Durante más de una década, Keiko Fujimori fue la antagonista, pero a partir de julio le tocará ser la protagonista.
Una cosa es ser oposición, manejar los hilos del poder desde el Congreso con una bancada de más de 70 o de 20 congresistas, o establecer alianzas para vacar o sostener a una presidenta, siempre sin ser señalada como la responsable directa de todo lo que se haga; y otra muy diferente es ser la figura principal que tiene que dar la cara por lo que ella misma haga, o lo que hagan o dejen de hacer todos a su alrededor.
Ya desde estos días Keiko Fujimori es el tema principal de la historia. Lo de Roberto Sánchez es cada vez más marginal; es el nuevo antagonista que se niega a cumplir su nuevo papel, por lo que quedará fuera del escenario o con un papel de extra.
Hay temas de interés, como la conformación del Gabinete, la relación con el Congreso, la relación con la oposición. Otros prefieren hablar de los grandes proyectos, las grandes reformas y las enormes transformaciones. Y algunos ya ven el fin del antifujimorismo.
Hay enormes retos que el nuevo gobierno tendrá por delante, desde la lucha contra la delincuencia, el fenómeno El Niño, la lucha contra la minería ilegal y muchos más que, si son enfrentados con eficiencia, sí pueden cambiar el rumbo de la historia del país.
Pero todos estos desafíos no los enfrenta una sola persona ni un Gabinete. Los enfrenta y gestiona un enorme grupo de trabajo que no puede seguir siendo el mismo o parecido al que durante estos últimos años ha tenido las riendas y el manejo de los ministerios o de otras instituciones vitales para la marcha del Estado o la atención de los ciudadanos.
Por eso, antes de soñar con cualquier reforma o proyecto, hay que pedirle a Keiko Fujimori, si realmente quiere hacer bien las cosas, que rompa con su pasado reciente y las ‘amistades’ peligrosas que han estado o que han acompañado al fujimorismo durante estos cinco años, sea en el Congreso o en otros lugares.
No podrá hacer un gobierno que marque la diferencia si mantiene ‘cuotas’ de poder por compromisos anteriores asumidos con ‘socios’ del Congreso actual; si asimila a ministerios y otras instituciones a excongresistas o exfuncionarios cuestionados o cuestionables por favores, votaciones o apoyos recientes; si ‘respeta’ acuerdos o ‘parcelas’ entregadas en el pasado reciente.
El orden debe empezar por casa, y debe empezar a hacerse visible desde el primer día a través de los nombramientos y decisiones que marquen un antes y un después en instituciones claves como Essalud, la Sunedu y otras.
La principal reforma y desafío está en el fujimorismo mismo y su forma de ejercer el poder, generar alianzas y formar equipos. Si mantiene o ‘camufla’ a los que se aprovecharon de las instituciones del Estado y su presupuesto, nada habrá cambiado.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.




