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Entre los años cuarenta y cincuenta, Blanca Varela halló su lugar en un territorio dominado por hombres, como lo era la poesía en el Perú. Y lo hizo sin pedir permiso. Al escribir, no buscaba encajar, sino “una manera de ser, de estar en el mundo”, según dijo en una entrevista de 1994. En el Día del Poeta Peruano –que se celebra cada 15 de abril– conviene traer a la memoria a la poeta que decía de la puesta del sol: “adonde lanza el mar su blanco dardo” (del poemario “Ese puerto existe”), y cabe revivirla a través de la mirada de Daniella Paredes, autora del libro “Ponte un alma si la encuentras”.
Entre los años cuarenta y cincuenta, Blanca Varela halló su lugar en un territorio dominado por hombres, como lo era la poesía en el Perú. Y lo hizo sin pedir permiso. Al escribir, no buscaba encajar, sino “una manera de ser, de estar en el mundo”, según dijo en una entrevista de 1994. En el Día del Poeta Peruano –que se celebra cada 15 de abril– conviene traer a la memoria a la poeta que decía de la puesta del sol: “adonde lanza el mar su blanco dardo” (del poemario “Ese puerto existe”), y cabe revivirla a través de la mirada de Daniella Paredes, autora del libro “Ponte un alma si la encuentras”.
Se trata de la primera publicación de Paredes, periodista de 25 años, a quien la poesía de Blanca Varela hizo cuestionar cada parte de su vida. Inspirada por una crónica sobre Jorge Luis Borges escrita por Fernando Ampuero, Paredes se animó a indagar hasta en el más mínimo detalle de la vida y obra de Varela. Sumó más de 20 horas de entrevistas conversando con personas cercanas a la poeta peruana, como su hijo Vicente de Szyszlo, o sus amigas y también poetas Carmen Ollé, Giovanna Pollarolo, Tatiana Berger, Rocío Silva-Santisteban, entre otras figuras.

«Ponte un alma si la encuentras» se publicó por la Editorial UPC (Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas). (Foto: Archivo El Comercio/Mario Zapata/Archivo personal Blanca Varela)
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El resultado es la reconstrucción de los mejores y peores días de Varela desde su cotidianidad: ver fútbol con sus hijos, salir con sus amigas o ver noticieros los domingos con una pizza en la mano. Por otro lado, la autora acepta que la biografía de su admirada Blanca tampoco era un cuento de hadas. “Ella no era una poeta metódica, que escribía por horarios. Más bien, era de chispazos de poesía”, asegura.
Blanca Varela y el artista peruano Fernando de Szyszlo se casaron en 1949, tuvieron dos hijos, pero eventualmente ese matrimonio llegó a su final. (Foto: RICHARD HIRANO / EL COMERCIO)
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Paredes cuenta también, desde la perspectiva de sus fuentes, cómo fue el matrimonio y separación de Varela con Fernando de Szyszlo, su vínculo con el poeta Sebastián Salazar Bondy desde jóvenes, entre otros pasajes de su vida que se cruzan con espacios para recordar algunos de sus mejores versos.
Daniella Paredes escribió «Ponte un alma si la encuentras», biografía de la poeta peruana Blanca Varela. (Foto: Archivo El Comercio/Mario Zapata/Archivo personal Blanca Varela)
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“Casarse muy joven, viajar a París sola, vivir en un entorno de poetas durante la posguerra en Europa, donde no había dinero para desayunar, debe haber sido complicado. Sumado a eso, el fallecimiento de su hijo menor en un accidente aéreo fue algo que la afectó muchísimo”, explica Paredes.
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La obra de Varela se convirtió también en una puerta para nuevos temas en la poesía peruana, como el sexo y el cuerpo. Pero su tránsito no estuvo exento de tensiones. Su poesía fue leída, a veces, como “oscura”, en contraste con una poesía social más explícita de la época. Varela misma rechazó ello: “Para mí no existe la poesía de hombres o de mujeres. Existe la buena y la mala poesía”, sentenció en una entrevista.
Hoy su legado se extiende a nuevas generaciones. Grupos de poetas recitan en bares de Lima sus propios versos, a veces en canciones y otras entre lágrimas, mientras que profesores universitarios se sorprenden de que los jóvenes puedan admirar al mismo tiempo la música de Bad Bunny y un buen poemario.
“Hoy la poesía es mucho más experimental”, asegura Paredes, quien escribe sus propios versos como “una sensación sana de vivir”. “Los jóvenes hoy estamos más pendientes de la salud mental, cómo nos afectan las políticas, qué está pasando en nuestros vínculos con el machismo o feminismo, etc. Pero siempre el verso está presente”.




