El reciente principio de acuerdo al que ha llegado el presidente estadounidense con la OTAN deja en suspenso, por el momento, las pretensiones de apoderarse de esta región autónoma que está bajo la tutela de Dinamarca, pero puso sobre la mesa lo que realmente está en juego en esa frontera final.
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Según estimaciones del Servicio Geológico de Estados Unidos, el Círculo Polar Ártico -que abarca el 4% de planeta- tendría unos 160 mil millones de barriles de petróleo sin descubrir y entre el 25% y el 30% de las reservas de hidrocarburos no descubiertas, además de la joya de la corona: los minerales de tierras raras, que se han vuelto imprescindibles para el desarrollo de la tecnología.

Por eso, los Cinco del Ártico (Rusia, Noruega, Canadá, EE.UU. y Dinamarca), que son los países con soberanía en el territorio y que tienen derecho a los recursos en su Zona Económica Exclusiva, saben que cuentan con un acceso privilegiado. Si durante los años 90 había un ambiente de cooperación y de preocupación por el medio ambiente, ahora no quieren perder ni un pedazo de hielo.
Y un actor expectante es nada menos que China, que se describe a sí misma como un “estado casi ártico”, pero ya entró en la carrera por tener mayor influencia en la región. Según señala la BBC, Beijing ha intentado adquirir puertos de Noruega y Suecia, así como un aeropuerto en Groenlandia, pero no tuvo éxito, por lo que está cooperando con mayor entusiasmo con Rusia, que controla nada menos que la mitad de la costa ártica.
El deshielo y el comercio
Gran parte del interés de las potencias está también en las rutas comerciales que se están abriendo en el polo norte, debido al deshielo del ártico que se está acelerando por el cambio climático.
Un estudio elaborado por las universidades de Colorado y Gotemburgo señalan que el ártico se está calentando cuatro veces más rápido que el resto de planeta desde 1979, afectando los ecosistemas, la fauna y las poblaciones locales.
Si antes los barcos podían navegar solo en la temporada de verano por la Ruta del Mar del Norte (que atraviesa aguas territoriales rusas) y el Paso del Noroeste (aguas canadienses), ahora lo pueden hacer casi todo año. Esto está permitiendo reducir el tiempo para las rutas marítimas, haciendo el transporte más barato. Por ejemplo, el trayecto entre Asia y Europa por el Ártico es un 40% más corto que la ruta convencional del Canal de Suez, además que no limita el tamaño de los barcos y es más seguro, pues en la zona no está la amenaza de los piratas que suelen acechar en el Cuerno de África o el mar de China meridional. Esto ha hecho que el tráfico marítimo haya aumentado un 37% entre el 2013 y el 2023, según el Consejo del Ártico.
Las riquezas minerales
El deshielo también está poniendo al descubierto tierras que antes eran muy difíciles de explorar para la minería, teniendo en cuenta que es un territorio muy rico en petróleo, gas natural y metales preciosos como el oro, la plata, el zinc, diamantes y rubíes; además de níquel, cobalto y los llamados minerales de tierras raras, esenciales para los autos eléctricos, los celulares y la tecnología que sostiene la inteligencia artificial.
Según la revista “Arctic Review”, el paisaje ártico está dotado de yacimientos generosos de elementos de tierras raras, desde neodimio y praseodimio hasta terbio y disprosio, muchos de los cuales son fundamentales para la transición energética.
