lunes, febrero 16

En el fútbol hay decisiones que parecen menores, pero que terminan sosteniendo proyectos enteros. La elección del asistente técnico de Mano Menezes -el estratega brasileño de 63 años que asumió la conducción de la selección peruana con la Eliminatoria rumbo al Mundial 2030- pertenece exactamente a esa categoría.

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No se trata solo de acompañar al técnico en la pizarra o en la banca. Se trata de construir un puente entre dos mundos: el del entrenador que llega, con sus códigos, metodología e idioma, y el del futbolista peruano y todas esas particularidades completas que lo acompañan.

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El área deportiva de la Federación Peruana de Fútbol, bajo la dirección de Jean Ferrari, lo entendió así: propuso a Menezes que su asistente sea peruano. El técnico, sin objeción, aceptó. Y allí empezó una búsqueda que, por estos días, mezcla nombres y perfiles.

En la mesa apareció Roberto Palacios, histórico de la selección, pero la evaluación aún no ha terminado. El objetivo es encontrar esa figura que, en la era Gareca, cumplió Nolberto Solano: alguien que hable el idioma del vestuario peruano, que conozca los códigos y, sobre todo, tenga el respeto de todos los futbolistas que llegan a la Bicolor.

Eso sí, Jean Ferrari le bajó el dedo al ‘Chorri’. “El asistente técnico peruano que se sume a Menezes tiene que tener una proyección de entrenador importante. A Roberto Palacios no lo tenemos contemplado”, señaló hace algunos días.

Menezes, presentado entre expectativas y urgencias, fue claro en su diagnóstico: el recambio es un deber. “Para encontrar jugadores contamos con un equipo calificado que nos ayudará en la observación y localización de talentos. Luego, se enviará a jugadores experimentados que sirvan como referencia para los nuevos. Para ello, se debe tener una conversación clara, cara a cara”, dijo.

Desde fuera, el puesto parece simplemente funcional. Desde adentro, es fundamental. Juan José Oré, técnico con una vida dedicada al fútbol formativo, lo describe así: “El asistente tiene un papel importante porque tiene que brindarle al técnico datos de los futbolistas para que los pueda conocer y hacer más accesible su trabajo. Tiene que conocer el fútbol peruano, pero también conocer el trabajo en divisiones menores porque estamos en una etapa de recambio generacional”. Oré habla desde la experiencia: en Universitario, en el tricampeonato entre 1998 y 2000, fue asistente de Oswaldo Piazza, y años después condujo a la Sub 17 al Mundial de 2007.

Oré agrega algo fundamental: “En la era Gareca, siempre nos preguntaba por los jugadores que habían pasado por las selecciones juveniles: Tapia, Flores, Polo. Ellos llegaron y fueron mundialistas”. La frase revela la importancia del cargo: cuando el asistente tiene el conocimiento adecuado, la transición entre menores y mayores es fluida.

En su primera experiencia desde el banquillo, Nolberto Solano asistió a Ricardo Gareca en la selección peruana para las Eliminatorias 2018 y 2022.

En su primera experiencia desde el banquillo, Nolberto Solano asistió a Ricardo Gareca en la selección peruana para las Eliminatorias 2018 y 2022.

/ RAUL ARBOLEDA

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Por su parte, Javier Arce, técnico peruano con recorrido en la Liga 1, apunta a un aspecto complementario: el manejo del vestuario. “Tiene que ser un tipo que tenga el respeto del universo de jugadores, pero eso no es todo. Creo que debe tener experiencia de dirigir en Liga 1 y Liga 2”, señala.

Para Arce, el asistente también amortigua tensiones, anticipa crisis, mantiene equilibrio entre los que juegan y los que no, y hace de puente emocional entre los futbolistas y el cuerpo técnico. “Debe saber comunicarse con los futbolistas, llevarse bien con el vestuario para ayudar en la comunicación a Menezes”, concluye.

Ernesto Arakaki, exseleccionado peruano y hoy operador clave en la formación juvenil, suma otra capa al debate: el asistente debe tener mil batallas propias. “Tiene que ser exseleccionado y tener 5 años de experiencia como entrenador”, explica. Para Arakaki, la elección ideal combina prestigio, conocimiento y lectura del fútbol peruano desde sus raíces. “Podría ser un conocedor del fútbol formativo, que conozca el universo de futbolistas jóvenes, cómo nos formamos, los vacíos de formación, nuestra identidad”. Su mirada apunta al futuro, pero con la memoria como punto de partida.

Así, mientras la FPF diseña este rompecabezas, el cargo adquiere una relevancia inesperada. No es solo acompañar a Menezes: es sostenerlo. No es únicamente analizar rivales: es conocer íntimamente al jugador peruano, sus tiempos, sus dudas, sus fortalezas ocultas.

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