`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
La primera orden era llevar 700 soldados para ocupar el territorio, mientras la dictadura negociaría con los británicos unos cuantos meses. Luego, tres semanas después, la cifra creció a 12 mil efectivos. Apostados en unas islas sin caminos, con soldados pésimamente abastecidos. Cuando los británicos hundieron el crucero Belgrano, el buque insignia de la marina argentina, el 2 de mayo de 1982, las islas quedaron sin abastecimiento. La historia de la Guerra de la Malvinas es una historia épica que habla de sacrificio, pero también de torpezas en la cadena de mando e improvisación a todo nivel.
La primera orden era llevar 700 soldados para ocupar el territorio, mientras la dictadura negociaría con los británicos unos cuantos meses. Luego, tres semanas después, la cifra creció a 12 mil efectivos. Apostados en unas islas sin caminos, con soldados pésimamente abastecidos. Cuando los británicos hundieron el crucero Belgrano, el buque insignia de la marina argentina, el 2 de mayo de 1982, las islas quedaron sin abastecimiento. La historia de la Guerra de la Malvinas es una historia épica que habla de sacrificio, pero también de torpezas en la cadena de mando e improvisación a todo nivel.
MIRA: Sang Jung, el chef que dejó su vida en Seúl para sumarse a Central, el restaurante peruano considerado el mejor del mundo
Para el escritor argentino Eduardo Sacheri, uno de los invitados más esperados a la Feria Internacional del Libro de Lima, su proyecto original era escribir una novela de la guerra de las Malvinas, que abarque tanto la guerra de los soldados como la de los civiles. Aquella que se libró en las islas, así como la que se reflejó en el continente. La guerra real y la guerra imaginaria vivida intensamente por los argentinos. Sin embargo, confiesa, cuando se abocó a escribirla, algunos puntos de vista de los personajes parecían disonantes. Tipos que toman café en un bar del centro de Buenos Aires, una mujer que trabaja en el cuerpo diplomático argentino, las familias de los soldados. Finalmente, decidió dividirlas en dos novelas. Ambas se publicaron en Argentina el año pasado: “Demasiado lejos” y “Qué quedará de nosotros”, dos historias tan independientes como complementarias. Una escrita con la lógica de la isla y la otra, desde el continente. Se trata de entretejer muchas voces, salvo las del poder que toma las decisiones.
Maradona y su revancha simbólica contra Inglaterra en México 86.
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
― ¿Es una decisión de autor eliminar el ruido político, sacar a generales y dejar que sea la gente sin poder la que cuente las historias?
Me interesaba la gente común en la guerra. En “Demasiado lejos”, por ejemplo, hay escenas en la Casa Rosada, pero los protagonistas son un mozo y un cocinero. No Galtieri ni sus generales. Y en Qué quedará de nosotros, no son los generales que toman las decisiones en las islas, sino un mayor, un teniente y algunos soldados rasos. Eso me resultaba mucho más fecundo.
― El cineasta Juan José Campanella decía que lo tuyo es contar historias de gente común, donde lo cotidiano se vuelve épico. ¿Dónde radica la épica cuando se lucha en una guerra que se sabe perdida?
Pocas posibilidades más épicas que esa. Es la épica vaciada del éxito. Las principales batallas de infantería en la guerra de Malvinas se pelean los últimos días de la guerra, cuando no hay manera de que Argentina pueda evitar la derrota. Y me resultaba más interesante meterme en la cabeza de esos soldados. Arriesgar la vida me parece una decisión definitiva e irrevocable y quería pensar qué es lo que nos puede llevar a hacerlo. Tomar esa decisión sabiendo que no hay premio. No había pensado eso antes de escribir la novela. Solo cuando me puse a investigar la guerra en detalle. Para poder escribirla tuve que documentarme mucho. Para los soldados de infantería, la guerra de las Malvinas no fue un continuo de batallas, fue una espera. Casi dos meses de espera en posiciones fijas. Y cuando se produjo el combate, ya estaba decidido de antemano. Me interesaban esas decisiones insondables que tenían que tomar hombres de a pie, a veces muy jóvenes otras no tanto: ¿me rindo o no me rindo? ¿Me escondo o no? ¿Peleo o no peleo? Desde la comodidad de mi vida, no tengo idea de quiénes hacen bien y quienes mal. Yo no soy quién para juzgar ni a unos ni a otros. Pero sí me parecía interesante asomarme a esas disyuntivas existenciales que aparecen en los testimonios de los veteranos.