“Groenlandia, casi en su totalidad, está conformado por rocas muy antiguas y en ellas hay más probabilidades de encontrar metales raros, como el litio o el uranio. Debido a que el territorio está cubierto de capas de hielo, es probable que debajo se encuentre el mineral concentrado. A lo largo de los años, el Servicio Geológico de Dinamarca, en colaboración con el Servicio Geológico de Estados Unidos, han emitido reportes de existencia de ciertos metales gracias a análisis químicos, físicos y hasta perforaciones. Entonces, ya se conoce que hay numerosos minerales críticos”, comenta a El Comercio el doctor Aldo Alván, director de la Escuela de Ingeniería Geológica de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
Estos recursos se han vuelto cruciales para determinar la geopolítica global e inclinar la balanza entre las potencias. Sin embargo, pese al calentamiento global, aún se hace difícil y costoso extraer este tipo de minerales en el territorio ártico pues muchos de los depósitos estarían en áreas inexploradas del Círculo Polar Ártico, donde todavía la capa de hielo es muy gruesa y reina la oscuridad durante casi todo el año.
Para ello, aún se necesita el desarrollo de una tecnología muy avanzada y específica para poder cortar el hielo y levantar el material, lo que también conllevaría a una polémica degradación ambiental debido al impacto ecológico que traería deshielar el ártico de manera más acelerada.
“Sí habría consecuencias muy fuertes. En el caso del ártico, las exploraciones siempre han sido restrictivas porque las condiciones climáticas son horribles, de hasta 40 o 50 grados bajo cero. Entonces, una perforación o producción a tajo abierto sería bastante costoso, aunque no imposible. El problema es que, cuando lo hagan, claramente van a tener que deshacerse de una gran masa de hielo y el problema climático se va a acentuar”, refiere Alván.
Para el geólogo, los puntos polares son claves para el planeta. “Si una parte de uno de los polos se derrite, eso se va a reflejar inmediatamente en subidas del nivel del mar”.
En el caso del petróleo y el gas natural, los países árticos ya han estado extrayendo estos hidrocarburos desde hace décadas, como Rusia, Noruega y Estados Unidos.
“Rusia ya está presente en el Ártico. De hecho, la mayor parte de Siberia, por ejemplo, se encuentra en el Ártico. Debido al deshielo, esta zona cobrará mayor importancia geopolítica y comercial, pero es poco probable que llegue a ser más importante que otras regiones del planeta”, considera Rubens Duarte, profesor de Relaciones Internacionales del Instituto Meira Mattos, experto en seguridad y coordinador de Labmundo.
Militarización
Pero el polo norte no solo está abriendo un nuevo escenario comercial, sino que se ha vuelto crucial en el rompecabezas geopolítico pues es una zona de encuentro entre Rusia y los países de la OTAN. De hecho, es el camino más corto entre EE.UU. y Rusia, y en un hipotético escenario de confrontación, el ártico se convertiría en protagonista.
“Es cierto que Groenlandia tiene reservas de petróleo y minerales. Sin embargo, en la actualidad se extrae muy poco. La isla se encuentra en desventaja económica y necesita el apoyo de Dinamarca para equilibrar sus finanzas públicas. Siempre es positivo asegurar el control de los recursos naturales relevantes, pero esto por sí solo no bastaría para explicar el reciente interés de Estados Unidos”, refiere Duarte.
Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, los rusos entendieron que era un lugar crucial para establecer bases militares y operan allí una importante flota submarina de buques espías y nucleares. Del mismo modo, Estados Unidos, Dinamarca, Noruega y Canadá promovieron la construcción de radares y sistemas de alerta temprana para evitar cualquier disparo de misiles desde Rusia.
Actualmente, hay 66 sitios militares y cientos de instalaciones y puestos de avanzada de defensa en el Ártico, según la Fundación Simons, una organización canadiense que monitorea la seguridad de la zona. De estos, 30 están en Rusia y el resto en los países de la OTAN con territorio ártico: 15 en Noruega (incluida una base británica), ocho en Estados Unidos, nueve en Canadá, tres en Groenlandia y uno en Islandia.
DATOS
- China intentó comprar puertos marítimos en las costas árticas de Noruega, así como un aeropuerto en Groenlandia, pero los acuerdos no fueron aceptados.
- En octubre del 2024, la guardia costera china entró por primera vez en el ártico en una patrulla conjunta con fuerzas militares rusas.




