Si en un contexto normal es difícil para los equipos sumar de a tres en los más de 3 mil metros de altura del Cusco, para la Universitario lo fue doblemente. En una ciudad que obliga a caminar con un respirador artificial al lado, la ‘U’ tuvo que batallar con el siempre peligroso Cusco FC y las decisiones arbitrales que -aún en estas horas posteriores al encuentro- en Ate consideran polémica. Un 1-1 con sabor amargo, casi de derrota, por un gol de VAR que llegó en el último suspiros, por una decisión que aún se mastica buscando explicaciones.
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Pero la ‘U’ no fue un equipo sometido, sino uno pragmático: cuando recuperaba, atacaba con tres toques y corría con la convicción de quien sabe que la altura también puede dolerle al rival. Así llegó la jugada más clara del primer tiempo: a los 15 minutos, Valera quedó mano a mano, libre, con tiempo, con espacio, con la oportunidad pintada en el césped. Pero su remate, incomprensiblemente, se abrió hacia un costado. El capitán se tomó la cara, sus compañeros miraron al suelo, la tribuna cusqueña respiró. Era un gol que el fútbol, por alguna razón misteriosa, decidió negarle.
El delantero, sin embargo, no se derrumbó. Por el contrario, siguió atacando, presionando, peleando cada pelota como si fuese la última. Y el premio llegó en el segundo tiempo. A los 58 minutos, luego de una jugada por derecha en la que Carabalí hizo gala de su despliegue inagotable -subía y bajaba sin acusar los casi 3.500 metros de altura-, el ecuatoriano envió un centro lento y raso hacia atrás. Valera aprovechó la desatención de sus rivales y apareció como un cazador, controló, giró y definió. Gol. Grito de desahogo. 1-0 y la sensación de que Universitario empezaba a construir un triunfo valioso.
La administración del resultado, sin embargo, dejó más dudas que certezas. Rabanal decidió cerrar líneas demasiado pronto. Retiró a Alzugaray, su segunda referencia ofensiva, para incluir a Murrugarra como volante de marca, y reemplazó a Ancajima por Corzo, buscando mayor seguridad defensiva en la banda. La ‘U’ retrocedió metros, defendió cerca de su arco y, aunque por momentos resistió bien, también le entregó la iniciativa a un Cusco FC que encontró en los centros su vía más insistente. Tanto así que, en uno de ellos, el VAR llamó al árbitro Kevin Ortega para revisar una mano -o falta-, aún no queda claro- de Williams Riveros, quien había ingresado en el inicio del segundo tiempo por el lesionado Santamaría.
El defensor paraguayo pasó de la incredulidad a la furia en segundos. Pérez Guedes, reclamando con la pelota en la mano, se ganó una amarilla por protestar mientras repetía al cuarto árbitro: “Es increíble que cobren esto”.
El penal se ejecutó a los 89 minutos. Facundo Callejos tomó la pelota, respiró y remató fuerte, seco, imposible para Romero. 1-1. Silencio crema. Euforia local. Quedaban pocos minutos, pero el golpe emocional ya estaba dado.
Hubo incluso un gesto curioso que retrató el momento del equipo: cuando Corzo ingresó, Valera intentó entregarle la banda de capitán. El lateral, símbolo del club, no quiso aceptarla de inmediato, devolviéndole el brazalete para reafirmar el liderazgo del delantero. Una escena breve, pero cargada de significado.
Al final del encuentro, José Carabalí aportó una declaración que refleja la sensación del vestuario crema: en zona mixta, confesó que, tras la jugada, algunos compañeros fueron testigos de un diálogo con el árbitro en el que Kevin Ortega manifestó que había sido un error cobrar el penal. “Algunos compañeros comentaron que el árbitro Kevin Ortega dijo que se equivocó. No fue penal”, señaló Carabalí en declaraciones recogidas por L1MAX, agregando un matiz que intensifica aún más la percepción de injusticia que vivió Universitario en el tramo final del compromiso.
Al final, la noche dejó enseñanzas. Universitario mostró orden, intensidad y valentía para jugar un partido complejo. Pero también expuso que retroceder demasiado pronto puede ser costoso, incluso letal, en estadios donde el rival ataca por inercia.
Diego Romero, figura indiscutible, lo resumió con frustración: “No merecíamos el empate. Se perjudica a la U. Para mí no fue nada”. Una declaración que refleja el ambiente con el que los cremas abandonaron el Garcilaso: un punto que sabe a poco, un penal que duele y una sensación de que la victoria se escapó entre protestas, centros y un minuto fatal.
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