Estamos por iniciar un nuevo año escolar y, como cada marzo, miles de familias en el país renuevan esfuerzos y expectativas en torno a la educación de sus hijos. El inicio de clases suele estar cargado de ilusión, pero también debería ser una oportunidad para una reflexión más profunda: ¿están nuestros niños recibiendo realmente una educación de calidad que les permita aprender, desarrollar pensamiento crítico y formarse como los ciudadanos que el país necesita?
Estamos por iniciar un nuevo año escolar y, como cada marzo, miles de familias en el país renuevan esfuerzos y expectativas en torno a la educación de sus hijos. El inicio de clases suele estar cargado de ilusión, pero también debería ser una oportunidad para una reflexión más profunda: ¿están nuestros niños recibiendo realmente una educación de calidad que les permita aprender, desarrollar pensamiento crítico y formarse como los ciudadanos que el país necesita?
Alcanzar una educación de calidad requiere un enfoque integral que atienda al menos tres dimensiones clave. La primera es la infraestructura escolar. Contar con locales seguros y bien equipados no es un lujo, sino una condición mínima para que el proceso de aprendizaje pueda darse en condiciones dignas. A ello se suma la calidad y la formación continua de los docentes, quienes deben cumplir un rol fundamental como guías y agentes de cambio dentro del aula. Finalmente, están las condiciones de los estudiantes, muchas veces marcadas por problemas como la anemia, la falta de conectividad o el limitado acompañamiento socioemocional, factores que inciden directamente en su capacidad de aprender y desarrollarse plenamente.
Frente a estas brechas, existen iniciativas impulsadas desde la sociedad civil y el sector privado que buscan aportar soluciones concretas. Un ejemplo es el Reto Ruralia de EsHoy, orientada a identificar y reconocer propuestas innovadoras con alto potencial de impacto y escalabilidad para fortalecer las intervenciones educativas en las zonas rurales del Perú, y en cuya edición 2025 tuve la oportunidad de participar como miembro del comité evaluador. Iniciativas como esta cumplen un rol clave al articular esfuerzos, visibilizar buenas prácticas y acelerar soluciones que, en coordinación con el Estado, pueden luego escalarse.
En un año electoral, la educación no puede seguir siendo solo una promesa de campaña. Requiere autoridades comprometidas, con visión de largo plazo y capacidad de dar continuidad a una de las prioridades más importantes para el desarrollo del país. Invertir en educación es apostar por el futuro, un futuro que empieza hoy, en cada aula que decidamos mejorar y en cada niño que pongamos en el centro de nuestras decisiones.




