En medio de un año marcado por lamentables fallecimientos de estudiantes universitarios que, según testigos, habrían sido presuntos suicidios, se evidencia una preocupante tendencia al deterioro de la salud mental entre los jóvenes. En ese contexto, hoy 13 de enero, en el marco del Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, El Comercio recibió en exclusiva los resultados del más reciente Estudio de Salud Mental en Universitarios 2025, elaborado por el Consorcio de Universidades.
El informe fue aplicado a cerca de siete mil estudiantes de pregrado de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), la Universidad de Lima y la Universidad del Pacífico, y advierte la urgente necesidad de atender el bienestar emocional para prevenir consecuencias trágicas.
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El estudio, basado en una encuesta aplicada a un total de 6.978 estudiantes de pregrado, ofrece una radiografía actualizada de la salud mental de los jóvenes en un contexto pospandemia. Del total de encuestados, el 37 % presenta síntomas severos y extremadamente severos de ansiedad, mientras que el 29 % reporta síntomas severos y extremadamente severos de depresión.

Asimismo, los indicadores de ideación suicida continúan siendo alarmantes. El 34 % de los universitarios manifestó haber sentido que la vida no vale la pena; el 36 %, haber deseado estar muerto; y otro 34 %, haber pensado en quitarse la vida, aunque sin intención inmediata de hacerlo. Más grave aún, el 16 % llegó a considerar seriamente el suicidio o a planificarlo, y el 13 % reportó haber intentado quitarse la vida alguna vez.
En diálogo con El Comercio, Beatriz Canessa, jefa del Departamento Psicoterapéutico de la Universidad de Lima, explicó que estos resultados no solo buscan medir los niveles de ansiedad y depresión en los jóvenes, sino también analizarlos en relación con otras variables, como la motivación y la autoeficacia académica.

Entre los hallazgos considerados “positivos”, el estudio revela que, pese a los elevados niveles de ansiedad y depresión, el 54 % de los estudiantes percibe su rendimiento académico como bueno o muy bueno.
“Estos resultados evidencian una paradoja preocupante; los estudiantes continúan ‘funcionando’ académicamente, pero lo hacen cargando altos niveles de ansiedad, depresión y agotamiento emocional. Si esta situación no se aborda de manera oportuna, el costo para su salud mental y su trayectoria académica puede volverse insostenible”, sostuvo Canessa.

La especialista añadió que, tras la pandemia, se pensó que el retorno a la presencialidad universitaria traería consigo una mejora en la salud mental de los jóvenes. Sin embargo, las pérdidas familiares y los cambios en la situación económica representaron nuevos desafíos. “Además, el regreso a la interacción social mantuvo elevados niveles de ansiedad, debido a las propias exigencias que implicó el retorno a las aulas después de la pandemia”, señaló a este Diario.
Canessa también subrayó la importancia de la intervención del Estado, al considerar que la salud mental debe abordarse de manera integral. “Desde nuestro rol como educadores y personal administrativo de las universidades peruanas, es necesario promover una cultura de vida emocional saludable que no solo incluya a los estudiantes, sino también a los docentes, quienes son agentes de primera línea”, indicó.
Concluyó que, para ello, resulta clave capacitar a los profesores en la detección oportuna de casos críticos de salud mental.
Un problema que trasciende la universidad
La depresión no es un problema exclusivo de los jóvenes, sino que afecta a distintos grupos etarios. En ese contexto, el Departamento de Emergencia del Instituto Nacional de Salud Mental “Honorio Delgado – Hideyo Noguchi” compartió sus datos más recientes correspondientes a todo el año 2025. El informe se elaboró a partir de una muestra representativa de 14 mil personas adultas de todo el país.

Uno de los principales hallazgos señala que los síntomas depresivos o ansiosos constituyen la principal causa de atención, con un total de 3.084 casos. De ellos, 2.024 correspondieron a mujeres (65,4 %) y 1.070 a hombres (34,6 %). Además, dentro de este grupo, 2.074 personas presentaron tendencias suicidas. El instituto también registró que, durante 2025, 758 pacientes intentaron suicidarse.
El grupo de mayor riesgo es el de adultos jóvenes de entre 18 y 24 años, con un total de 635 atenciones por síntomas depresivos o ansiosos, lo que evidencia la necesidad urgente de implementar programas preventivos, especialmente en instituciones universitarias.
Asimismo, la población femenina duplica la cantidad de consultas registradas en comparación con la masculina, lo que podría reflejar barreras de acceso o estigmas que dificultan la búsqueda de ayuda entre los hombres. Esta situación resulta especialmente preocupante si se considera que ellos presentan tasas más altas de suicidio consumado.
Entre sus conclusiones, el estudio resalta que una de cada cinco consultas atendidas estuvo relacionada con síntomas depresivos o ansiosos, y que los jóvenes y adultos jóvenes son los grupos más afectados.

