La primera vez que Ecuador fue invitado de honor en la Feria Internacional del Libro de Lima fue en el 2010. Hasta ese momento se hablaba de un aislamiento, de un lento sacudirse del regionalismo y de la aparición de autores jóvenes instalados en la modernidad literaria. En la comunidad literaria local se percibía aún el complejo de no tener un representante en el dichoso ‘boom’ latinoamericano, ausencia que llevó, en los años setenta, a que Carlos Fuentes inventara, en broma, al autor ecuatoriano Marcelo Chiriboga para cubrir ese vacío. Hoy, ese chiste un tanto soberbio del autor mexicano ha perdido toda su gracia, pues la proyección actual de las letras ecuatorianas resulta evidente. Nombres como Gabriela Alemán, María Fernanda Heredia, Leonardo Valencia, Solange Rodríguez, Sabrina Duque o Eduardo Varas son algunos ejemplos.
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En el vecino norteño, una celebrada tradición ha sido, desde hace décadas, la del libro ilustrado para los lectores más pequeños, algo que, para el artista ambateño emana de la tradición pictórica del país. Ycaza, cuyos libros son publicados en buena parte por el Fondo de Cultura Económica, asume influencias que van desde la combinación entre belleza y crueldad de la virreinal Escuela Quiteña hasta las pinturas de Eduardo Kingman, quien fuera referente esencial para Guayasamín. “Ecuador me dio las raíces para convertirme en lo que soy. Pero siempre he tratado de ver las cosas de una manera universal. Por eso, en mi gráfica, no me quedo solo en mi territorio”, explica.
“Los niños poseen una mirada perspicaz e inquieta. Mezclan la ingenuidad con la rebeldía. Con esa perspectiva, pueden ocurrir muchas cosas”.
En efecto, en sus ilustraciones, Ycaza logra reflejar el paisaje de su país, rico en tradiciones orales, leyendas y mitos ancestrales, pero también puede crear espacios universales para que lectores de otras latitudes puedan identificarse. Asimismo, aunque no olvida que el núcleo de su trabajo está dirigido a la infancia, intenta ofrecer una mirada amplia, con la esperanza de que sus libros-álbum sean disfrutados también por los adultos, al abordar temas complejos como la migración, la muerte o el desplazamiento. ¿Y cómo se le habla a un niño sobre la violencia?, le preguntamos a propósito. “Primero, sin subestimarlos”, advierte. “Ellos poseen una mirada distinta: perspicaz, inquieta. Mezclan la ingenuidad con la rebeldía y, con esa perspectiva, pueden ocurrir muchas cosas. “Obviamente, hay que buscar un lenguaje tal vez más reducido y muy puntual. Muchas veces cuento una historia solo con imágenes, y cuando trabajo en un libro así, es lindísimo. El hecho de no tener texto permite que los niños empiecen a contar sus propias historias”.
Además…
A saber
Roger Ycaza presentará el libro “Diabluras” (Fondo de Cultura Económica), el 23 de julio a las 4:00 p.m. en la FIL Lima 2026, en el distrito de Surco.














