El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, comparó este domingo al Gobierno de EE.UU. con los nazis y lo acusó de aplicar una “política genocida” contra la isla que busca “apropiarse de todo el país”.
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“Es ilegal y es criminal martirizar a un pueblo sólo para provocar que se rebele contra su Gobierno”, añadió.
Al acto, bajo el lema “Mi Moncada es la patria”, acudieron altos cargos del Gobierno y del Partido Comunista de Cuba (PCC, único legal), pero no el expresidente Raúl Castro, referente político del país, ni su nieto Raúl Guillermo Rodríguez Castro, persona de contacto oficiosa con Washington.
Su discurso mantuvo un tono crítico y combativo con EE.UU. y en ningún momento Díaz-Canel mostró su disposición a un diálogo entre iguales -como repitió en meses previos- ni se refirió a posibles contactos entre ambos países.
Díaz-Canel reconoció que la isla se encuentra “en uno de los momentos más difíciles de su historia”, “una batalla histórica” con jornadas de “desafiante crudeza”, por los apagones “de más de un día” y el deterioro general de la calidad de vida.
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Por eso, argumentó, es una “prioridad estratégica” para Cuba implementar los “cambios profundos y necesarios” que conlleva el paquete de 176 reformas recientemente aprobado, que busca liberalizar, abrir al exterior y descentralizar la economía de planificación central de la isla.
Se trata, a juicio de los expertos, del mayor plan de transformación de la economía cubana desde el triunfo revolucionario de 1959, que acabó estableciendo un sistema político-económico de corte socialista y estatista.
Estas reformas, agregó Díaz-Canel, buscan un “saneamiento macroeconómico” del país, atraer la “inversión responsable” y estimular a los trabajadores, teniendo siempre como objetivo “el mayor grado de justicia social” y el apoyo a los grupos vulnerables.
El presidente llamó a los cubanos a “no tener miedo a los cambios” y reiteró que Cuba, como “país soberano”, tomará de forma independiente sus “decisiones políticas, económicas y sociales”.