― Es curioso que en “Qué quedará de nosotros” la guerra aparezca a la mitad de la novela. Comienzas con la noticia de la ocupación y su impacto en los argentinos. “Qué día formidable”, dice alguno. ¿Fueron los argentinos ingenuos? ¿Cómo se pudo considerar como una fiesta nacional esa reivindicación?
Hay que remontarse a lo que son las Malvinas para los argentinos desde hace mucho tiempo. Los militares de la dictadura no inventan un sueño. Ese sueño ya existía. Si bien las islas están en poder británico desde 1833, hasta la década del treinta era un tema de agenda diplomática. Argentina de vez en cuando reclamaba a los británicos y los británicos le daban largas al asunto. Pero desde entonces el tema bajó la sociedad y en los años cuarenta ingresó la escuela. En los mapas de la Argentina, empezó a pintarse a las islas del mismo color que el resto del país y se las nombra como “Islas Malvinas Argentinas”. Está la marcha de las Malvinas que se canta en la escuela de vez en cuando. Hay toda una construcción de nacionalidad vinculada con la recuperación de ese territorio. Y sobre ello se monta el desembarco de 1982. Ahí se produce una situación equivoca. No importaba que fueran los militares de la dictadura los que llevaran a cabo esta empresa, la sociedad argentina se subió a esa alegría. Nadie pensaba que empezaba una guerra. Eso es muy notorio cuando te pones a investigar tanto la parte diplomática como la militar. Hoy se dice que la guerra de Malvinas empieza el 2 de abril con el desembarco argentino y no es verdad. La guerra empieza después, cuando Margaret Thatcher ordena el envío de su flota. Pero la sensación en la Argentina era que el asunto terminaba con el desembarco, pues el mundo iba a entender que esas islas le pertenecían a la Argentina. Por eso, en las semanas sucesivas, la sensación en Argentina era casi de extrañeza: “¿Por qué los británicos envían una flota?, ¿Por qué las Naciones Unidas votaron en contra de la pretensión de la Argentina? La idea de Nación, de Patria, es muy poderosa. Y sigue siendo así. Esa notoria ingenuidad que vos detectás tiene que ver con eso.
― ¿Cómo fue tu investigación? Cuánto sirve realmente la cobertura periodística de la época?
La cobertura periodística fue lejana, porque en general no hubo periodistas, salvo los primeros días, cuando la guerra no se sentía como una amenaza. Y claro, el periodista que queda es de la televisión pública. Los medios están en manos de los militares, con lo cual se genera un discurso único triunfalista, completamente sesgado. Pero es muy interesante ver cómo los medios privados, diarios y revistas, se plegaron mayoritariamente a ese discurso. Habían descubierto que la gente quería leer buenas noticias: que íbamos a ganar la guerra y que los británicos no tenían chance aunque desembarquen. Es una ficción que en el país la sociedad argentina decidió construir y sostener hasta el 14 de junio de 1982, cuando se produjo la rendición. Esa ficción no solo sostuvo el optimismo la sociedad, sino una enorme dualidad en nuestra vida cotidiana.
Eduardo Sacheri se presentará en la edición 30 de la Feria Internacional del Libro de Lima.
/ Carlos Michilot
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
― Curiosamente, Argentina va a jugar el Mundial del 82 en esos días.
Argentina debuta en el Mundial el día anterior a la rendición. Debuta el domingo contra Bélgica y se rinde el lunes.
