tiempo. Esta vez fue un viejo carnet de identificación de la selección juvenil de Brasil el que despertó la nostalgia. En la fotografía aparece un joven de cabello largo, vestido con terno y una mirada que reflejaba la ilusión de quien recién comenzaba a perseguir un sueño. Era Julio César de Andrade Moura, el popular Julinho, muchos años antes de conquistar cuatro títulos nacionales con Sporting Cristal, disputar la final de la Copa Libertadores de 1997 y convertirse en uno de los extranjeros más queridos del fútbol peruano.

La credencial pertenece a la época en la que el delantero era considerado una de las grandes promesas del fútbol brasileño. Nacido en Salvador de Bahía, Julinho llegó a las divisiones menores del Vitória casi por casualidad. “Estaba jugando una pichanga cuando un periodista me vio y le dijo a mi papá que ya estaba para jugar en primera. Me llevó a una prueba cuando tenía 14 años, hice cuatro goles y ese mismo día me quedé”, recordó en una entrevista con Luis Guadalupe en su programa “La Fe del Cuto”. Así comenzó una historia que lo llevó al club de sus amores en Brasil. “Tengo tres clubes de mi corazón: Vitória, Flamengo y Sporting Cristal”.

Uno de los episodios que marcó su carrera tuvo como protagonista a un viejo amigo de la infancia: Bebeto, ídolo y campeón del mundo con Brasil en 1994. Ambos compartieron inferiores y crecieron futbolísticamente juntos.

Este es el carnet de Julinho emitido por la Confederación Brasileña de Fútbol. El ex jugador de Sporting Cristal tenía dieciocho años e integró una selección juvenil de su país.

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Julinho recuerdó que, con apenas 15 años, fue enviado a completar un entrenamiento del primer equipo cuando ni siquiera iba a integrar el banco en el partido de juveniles. El entrenador dudaba en hacerlo jugar debido a su contextura física. “Pesaba 55 kilos, era muy flaco y chiquito”, contó. Fue entonces cuando apareció Bebeto. “Le dijo al entrenador que me pusiera, que él se hacía responsable y que yo era mejor que el lateral izquierdo titular”. La apuesta dio resultado: Julinho marcó dos goles en la práctica y terminó siendo la gran noticia del día siguiente en los diarios de Bahía. “Cuando regresé a entrenar con menores, me dijeron que mi ropa ya no estaba ahí. Ya era jugador del primer equipo”.

Ese crecimiento lo llevó rápidamente a vestir la camiseta de Brasil. La convocatoria a la selección Sub 17 llegó casi al mismo tiempo que Bebeto era llamado a la Sub 20. “Fue una alegría inmensa. En esa época era muy difícil llegar a una selección brasileña. Mi papá siempre me recordaba los sueños que tenía y vestir la verdeamarela fue cumplir uno de ellos”, recordó. Aquella generación reunía a varios futbolistas que años después integrarían el plantel campeón del mundo en Estados Unidos 1994. Julinho compartió entrenamientos y vestuario con nombres como Aldair, Zinho y Neto, figuras que terminaron escribiendo su nombre en la historia del fútbol brasileño.

Su carrera, sin embargo, no estuvo exenta de obstáculos. Tras consolidarse en Vitória, Flamengo intentó ficharlo, pero las negociaciones terminaron convirtiéndose en una disputa entre ambos clubes. “Vitória pidió una cifra altísima y terminé siendo el jugador más caro del fútbol brasileño. Yo quería salir, pero me congelaron un año. Fue el primer golpe fuerte de mi carrera”. Luego pasó por Avaí -donde coincidió con un joven Jorge Fossati como arquero-, Treze, tuvo una experiencia en Italia y volvió en varias oportunidades a Vitória antes de que apareciera una propuesta inesperada desde el Perú.

Julinho fue una de las figuras de Sporting Cristal en la memorable Copa Libertadores de 1997.

Julinho fue una de las figuras de Sporting Cristal en la memorable Copa Libertadores de 1997.

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Fue su amigo Lula quien cambió el rumbo de su vida. El delantero recibió una oferta para jugar en Defensor Lima y pidió que Julinho también fuera incluido. Llegó casi como un desconocido, pero rápidamente empezó a llamar la atención con su velocidad, gambeta y capacidad goleadora. Dos temporadas después, Sporting Cristal apostó por él y el resto es parte de la historia del club rimense.

Entre 1994 y 1997 fue protagonista del histórico tricampeonato nacional, se consagró goleador del campeonato, fue elegido el mejor futbolista y mejor extranjero de 1995, además de convertirse en una de las figuras del equipo que alcanzó la final de la Copa Libertadores de 1997.

Con el paso de los años, Julinho dejó de ser únicamente aquel joven que soñaba con triunfar en Brasil para convertirse en un referente del fútbol peruano e incluso vestir la camiseta de la selección nacional tras nacionalizarse. Por eso, la aparición de ese antiguo carnet no solo despertó la curiosidad de los aficionados. También recordó el origen de una historia marcada por la perseverancia, la fe y las oportunidades. La del muchacho de cabello largo que un día fue respaldado por Bebeto, compartió camerino con futuros campeones del mundo y terminó escribiendo su propia leyenda, a miles de kilómetros de casa, vestido de celeste.

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SOBRE EL AUTOR

Periodista en Deporte Total de El Comercio desde 2018, el mismo año que Perú cumplió el sueño de volver a un Mundial. Siete años en el diario con coberturas de Eliminatorias, Copa América, Mundial, Juegos Olímpicos, Juegos Panamericanos, en vivo y streaming. Ver más
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