Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
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“Mucho de lo que vemos en inversión privada responde a decisiones tomadas meses atrás, antes de que existiera la posibilidad de un candidato con un discurso anti-inversión. Esto se refleja en que, en abril, las expectativas empresariales a tres meses ingresaron a terreno pesimista después de 23 meses y se mantuvieron allí en mayo”, señaló.
Las perspectivas para la inversión dependerán de los resultados oficiales, que podrían conocerse antes de la quincena de julio. De ello dependerá si la inversión se desacelera en el segundo semestre o mantiene un desempeño positivo.
“En la medida en que las expectativas se deterioraron en abril y mayo, podrían haberse generado algunos impactos sobre las decisiones de inversión en esos meses. Sin embargo, aún no los observamos porque se trata de decisiones que se materializarán entre junio y agosto”, explicó Gallardo.
Por su parte, Luis Eduardo Falen, profesor de Economía de la UP, sostiene que el segundo trimestre será favorable y que la economía ha iniciado el año con dinamismo, independientemente de los resultados electorales inmediatos. Sin embargo, advierte que el desempeño futuro estará determinado por las expectativas empresariales.
“Si comparamos los episodios más cercanos en los que se enfrentaron candidatos de derecha e izquierda, observamos que el efecto PPK aportó alrededor de 0,5 puntos porcentuales al crecimiento del PBI, mientras que el de Castillo restó 1,3 puntos —en base a datos de Apoyo Consultoría—. Esa podría ser una referencia”, recordó.
Aunque el escenario político es relevante, el mayor riesgo estructural para la economía es la eventual ocurrencia de un Fenómeno de El Niño. Según Falen, de concretarse, tendría consecuencias negativas sobre la producción agropecuaria y la pesca. Gallardo añade que, dependiendo de su intensidad, el impacto también podría extenderse al transporte y a la infraestructura de conectividad.
“Quizás el principal riesgo, más allá del frente político, sea un posible Fenómeno de El Niño. De concretarse, definitivamente sería el factor que más habría que vigilar”, comentó Falen.

Fenómeno El Niño.
/ ERNESTO BENAVIDES
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Gallardo complementa indicando que “en la zona de riesgo tenemos el Fenómeno del Niño y la sostenibilidad fiscal. Si el Ejecutivo tiene que amarrar el presupuesto, la inversión pública se podría resentir. Por otro lado, la atención de la emergencia involucrará más gasto público que podría impulsar sectores como construcción, pero golpeará al agro y a la pesca”
Si bien las expectativas de inversión se han debilitado, en el mercado de valores los agentes económicos muestran un marcado optimismo ante una eventual victoria de la candidata de derecha.
Al cierre de la jornada del martes, la acción de Credicorp en Wall Street avanzaba 9,2%, el ETF EPU subía 5,5%, y Buenaventura ganaba 2,5%. Asimismo, el tipo de cambio cerró en S/ 3,39, con una caída de 420 puntos respecto de la jornada previa.
Según Leonardo Baptista, jefe de Asesoría de SURA Investments, una victoria de Keiko Fujimori podría generar una reacción positiva en los mercados, especialmente en las acciones vinculadas al sector financiero, impulsando una recuperación adicional de la Bolsa de Valores de Lima. En contraste, una eventual victoria de Roberto Sánchez podría generar aversión hacia los activos locales y propiciar salidas de capitales, como ocurrió en 2021.

Traders on the floor at the New York Stock Exchange
/ Michael Nagle
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En este contexto, resulta difícil anticipar cómo cerrará el mercado el segundo trimestre. Durante los primeros meses del año mostró un desempeño favorable, impulsado por un mayor apetito global por riesgo. Sin embargo, conforme avanzó el proceso electoral y se acercó la primera vuelta, los inversionistas adoptaron una postura más cautelosa.
“Tras el 7 de junio, el mercado reaccionó inicialmente con nerviosismo. Los sectores más afectados fueron el minero y el financiero, que suelen ser los más sensibles a cambios en las expectativas económicas y regulatorias”, destacó Baptista.

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En el mercado de bonos, los soberanos de largo plazo se vieron presionados no solo por factores externos, como las tensiones geopolíticas y el repunte de la inflación, sino también por la incertidumbre asociada al proceso electoral. Como resultado, sus rendimientos alcanzaron niveles que no se observaban desde hacía varios meses, aunque la tendencia se corrigió conforme avanzó el conteo de votos.
“Hacia adelante, el comportamiento de los bonos dependerá en gran medida de la confianza que genere el próximo gobierno. Los inversionistas estarán atentos a la composición del equipo económico, la continuidad de la política monetaria, el respeto a la autonomía del Banco Central y las señales de estabilidad macroeconómica”, precisó.
Por su parte, Falen recordó que la bolsa limeña acumulaba un rendimiento cercano a 14% en lo que va del año. Con el escenario actual, dicho avance podría moderarse; sin embargo, consideró que seguirá predominando el apetito por la renta variable en los mercados internacionales y, particularmente, en los emergentes, aunque con mayor volatilidad en el corto plazo.
Por otro lado, el dólar —que se mantuvo débil frente al sol durante gran parte del año— ha registrado un repunte hasta niveles cercanos a los S/ 3,41. No obstante, este movimiento aún no revierte la apreciación acumulada de la moneda peruana en lo que va del año, señala Gustavo Ayala Maura, Lead FX Perú de Rextie.
“La variable política es el principal factor de corto plazo para el mercado cambiario peruano. El estrecho margen entre los candidatos y la ausencia de un resultado definitivo han elevado la volatilidad y llevado a inversionistas y empresas a demandar coberturas en dólares. No obstante, el impacto electoral se ve amortiguado por la credibilidad del BCRP, el elevado nivel de reservas internacionales y la profundidad del mercado cambiario local”, indicó.
Un escenario adverso podría generar una mayor demanda de dólares y presiones alcistas sobre el tipo de cambio, añadió Ayala. Según Gallardo, ello también tendría un efecto desfavorable sobre la inflación, que podría cerrar el año por encima del rango meta.