― En la novela muestras que perder contra Bélgica parecía un anticipo de la derrota real para la tropa.
Quería poner la cámara a la altura de la gente. Por supuesto hubo gente que sostuvo la racionalidad necesaria como para entender que esto era una locura. Pero no fueron la mayoría. La mayoría de la sociedad se dejó ganar por el triunfalismo y el chovinismo.
― ¿Qué fuentes te permitieron construir tu historia?
Por un lado, libros de historia militar que analizan el conflicto. Una literatura muy específica, para la que debes entender sus diagramas, sus mapas, sus terminologías. Muchos libros de memorias autoeditados, y muchos testimonios de veteranos. En Internet encuentras centenares de entrevistas, muchas entre veteranos de la guerra, que cuentan su día a día en las islas.
― Leyendo tu novela, no puedo creer aún el grado de improvisación de la operación militar. ¿Es real que la lógica de los militares fue ocupar y luego negociar? ¿Cómo explicas ese error de cálculo tan evidente?
Yo lo puedo constatar, pero no puedo explicarlo. El gobierno militar asesorado por el canciller Nicanor Costa Méndez, se basó en el antecedente del canal de Suez, nacionalizado por Nasser. Aunque la reacción inicial de británicos y franceses fue invadir y recuperarlo, la comunidad internacional les dice que pertenecía a Egipto. Algo parecido sucede con el canal de Panamá y las protestas de 1964, que terminaron en los tratados Torrijos-Carter. La dictadura pensó que podían hacer lo mismo, contando con una opinión internacional favorable. Y confiaban también en la muy buena relación que tenía el dictador Galtieri con Ronald Reagan. Pensaban que él iba a interceder para que la sangre no llegue al río.
«Que quedará de nosotros»
Autor: Eduardo Sacheri
Editorial: Alfaguara
Año: 2025
Páginas: 408 páginas
― Pero Reagan se inclinó por Thatcher.
Reagan mandó a Alexander Haig, su secretario de Estado a Londres y Buenos Aires para negociar. A diferencia de Carter, quien tenía malos vínculos con los militares argentinos, Reagan mantenía una buena relación con Galtieri. Y Argentina lo estaba apoyando en su política en Centroamérica. Sin embargo, confiar en esos apoyos fue un error garrafal. Y donde erraron completamente fue en calcular la reacción de Thatcher. La creyeron una primer ministra acorralada por los problemas internos de Gran Bretaña, en la primera etapa de sus reformas neoliberales, con una opinión pública absolutamente crítica y enojada. Imaginaron que Thatcher no iba a querer distraerse con ese conflicto, cuando en realidad, despertaron un fervor nacionalista en Gran Bretaña. Así, el gobierno de Thatcher se benefició (del mismo modo que el argentino) de poner entre paréntesis los problemas locales para enfocarse en el objetivo internacional. Y ella salió sumamente fortalecida políticamente, tanto que permaneció una década en el poder.
― Siempre tenemos en la memoria la solidaridad peruana con la Argentina en Guerra. Pero realmente sirvieron de algo los aviones enviados por el gobierno de Belaúnde? En tu novela explicas que, desde el continente, el vuelo era muy largo y solo contaban con 10 minutos de acción bélica, mientras los británicos tenían un portaviones.
Digamos que los Mirage peruanos tienen más valor simbólico y de fraternidad continental. Aún los argentinos recordamos mucho esos Mirage peruanos recibidos y camuflados para no involucrar al régimen peruano en el conflicto. Y se recuerda también la mediación de Belaúnde Terry, del mismo modo que no se olvida, en sentido totalmente inverso, la actitud muy benévola del dictador Pinochet hacia las fuerzas británicas.
― ¿Cuántas víctimas se registraron tras la guerra?
Un total de 649 víctimas del lado argentino (322 víctimas del hundimiento del Belgrano) y 255 de soldados británicos.
― ¿Cómo quedó la guerra en la memoria de la gente?
