martes, marzo 3

Durante décadas, los modelos tradicionales de gestión de patrimonios se construyeron bajo un supuesto implícito: el principal decisor financiero es el hombre. El asesor patrimonial estructuraba la estrategia con él, otorgando a las mujeres un rol secundario. Sin embargo, ese paradigma está cambiando de manera estructural.

Durante décadas, los modelos tradicionales de gestión de patrimonios se construyeron bajo un supuesto implícito: el principal decisor financiero es el hombre. El asesor patrimonial estructuraba la estrategia con él, otorgando a las mujeres un rol secundario. Sin embargo, ese paradigma está cambiando de manera estructural.

Hoy las mujeres controlan aproximadamente un tercio de los activos financieros globales y esa proporción continúa creciendo. De acuerdo con McKinsey & Company (2025), representarían cerca del 45% de la riqueza financiera hacia el final de la década, siendo el segmento de mayor crecimiento a nivel global. Este avance responde al mayor traspaso de riqueza intergeneracional, a la mayor longevidad femenina así como al incremento sostenido de mujeres empresarias, ejecutivas e inversionistas independientes.

El cambio no es únicamente cuantitativo. Las mujeres suelen invertir con horizontes más largos, diversifican y priorizan la estabilidad patrimonial, y la planificación del legado. Adicionalmente, evidencian mayor disciplina y consistencia en sus decisiones, factores determinantes para la acumulación de riqueza en el largo plazo.

En Scotiabank hemos observado este proceso de cerca. Actualmente, ya alrededor del 40% de nuestra base de clientes de alto patrimonio está conformada por mujeres. Más allá de la cifra, lo relevante ha sido comprender sus expectativas: valoran profundamente la educación financiera como herramienta para tomar decisiones con mayor seguridad y autonomía.

Con esa premisa diseñamos un programa de tres días que integró contenidos técnicos —inversiones, economía, sucesión, legado y gobierno en empresas familiares— junto con espacios dedicados a liderazgo femenino, gestión emocional y búsqueda del sentido de propósito.

La experiencia confirmó una hipótesis relevante: el interés de las mujeres trasciende al de la maximización de la rentabilidad. Existe una búsqueda de comprensión integral, de confianza en sí mismas y de conectarse como comunidad. La conexión entre las participantes fue tal que decidieron mantener el vínculo más allá del programa.

Así, el futuro del Wealth Management no estará definido únicamente por la incorporación de la IA y de herramientas digitales, sino por la capacidad de entender que cada segmento de clientes requiere una propuesta y modelo de atención diferentes. La mujer no será solo una receptora de riqueza; será su principal arquitecta. Las instituciones que comprendan este cambio estructural estarán mejor posicionadas para liderar la siguiente etapa del negocio de gestión de patrimonios

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