lunes, mayo 18

“Mejor no digo nada y llevo la fiesta en paz”. Es probable que, en más de una ocasión de nuestra vida profesional, hayamos decidido quedarnos callados antes de enfrentar una situación incómoda. Incluso solemos escapar con mayor frecuencia de los conflictos que consideramos menores, convencidos de que no vale la pena generar tensiones.

Sin embargo, esos silencios no desaparecen: se acumulan, siembran resentimientos y terminan escalando tensiones con nuestros colegas u otras personas de nuestro entorno corporativo. En estos casos, dejamos pasar situaciones que generan incomodidad, percepciones de inequidad, comentarios hirientes, desacuerdos estratégicos, faltas de reconocimiento, entre muchos otros. Todos ellos afectan los vínculos personales y pueden derivar en conflictos corporativos.

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Al autor, psicólogo y profesor de liderazgo en la escuela de negocios IMD, George Kohlrieser, señala que evitar un conflicto es como dejar un “pez bajo la mesa”: todos lo ven, todos lo huelen, pero nadie quiere lidiar con él; salvo que alguien lo retire, termina contaminando todo el ambiente. Esta metáfora, utilizada frecuentemente por Kohlrieser, ilustra como los conflictos callados generan espacios tóxicos, y nos invita a “poner el pez sobre la mesa”; es decir a enfrentar la situación, sin demoras, a través del diálogo.

¿Y a quién le corresponde esta tarea? A todos los miembros de la organización, empezando por quiénes la lideran. Los líderes deben ser los primeros en admitir que hay un problema no tratado u “oculto” y abrir el espacio para la discusión aunque resulte difícil. Afrontar los conflictos, a través de una comunicación abierta y directa, es esencial para recomponer vínculos profesionales y para que una organización funcione de manera sana y sostenible.

Los conflictos siempre existirán; el éxito está en resolverlos poniendo el tema “sobre la mesa”, con apertura y transparencia.

Así, cuando identifiquemos un conflicto silenciado y no resuelto, nuestra primera pregunta debería ser: ¿Dónde está el pez? Si permanece bajo llave en un cajón, es una señal de alerta y el momento de actuar. Ese es el instante para ejercer liderazgo y transformar la situación en una oportunidad de resolución.

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