En 1999, cuando todavía estaba en el colegio, Rodolfo Espinoza Ríos escribía en una máquina de escribir en el comedor de la casa de sus abuelos. Entre una tarea de ciencias naturales y otra de biología, reservaba algunas hojas para una historia que terminaría ocupando cerca de 200 páginas. No sabía entonces que aquel primer guion sería más de dos décadas después inspiración de “Santidad”, su primer largometraje.
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“Santidad” llega a las salas durante la espera, emocionante para muchos peruanos, de la visita del Papa León XIV a Lima, Chiclayo, Cusco y Pucallpa del 11 al 17 de noviembre. Pero una cosa no se relaciona con la otra. “No podría encontrar un punto de encuentro (con el arzobispo), porque el Papa Prevost no se acerca a este personaje por ningún lado”, sostiene el cineasta.
En tono de comedia, al compás del narrador de cuento y con expresiones en quechua, la película construye su encanto. En el centro, el arzobispo deja ver sus contradicciones, como una marcada atención por la belleza femenina y un lenguaje poco compasivo, rasgos que ponen en entredicho la solemnidad de su investidura para el pueblo. “El objetivo era hacer una crítica al poder utilizando personajes que son muy característicos de las narraciones andinas. (…) Este personaje hubiera caído tranquilamente sobre un alcalde, un militar o un hacendado”, dice el director.
La historia, sin duda, constrasta con un país donde el catolicismo todavía representa al 67% de los adultos, según una encuesta de Pew Research Center realizada en 2024. “En el Perú, creo que somos católicos, pero no necesariamente creyentes. Somos católicos culturales”, dice el director. Él se confiesa más cusqueño que creyente. “Pero, si estoy en Cusco en Semana Santa, no me pierdo la procesión del Señor de los Temblores”, sostiene en una parte de la entrevista.