Al respecto, el doctor Javier Saavedra, director ejecutivo de la Oficina de Apoyo a la Investigación y Docencia Especializada del instituto, señaló a El Comercio que estos resultados confirman que los problemas de salud mental figuran entre los principales desafíos de salud pública en países en desarrollo. “La depresión es real, existe y la podemos padecer todos. Nadie está libre. Es una enfermedad que puede afectar a cualquier persona en distintos momentos de su vida”, enfatizó.
Saavedra explicó que este trastorno genera una disminución en la productividad de quienes lo padecen, lo que impacta no solo en el ámbito laboral, sino también en la vida familiar, social y en el cuidado personal. “Es una enfermedad que afecta la vida de las personas en su totalidad, no solo a quien la padece, sino también a los seres queridos que lo rodean, quienes también sufren sus consecuencias”, indicó.
Finalmente, el especialista llamó a tomar conciencia sobre la importancia de estar atentos a la salud mental propia y de la familia. “Hay señales de alerta, como cambios repentinos en la forma de ser de una persona o una disminución en su participación en actividades sociales, que no deben pasarse por alto”, concluyó.
Si tú presentas o conoces a alguien con tendencias suicidas, pide ayuda. El Ministerio de Salud (Minsa) tiene disponible a nivel nacional la Línea 113, donde profesionales brindan orientación y contención, así como los Centros de Salud Mental Comunitarios, que ofrecen atención gratuita y confidencial. También se puede acudir a cualquier establecimiento de salud donde los servicios de emergencia están preparados para atender estos casos.
Recomendaciones para el cuidado de la salud mental de jóvenes universitarios
Mensaje dirigido a madres, padres y personas cuidadoras
Dra. Natalia Ascurra Cano – médico psiquiatra de la Dirección de Salud Mental
La etapa universitaria representa un periodo de importantes cambios, exigencias académicas, presiones sociales y decisiones sobre el futuro. En este contexto, la depresión puede afectar a jóvenes que, aunque aparenten fortaleza, atraviesan situaciones de sobrecarga emocional, soledad o desesperanza. Por ello, el rol de la familia es fundamental para la prevención oportuna y el acompañamiento cercano.
· Cambios prolongados en el estado de ánimo, aislamiento, irritabilidad constante, abandono de actividades que antes disfrutaban, alteraciones del sueño o del apetito, o dificultades académicas pueden ser señales de alerta que requieren atención. Además, el uso problemático de alcohol y otras sustancias en universitarios se asocia a mayor riesgo de pensamientos e intentos suicidas, especialmente en varones.
· Es importante generar espacios de diálogo donde las y los jóvenes puedan expresar cómo se sienten sin miedo a ser minimizados o cuestionados. Evite frases como “eso pasará” o “no es para tanto”. Escuchar con atención y empatía fortalece la confianza y puede marcar la diferencia.
· Muchos universitarios que tienen pensamientos suicidas no necesariamente dicen estar deprimidos. Por eso, no espere a que su hijo “pida ayuda”. Pregunte con frecuencia cómo se siente, escuche sin juzgar y evite minimizar sus preocupaciones. Sentirse escuchado y acompañado por la familia es un factor protector clave frente al suicidio.
· Preguntar cómo están, interesarse por su día a día y mostrar disponibilidad para acompañarlos, respetando su autonomía, contribuye a que se sientan comprendidos y sostenidos.
· Incentivar rutinas saludables como el descanso adecuado, la alimentación balanceada, la actividad física y la organización del tiempo ayuda a proteger la salud mental.
· Hablar abiertamente sobre la importancia de acudir a un profesional de salud mental cuando se necesita apoyo contribuye a reducir el estigma. Buscar ayuda a tiempo es una acción de cuidado y fortaleza, no de debilidad.
· Si un joven expresa ideas de no querer vivir, sentirse una carga o no encontrar sentido a su vida, es fundamental tomarlo en serio y buscar ayuda inmediata. El acompañamiento oportuno puede salvar vidas.














