El Congreso cerró la legislatura 2024-2025 con un gran pendiente: los reglamentos que definen los lineamientos para el funcionamiento de la Cámara de Diputados y Senadores. Sin estas herramientas normativas, el panorama es incierto para el Parlamento que tendremos a partir del 2026. Los partidos políticos –sobre todo los que están dentro del Congreso– y sus candidatos deberían estar preocupados porque entran a una campaña electoral a ciegas respecto de los lineamientos que delimitarán el accionar del nuevo Congreso.
Existen cuatro propuestas desde el 2024, pero la Comisión de Constitución del Congreso no priorizó ningún debate. Una de las propuestas –la más importante– es la que se presentó en marzo del presente año, la cual surgió de un comité técnico del servicio parlamentario, cuyo trabajo fue recogido por los vicepresidentes Patricia Juárez (Fuerza Popular) y Alejandro Cavero (Avanza País).
De esta propuesta de marco normativo, recojo dos puntos importantes: la disposición para que no se puedan conformar nuevas bancadas en ninguna circunstancia; y el procedimiento de vacancia por incapacidad moral en doble instancia: una primera votación en la Cámara de Diputados y una segunda votación en el Senado.
También existen vacíos por definir, como la valla de votos en el Senado, que podrá aprobar, modificar o enviar al archivo lo enviado por la Cámara de Diputados. Milagros Campos, una de las especialistas en temas legislativos más reconocidas en el ámbito académico, ha advertido que en el Senado se podrían tomar decisiones con el voto de menos de la mitad de sus miembros. Es decir, con menos de 20 votos, un escenario que podría afectar la legitimidad de dichas decisiones. En esa línea, resulta necesario instaurar una mayoría calificada para evitar cuestionamientos de legitimidad a las decisiones del Senado.
De los otros proyectos en cola, hay muy poco que rescatar. Pero el debate es amplio y requiere de tiempo, que el Congreso ya ha perdido al priorizar otros temas de menor relevancia para el país. La Comisión de Constitución ya cerró funciones y en agosto debe cambiar de presidencia, donde se rumorea que el control podría pasar de Fuerza Popular a Alianza para el Progreso. Son pocos los congresistas que tienen el perfil adecuado para la labor de definir los lineamientos del nuevo Congreso. Es atendible la demanda de aquellos que consideran que este Parlamento no tiene la solvencia para dicha labor, pero no podemos dar inicio a la nueva era bicameral con un reglamento unicameral.
El nuevo Parlamento necesita una ruta para empezar, y este Congreso debe realizar el mayor esfuerzo necesario para dar esa guía. No puede ser que el actual Congreso esté más preocupado en cómo dejar a su personal partidario enquistado en la planilla que en diseñar el marco normativo de la era bicameral.
Una vez instalados, la representación bicameral tendrá en sus manos realizar los ajustes y modificaciones necesarios para un mejor funcionamiento. La esperanza es lo último que se pierde, a pesar de todo lo que nos deja la era unicameral.














