¿Qué tienen en común un dispositivo de eye-trackingusado en neurociencia y un método de cálculo desarrollado por los incas, un ‘like’en redes sociales que puede —o no— convertirse en acción frente al cambio climático y retazos de algodón que podrían transformarse en parches biomédicos? Son tres novedosos proyectos liderados por talento femenino que muestran el importante y creciente rol que tienen las mujeres en la ciencia, causando importantes impactos en rubros tan variados como la educación, ambiente y salud.
¿Qué tienen en común un dispositivo de eye-trackingusado en neurociencia y un método de cálculo desarrollado por los incas, un ‘like’en redes sociales que puede —o no— convertirse en acción frente al cambio climático y retazos de algodón que podrían transformarse en parches biomédicos? Son tres novedosos proyectos liderados por talento femenino que muestran el importante y creciente rol que tienen las mujeres en la ciencia, causando importantes impactos en rubros tan variados como la educación, ambiente y salud.
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Sin embargo, a pesar de los grandes científicos logros alcanzados por mujeres en la historia, los números siguen rezagados en cuanto a la paridad de géneros respecta, donde según datos de la Unesco solo el 30% de las personas dedicadas a la investigación son mujeres; una realidad de la que no escapa el Perú, donde solo el 34% del total de investigadores en el Registro Nacional Científico, Tecnológico y de Innovación Tecnológica (Renacyt) son mujeres.
Esta brecha hace que sean relevantes iniciativas como el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, festividad que se celebra cada 11 de febrero y que busca resaltar el rol de las científicas en la generación del conocimiento, así como atraer e inspirar a las nuevas generaciones de talento para apostar por una carrera en las ciencias.
Uno de las entidades que ha buscado cerrar de esta brecha ha sido la Universidad de Lima, que a través de su Instituto de Investigación Científica ha financiado durante los últimos cinco años unos176 proyectos de investigación liderados por mujeres, con una inversión de más de 11,8 millones de soles, orientados a generar conocimiento aplicado desde distintas disciplinas. Aquí tres de los casos más inspiradores.
De izquierda a derecha, las investigadoras Karla Uribe Bravo, Rosario Guzmán Jiménez y Lizbeth León.
/ Universidad de Lima
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Uno de estos proyectos es liderado por Rosario Guzmán Jiménez, investigadora y coordinadora de la Oficina de Grados y Títulos de la Carrera de Ingeniería de Sistemas. Junto con un equipo de especialistas, desarrolló un estudio sobre el impacto del método ancestral Yupana Inka Tawa Pukllay (YITP) en el aprendizaje aritmético, abordado desde una perspectiva cognitiva, pedagógica y cultural. La investigación parte de la premisa de que el concepto de número surge de la interacción entre procesos psicológicos, conductuales y materiales, tal como ocurría en los sistemas numéricos andinos.
El estudio se realizó con estudiantes universitarios de primer ingreso de carreras de humanidades, no de ciencias exactas. Para analizar con mayor precisión el proceso de aprendizaje, el equipo incorporó tecnología de eye-tracking, un dispositivo no intrusivo que registra los movimientos oculares como manifestación directa del funcionamiento cerebral. “Los resultados mostraron que, en apenas tres semanas, los estudiantes que inicialmente miraban el tablero de forma dispersa y confusa mejoraron la identificación de patrones relevantes y adoptaron estrategias visuoespaciales más eficientes, evidenciando una menor carga cognitiva y una activación más integral del cerebro”, explicó Guzmán.
A partir de estos hallazgos, el equipo investigador ha iniciado conversaciones con neurólogos para explorar posibles aplicaciones del método en personas sometidas a tratamientos como la radioterapia, que afectan las neuronas, ya que el YITP podría contribuir a la generación de nuevas sinapsis. Para la investigadora, el camino en la ciencia no ha sido sencillo: “Hoy hay más oportunidades para mujeres, pero todavía somos pocas. En el Perú, falta trabajar el empoderamiento de niñas que quieren dedicarse a la investigación, pero no se atreven”.
Desde la Facultad de Psicología, Karla Uribe Bravo, investigadora y jefa de práctica, colaboró en un estudio que analizó la relación entre el uso de redes sociales y la participación en acciones colectivas frente al cambio climático. La investigación, realizada con 650 estudiantes universitarios de Lima Metropolitana, buscó responder si el activismo digital se traduce en comportamientos ambientales concretos o si se queda en el plano virtual.
Los resultados mostraron que las redes sociales, por sí solas, no garantizan acciones sostenidas en el mundo real. Cuando el cambio climático se percibe como lejano o poco probable, la motivación para actuar disminuye. En cambio, cuando el problema se percibe como cercano y urgente, se fortalece la identificación con la causa ambiental y la disposición a participar en acciones colectivas. En un país altamente vulnerable al cambio climático como el Perú, Uribe advierte que presentar este fenómeno como un problema distante limita la participación ciudadana. “Investigar no tiene género. Lo que se necesita es curiosidad y aprovechar las oportunidades, que muchas veces son pocas”, señala.
Desde la ingeniería y la innovación tecnológica, Lizbet León, docente de la Carrera de Ingeniería Industrial, lidera un proyecto que desarrolla hidrogeles magnéticos para aplicaciones biomédicas a partir de residuos textiles de algodón. Mediante procesos fisicoquímicos, el equipo extrae la celulosa del algodón y la transforma en hidrogeles a los que se incorporan nanopartículas magnéticas, como la magnetita.
“Estos hidrogeles podrían funcionar de manera similar a parches biomédicos, ya que su estructura permite absorber fluidos y liberarlos de forma controlada mediante estímulos externos, lo que abre posibilidades futuras para sistemas de liberación controlada de fármacos”, explica León. El proyecto busca valorizar residuos textiles y convertirlos en materiales de alto valor agregado para la salud, de modo que integre sostenibilidad, nanotecnología e innovación biomédica.
La investigadora destaca el crecimiento de la participación femenina en la ciencia y deja un mensaje a las nuevas generaciones: “No tener miedo a intentarlo. Postular a becas y proyectos es siempre el primer paso para avanzar en investigación”.