A lo largo de los años, la memoria ha ido cambiando. El pasado no cambia, pero la memoria sí. De entrada, te diría que esa memoria fue, sobre todo, un silencio. Nadie quiso escuchar a los combatientes. Nadie quería recordar la guerra. No solo por la derrota, sino por la incomodidad social de despertar con la derrota y advertir que se había enviado soldados con pésima preparación, apoyando a la dictadura en una aventura postrera para tratar de mantenerse en el poder. Así, durante muchos años, los soldados no tuvieron con quién hablar. Y eso perjudicó mucho sus posibilidades de procesar lo sufrido.
― ¿Hubo alguna instrumentalización política de la guerra?
Te diría que la izquierda ha evolucionado en esta dirección, sobre todo a partir de los gobiernos kirchneristas, reivindicando a los soldados rasos y condenando a los militares de carrera. Lo curioso es que el kirchnerismo instaló el 2 de abril como feriado. Un régimen que se siente absolutamente distante de los militares, sin embargo toma el día del desembarco como una efeméride. Por otro lado, la derecha hace una reivindicación más redonda de la cuestión. Mientras tanto, hay soldados que se sienten víctimas de las maniobras de los militares y soldados que se despegan de esa imagen y se sienten próximos a sus tenientes o sargentos. Así como hubo soldados que se sintieron, y con razón, maltratados, torturados, vilipendiados por sus jefes, hubo otros que se sintieron amparados y cuidados todo lo que se pudo.
― Una de las consecuencias de la Guerra de las Malvinas fue el final de la dictadura y la pérdida del poder del ejército, terminando la lógica de los golpes militares ¿Cuál es el actual papel del ejército en la Argentina?
La democracia argentina es hija de la derrota militar. Fue tal el descrédito de las Fuerzas Armadas con la derrota que pasaron décadas en las que su lugar fue absolutamente marginal. El gobierno de Milei despertó críticas por la compra de aviones para la Argentina, modelos que tienen como 30 años, comprados a Dinamarca. Son las primeras aeronaves compradas desde esa época. A nadie se le ocurre, por el momento, que surja un discurso pro militar, salvo de algún trasnochado en Twitter.
«Demasiado lejos»
Autor: Eduardo Sacheri
Editorial: Alfaguara
Año: 2025
Páginas: 432 páginas
― Cuatro meses después, Argentina se enfrentó contra Inglaterra en el mundial de México 86. Los dos goles de Maradona se vivieron realmente como una reivindicación?
Completamente. Fue una revancha. Y aquí me pongo descriptivo, porque no es algo racional o justificado. Sin embargo, emocionalmente, ese partido se vivió en la previa desde la angustia. Perder con los ingleses en el 86 hubiera sido como redoblar el dolor y la humillación. Racionalmente, no son comparables una cosa con la otra. Pero emocionalmente iba todo en el mismo paquete. Y te diría también que la elevación de Maradona a mito nacional viene de ese partido. Hasta ese día, Maradona era un gran jugador al que no le había ido bien en el Mundial de España 82. Jugó muy bien en Argentinos Juniors y salió campeón con Boca, pero los demás hinchas solo lo tenían como un gran jugador. No era el amor agradecido que Maradona suscitaría a partir de entonces. Porque ganarle a Inglaterra en el 86, con esos dos goles tan diferentes entre sí, uno pícaro, ladino, ilícito, pero por eso significativo y el segundo de un arte inolvidable, es algo que se repetirá a lo largo de los años. Es muy importante ese partido en un montón de sentidos. En el 86, la sociedad argentina necesitaba ganar. Luego el país volvió a jugar contra Inglaterra en otros mundiales, pero ya sin esa carga de angustia y de necesidad.
Además…
A saber
La Feria del Libro de Lima se realizará del 22 de julio al 6 de agosto en el Centro de Exposiciones Jockey, de Santiago de Surco. Las entradas están disponibles en Teleticket. Gracias al Club, obtén el 20% dto. en entradas. Descubre más AQUÍ.



