sábado, marzo 7

Cada vez más nos vamos a dormir con el celular al lado, a solo 30 centímetros, un hábito que estaría pasando factura a nuestra calidad de sueño. La causa no estaría tanto en la radiación que emite el dispositivo, sino en la tentación constante de tenerlo al alcance y usarlo.

Cada vez más nos vamos a dormir con el celular al lado, a solo 30 centímetros, un hábito que estaría pasando factura a nuestra calidad de sueño. La causa no estaría tanto en la radiación que emite el dispositivo, sino en la tentación constante de tenerlo al alcance y usarlo.

No son solo conjeturas. Un metaanálisis con más de 36.000 participantes concluyó que el uso excesivo del smartphone aumenta en 228% el riesgo de presentar mala calidad de sueño.

MIRA: Los ultraprocesados son el “nuevo tabaco”: un estudio vincula su consumo con 47 % más riesgo cardíaco

El principal responsable es la luz emitida por las pantallas LED. La luz azul suprime la melatonina al engañar al cerebro y hacerle creer que aún es de día. Esto retrasa su liberación y fragmenta la arquitectura del sueño.

Pero no se trata solo de luz. Responder un WhatsApp o hacer ‘doomscrolling’ en TikTok antes de dormir mantiene el cerebro en estado de alerta. Un estudio en estudiantes de medicina halló que el uso nocturno del smartphone se asociaba con un peor descanso.

En paralelo, investigaciones recientes han explorado posibles efectos no térmicos de las radiofrecuencias. Un estudio que simuló exposición ambiental con dispositivos que operan en 2,45 GHz —similar al wifi o bluetooth— encontró que el grupo expuesto reportó peor calidad subjetiva de sueño y alteraciones en la variabilidad de la frecuencia cardíaca frente al placebo. No son conclusiones definitivas, pero sugieren que algunas personas podrían ser más sensibles a la presencia constante de dispositivos electrónicos durante la noche.

Otra investigación sobre señales 5G de 3,6 GHz detectó cambios en los husos del sueño durante la fase N2, el sueño ligero que representa cerca del 50% del descanso total. El efecto dependía de la genética: solo portadores de ciertas variantes del gen CACNA1C mostraron alteraciones en el electroencefalograma. Esto indica que, de existir un impacto, no afectaría a todos por igual.

Con todo, la evidencia es clara en un punto: el mayor enemigo no es la radiación, sino el hábito. Tener el móvil a 30 centímetros del rostro facilita mirarlo, y mirarlo activa el cerebro cuando debería desconectarse. Por eso, los expertos recomiendan medidas básicas de higiene del sueño: alejar el dispositivo al menos un metro de la cama, activar el modo avión y establecer una “hora sagrada” sin pantallas antes de dormir. No se trata de blindar la habitación, sino de romper el círculo que convierte la mesilla en una extensión de la oficina y las redes sociales.

Share.
Exit mobile version